Por Nehuén Gusmerotti*
Corría el año 1995 cuando Malón lanzó al mundo su primer disco. Con el desafío de estar a la altura de lo que tres de sus integrantes habían hecho en Hermética por años, en pleno auge de espejismo menemista, nació Espíritu Combativo. Cargado de rabia, con un retrato de época descarnado y un sonido bien trashero, el cuarteto interpretaba el contexto propio y nacional. Los riffs inigualables del Tano Romano, la voz inconfundible de O’Connor, diez canciones repartidas en poco menos de 40 minutos se insertaron en las venas del pueblo metalero. Ayer esas canciones celebraron 30 años de existencia en un Teatro de Flores colmado de distintas generaciones de público pesado.
Los alrededores del Rivadavia 7600 ya estaban infestados de hordas metaleras horas antes del show. Birras en la esquina, remeras, tachas y posters, camperas con parches y el malón mestizo preparado para una noche de nostalgia. Pasadas las 21:00, sin cotillón ni esas guirnaldas en exceso que usan hoy las bandas, Malón salió a las tablas entonando las estrofas de “Espíritu Combativo”. Única variación en el orden original del disco, que luego siguió con el que abre el álbum, “Por la negrada cansada y hambrienta que rodea la ciudad” bramaba O’Connor con su falsete intacto y el pogo desenfrenado en el centro del teatro al sonido de “Malón Mestizo” (¿Cómo es eso de que el público no agita?).
Con un sonido impecable y un O’Connor de pocas palabras Malón fue desandando todo su primer disco durante poco menos de una hora. La salvedad fue la previa de “Cancha de Lodo”, ese mantra adaptado de Marcelo Berbel que el propio Claudio dedicó “A todos los trabajadores”, antes de repasar esos versos durísimos (“Cada quincena que pasa/ se me viene abajo un sueño/ el patrón no me sujeta/ más siempre le estoy debiendo”.). Siguieron letras que tristemente manejan una actualidad espantosa. “Mendigos”, que podría retratar la situación de nuestros jubilados cada miércoles frente al Congreso (“Rol de mendigador/ resignado al suicidio/ la consigna oficial/ que acompaña sus marchas”). La primera etapa cerró con la dedicada a Iorio, “La fábula del Avestruz y el Jabalí”, que si bien fue agitada tuvo como respuesta algunos “Ricardo es lo más grande del heavy nacional”.

Tras casi una hora encarnando esos himnos del primer disco, Malón saltó en el tiempo y empezó la segunda etapa del recital con uno de los sencillos de su último disco, “Cielo Rojo”. Durante casi una hora más el cuarteto integrado por O’Connor, Romano, Rubio y Cuadrado repasó canciones del resto de su discografía. El más relegado por el poco enganche que logró con el público fue Nuevo Orden Mundial, que solo aportó “El Infierno de Ayer” en la previa de los bises. Clásicos como “Nido de Almas”, “El Gran Pozo Criollo” o “Bajo el Dominio Danzante”. Luego de este último y el canto a coro de “Despierta, no duermas patria mía” despegó del malón de gente el ya frecuente “El que no salta votó a Milei”. La banda sonaba como un reloj, uno pesadísimo, pero ajustado en el claro andar de Rubio (que también de despachó con un gran solo de batería antes de “Ancho Falso”) y con los precisos y demoledores riffs de Antonio Romano. El cotillón se lo dejan al pop, acá suena metal, suena fuerte, suena claro, y no es necesario nada más.
El último estertor del show tuvo “Grito de Pilagá” e “Hipotecado” como bises. Casi dos horas a palo, con apenas un respiro en la instrumental “30.000 Plegarias”. Los versos de “Hipotecado” escupen una crítica descarnada al sentimiento social de la plaga libertaria, “Estás perdido, hoy ya sos uno más, individuo vanidoso que procura salvarse”.
Cuando lo que quedaba era la foto final con la banda y Flores ponía a sonar “Highway to Hell” para despedirnos, el agite contagió a los músicos y dejó como última postal a la banda agitando el clásico de ACDC desde el escenario con el malón mestizo saltando en el medio. En tiempos de tristeza colectiva, el metalero no afloja. Aguantan más, porque son menos, cantó Ricardo alguna vez. Como alguna vez, allá por mediados de los 90´ cuando Malón paría estas canciones, en el metal se encuentra parte de la rabia popular que puede dar vuelta la taba. Escuchar esas canciones, 30 años después, fue una carga de baterías para que quizás, en no mucho tiempo, las remeras del metal pesado vuelvan a copar las calles junto al pueblo. Como cantan esas canciones, espíritu combativo es el que hará justicia.

(*) Conductor de Resistiendo con Ideas (Lunes a viernes de 20 a 21 horas)








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