El reconocido actor, director y escritor, Norman Briski, dialogó con Jorge Thierbach y Gabriel Fernández en Patria Grande Latinoamericana. Su obra, nuestra historia, el mundo y la nación, su defensa del pueblo palestino.
Jorge Thierbach: ¿cuántos lazos hay entre vos y la Federación Gráfica y con la cooperativa Patricios Radiográfica. Para comenzar no puedo dejar de mencionar tu solidaridad en los momentos más duros de lo que luego se convirtió en la Cooperativa Gráfica Patricios. Vos ahí, en esos festivales junto a Soledad Silveira y a tantos artistas que se acercaron. Luego la obra Maquinando que vos elaboraste en base a esa experiencia tan enriquecedora.
Norman Briski: Te agradezco el reconocimiento porque fueron experiencias alegres, no fueron experiencias solamente de resistir a la policía y resistir a todos los que amagaron sacar a la cooperativa de su propiedad, porque las cosas deberían ser de quien las trabaja, ¿no? (Raimundo) Ongaro nos enseñó eso hace muchos años y nosotros siempre tenemos la intención de volver a esas cosas que son fundamentales para la dignidad del trabajador y para que sientan que estamos registrando la mejor de sus historias. Era un hecho heróico de los trabajadores gráficos con su tradición. Ahí estrenó el Grupo Octubre en los gráficos en la época de Rodolfo Walsh.
Estábamos todos entusiasmados en hacer una sociedad y hoy tenemos una especie de fascismo entregado que no se puede creer que esté viviendo uno estos hechos tan repelentes. Pero bueno, en la historia todo esto quedará muy chiquito.
¿Qué nos pasó? ¿Qué lectura hacés como para llegar a una situación donde hay una parte de la población que escogió un gobierno de esta naturaleza?
Bueno, se llama la complicidad civil. Y cómo favorecimos nosotros que la complicidad civil tendiera a un consumo desalentador de buscar que los pibes, las chicas tengan un alimento social mucho más nutritivo que esto que está pasando. Errores. Siempre la autocrítica está bien evaluarla, pero también es un hecho internacional de los intereses del imperialismo norteamericano que hace que se distorsione en las sociedades la posibilidad de la igualdad porque les hace daño. Se está viendo en estos días, porque así como la Argentina se vuelve una sucursal de lo que significa hoy el atropello a Palestina, al Líbano. a todo lo que está en el entorno de Israel y está también jugándose a la decadencia del imperio que no deja de ser altanero frente a la fuerza del pueblo iraní que resiste casi inesperadamente, como fue inesperada la llegada de la derecha en la Argentina.
Jorge Thierbach: En ese tejido social dañado, yo pienso que sí, a partir del conocimiento que tenemos todos los que te escuchamos y vemos las obras y vemos toda tu tarea artística en todos los ramos, que siempre hay una visión esperanzadora, ¿pero ves posibilidades de reconstruir ese tejido social tan importante, digamos, para afianzar una unidad, como bien decís vos muchas veces, para enfrentar a este tipo de gobierno?
Bueno, está claro que los errores del campo popular en término de sus representantes, que habría que ver qué legitimidad tienen. Porque hay que revisar todo lo que significó un peronismo que nace con un coraje y una valentía en contra de la patronal. La frase “combatiendo al capital” quedó en un estante y todos esos factores que hicieron que se tentara con economías del mercado, y que el mercado incitado por el entusiasmo del consumo volviera en contra de sus propios valores, Es muy fácil dejarse comprar con la tentación del confort, la comodidad y todo lo que significa querer estar en el palacio y no con la gente.
Gabriel Fernández: En Piedra Libre (su última obra de teatro) abriste tu corazón y tu vida. Estás mostrando una trayectoria. Recién mencionabas a Ongaro. Bueno, hay una historia de vida allí.
Pero sin duda. Todo lo que yo me vinculé en la militancia, en el exilio con el pueblo palestino, ha sido siempre tan… la palabra es poético, porque ese pueblo es único y nos está diciendo todos los días que el que no lucha por la dignidad entra en la vergüenza. Por eso no es un homenaje, es una obligación. Entonces aparece una distorsión que está basada en las campañas para ganar elecciones y no para ganar dignidad ni ganar mayorías que estén pensando en el entusiasmo de tener un país independiente que tiene capacidades enormes para poder autogestionar una economía propia. Todo eso hace que estemos en esta conversación y en muchas charlas que se están dando que podrían o no originar una alternativa que entusiasme, porque todo lo que aparece tampoco da la impresión de que hay alguien que yo diga “uy, vamos con esta bandera, con estos símbolos, con estos vamos a poder volver a gobernar, a estar en el poder para trabajar para las mayorías que inspiran”.
Gabriel Fernández: Sí, esa sensación que compartimos muchos de orfandad.
