La cartelera porteña recupera una de sus piezas más sensibles. Marita Ballesteros pasó por el programa Somos Mayoría para anunciar el inicio de la tercera temporada de “Lo que se pierde, se tiene para siempre”, la obra dirigida por Anahí Verneri que acaba de mudarse al Teatro Astros (Av. Corrientes 746), donde se presenta todos los jueves a las 20:00.
La pieza, que protagoniza junto a Sofía Gala Castiglione, Camila Alfonsín y Enrique Amido, es una adaptación poética de los cuentos de Alejandra Kamiya. La trama se sumerge en los hilos invisibles de los vínculos familiares: una hija que intenta unir los fragmentos de una vida dividida entre un padre ebanista y una madre que se pierde en el silencio. “La obra habla de los mandatos y del apego; de cómo, al final del camino, todos debemos entregar este cuerpo”, explicó la actriz.
El arte como un acto de servicio
Con 50 años de trayectoria en la pantalla y las tablas, Marita transita hoy una etapa de búsqueda espiritual y sencillez. Durante la entrevista en Radio Gráfica, destacó que su profesión es, ante todo, una entrega hacia el otro:
“Cuando sos profesional, tenés que dar lo mejor de vos porque es un servicio. Esa persona que pagó la entrada viaja con vos durante una hora y se emociona. Si le ponés el alma, ayudás a sanar”.
Para la actriz, la clave no reside en las grandes gestas, sino en la calidad de los vínculos cotidianos y la capacidad de escucha. “No espero el recuerdo ni tengo expectativas sobre cuando deje este plano; me importan mis actos en el presente, poder pedir perdón si contesto mal y ser compasiva con mis compañeros”, confesó.
Caminar con la mochila liviana
A sus 75 años, Ballesteros asegura que los dolores de la vida la han vuelto más desapegada. “Voy con la mochila cada vez más vacía. Seas rey o barrendero, esta forma terrenal es pasajera. Creo en la trascendencia del alma, pero este cuerpo no vuelve más”, reflexionó con serenidad.
Frente a un mundo cargado de “ruido” e información constante, la primera actriz elige preservar su eje para poder colaborar desde el corazón: “Si estás mal todo el día, no podés ayudar a nadie. Los actos son los verdaderamente sanadores; una palabra puede ayudar, pero lo que nos define es lo que hacemos por el prójimo”.





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