Y la orfandad tiene su potencia. Yo conozco tantos buenos escritores huérfanos, digamos. La potencia está en la carencia, o sea, lo que no tenemos nos tiene que hacer fuertes, porque si no torcemos el brazo para acompañar un modelo que va a destruir los afectos y va a destruir las formas amorosas que supimos conseguir.
Jorge Thierbach: Estaba leyendo, Norman, y me parece muy interesante cuando vos desarrollás en algunos trazos Piedra Libre, decís: “No, no es un relato, sino es la vida de un hombre palestino en un socavón planteando cómo es su vida”.
Sí. Me parece que el teatro tiene que entrar en lo que no conocemos de la historia, porque si no aparecemos como que nos inspiramos en los panfletos y nos inspiramos en el humanismo que está en esos cuerpos y que tienen enormes contradicciones, como las van a tener con los duelos que están en sus espaldas, con las cosas perdidas que le están dando una vigilancia para que sepan que no se van a rendir. Inclusive, pase lo que pase, el pueblo palestino ya ganó muchos territorios y esos territorios están en los que nosotros sentimos en universidades, de los estudiantes de todos lados, que son las internas que no puede aguantar Trump porque se le está viniendo su propia sociedad encima, sabiendo que están matando a sus soldados, que en general son de origen latino o los negros, que son los primeros perjudicados de una guerra que elimina, como hizo Colón, de traer a los presos para entregarlos a la conquista.

¿Sos consciente del impacto que causaste cuando dijiste Gaza en la entrega de premios?
Respuesta: No, no soy consciente. Dije: “Uy, ¿qué pasa?”. No me propongo una manipulación del discurso dramático. No, no, no. Yo dije lo que me parecía, que la ficción está en la casa de gobierno. Dije las cosas que me parecen. Y lo sentí con una cierta humildad y con la potencia que significa aprovechar un premio que uno sabe cómo se manipulan, que está totalmente el sionismo detrás de todos esos muñecos. Entonces, esta valentía que me prestaron muchos compañeros que ya no están… no tenía la menor idea de que se iban a armar esas caras, esas caras que se convirtieron en culos en segundos. Así que soy medio inocente en ese sentido, como tiene que ser la potencia.
Gabriel: Autenticidad. Eso es autenticidad. Y esa inocencia es autenticidad.
No me propongo la autenticidad ni me propongo por ser actor tener la potencia de decir algunas cosas sentidas.
Jorge Thierbach: Está en paralelo no solo Piedra Libre, sino Hidra, ¿no? Ahí también atraviesa tu vastísima vida en todos los sentidos.
Hidra es una sutileza que nunca se reconoce, que es el valor de la retaguardia. El valor de que cuando rajamos de algún lado alguien nos abrió la puerta; que cuando tuvimos un dolor en el cuerpo, alguien auxilió nuestro dolor y trató de seguirnos cuidando. En ese sentido, yo fui parte de esa retaguardia, entonces me reconozco en esa obra como el que está al lado del héroe, porque el héroe sin el de al lado no existe. No existe ni Marx ni Fidel Castro sin un pueblo. Es un pueblo que te está diciendo “dale”. Y los actores tenemos un poco esa característica, que nos debemos a los que nos aplauden, porque sin ese aplauso no existimos. La retaguardia… me parece esta radio y muchos compañeros que estuvimos cuidando lo que otros se atrevieron. Eso se necesita hoy más que nadie, más que nunca: la posibilidad de que alguien, como los jubilados, como la gente de Fate, pone el pecho.
Jorge Thierbach: Y específicamente en el área artística, ¿te sentís acompañado por hombres y mujeres que también tienen esa posición?
Yo no espero eso. Vas a perder el tiempo porque… capaz que hay muchos que empatizan con cómo sos y la manera en que te expresás, pero no cuento con nada. Pero sí sigo pensando y sigo diciendo que una alternativa en la Argentina es socialista, que se piense en una economía para todos, que se sienta que podemos vivir en un país lleno de alimento, que tiene capacidades para poder manejar una industria para la gente. Y acá están realmente enfermos en el sentido de qué concepción tienen de lo que significa hoy la nación argentina o la República Argentina de lo que puede o no puede. Hay una distorsión enferma de que la única manera de sostener una economía son los servicios, que la única economía es tener un buen manejo de las finanzas. Nadie habla de producción y se pierde el orgullo del trabajador. Se ha perdido el honor de ser trabajador, el honor de ir a la fábrica, el honor de construir un país a partir del trabajo que hacemos para mi propia comunidad.
Gabriel Fernández: Y los pibes, Norman Briski, siempre has tenido un contacto con las nuevas generaciones y se habla mucho de las opciones juveniles en este periodo. ¿Cómo las percibís?
Y yo las percibo que se entretienen más con este caradura porque es muy gracioso al mismo tiempo que dañino como él solo puede serlo. Entonces es más entretenido que nosotros, que somos medio cejijuntos, demasiado serios, y nos faltan afectos alegres para esta lucha. Hay que hacer lo que hacíamos siempre, una fiesta que origine la charla, la conexión, el afecto, el baile, el canto. Eso se puso medio severo y eso viene de otro lado, viene de… bueno, no quisiera ser crítico con eso, de un pensamiento intelectual de la revolución que tiene su base, por supuesto, del pensamiento, pero el pensamiento lo tenés que tirar bailado, tenés que tirar la marcha que disfrute de estar con compañeros de encuentros. Eso me parece.
Jorge Thierbach: El otro día estaba con un compañero, estábamos en la marcha por, bueno, el presupuesto universitario, que también es otra de las barbaridades de este gobierno y me decía: “Qué bueno que estas miles y miles de compañeros y compañeras catalizaran en una construcción sólida, digamos”. Voy un poco a esto que decís vos para tener una esperanza en una construcción de organización con bases firmes. ¿Tenés de todos modos expectativas de que eso, más allá de conductas a veces bastante egoístas, individualistas, se va a dar en algún momento?
Yo voy a declarar que para mí la esperanza es una invención, digamos, ilusoria. A la experiencia hay que construirla. Si no, te ponés a laburar con los jóvenes que se entusiasmen con las cosas que les gustaría que pasen y que la calle es una fuente de fiesta para el estudiantado. Me acuerdo del estudiantado de las secundarias que salían a la calle con un discurso más radicalizado que los nuestros. El estudiantado aparentemente va a ser siempre el primer síntoma de que va a estar escribiendo en las paredes “basta”, ¿Pero cuándo va a pasar? Ahí tenés que tener un muy buen almanaque porque a los que adivinan no les creo una sola palabra. Acá es la lucha en la calle todos los días y ver cuándo contagia, y cuando la gente dice “acá hay más alegría que este engaño del cuento de ser norteamericano”.
Jorge Thierbach: Y me estoy acordando, Norman, leyendo uno de tus libros cuando decías: “No esperemos que vengan los trabajadores, vayamos nosotros a los lugares de trabajo a, bueno, justamente a partir de eso dramatizar y hacer una obra o, bueno, simplemente estar con ellos”.
Bueno, eso estamos haciendo. Hay un grupo que se llama Chadelita que sale a la calle y hace siempre un relevamiento de las cosas que pueden interesar a la gente que está viendo estos accidentales actos artísticos que son tan vitales y que siempre también pertenecen a los síntomas. Yo le llamo “los fosforitos”.
Jorge Thierbach. Para muchos que por ahí no lo tienen presente, bueno, muchos compañeros trabajaron en Maquinando, ¿no es cierto?, con actores de tu grupo. Y recuerdo que no solo en el Calibán—yo lo fui a ver al Calibán—sino que tuve oportunidad de verlo en cooperativas gráficas, en otros talleres.
Exacto, sí, ahí está. Ese pedazo de Piedra Libre quiere comunicar algo que es oscuro, más en la Argentina, que está negado y prohibido de ser solidario con un pueblo tan valiente, tan único. Esa fue la intención. Y la convocatoria es lo que ustedes proponen y me parece que es extremadamente solidario, con ningún otro interés que mostrar a una persona que nos inspiraron los propios palestinos al ver la obra.
Gabriel Fernández: Pude verte en El Encargado también hace poquito. Me hiciste reír muchísimo porque la irrupción en el momento del velorio, en el momento del entierro, es realmente desopilante.
Cuando me meto en el otro lugar, digamos, en la otra vereda, hay siempre un desafío de poder sostener una profesión que es tan linda y además subversiva en la medida de que este tío está hablando de lo que no se puede hablar, de lo que no se puede decir. Y eso siempre es un síntoma, vital. Entonces, la gente se ríe de sus propias prohibiciones, diría Freud. O sea, yo aprovecho esas cosas, no hago cualquier rol, hago los que me parece que están diciendo algo; que inclusive podés encontrarte con opositores de este caradurismo que pertenece a la forma de libertad. Y ahí se empieza una flor de puteada, y ahí la puteada la tiene el enemigo. Es interesante.
Jorge Thierbach Es interesante. Y pensaba, bueno, vos dijiste la palabra, ¿no? Uno de los tantos sinónimos que podemos decir que le corresponde al arte es libertad.
Gabriel Fernández: Como nos sacaron esa palabra…
Habría que reconocer que la libertad, “libertario”, es una palabra de los anarquistas y la han expropiado. Bueno, eso quiere decir que hay concesiones, que no se puede resistir a estas expropiaciones. Es libertad para afanar, libertad de guantes blancos. Esa es la que estamos teniendo.







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