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Hagler, Leonard, Hearns y Durán: los cuatro fantásticos del boxeo de los 80s

Cuatro genios que acapararon la categoría de los Medianos y la atención del público en los 80s. Cada uno con su estilo generaron una era dorada del boxeo mundial.

19 enero, 2026
en Deportes
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Hagler, Leonard, Hearns y Durán: los cuatro fantásticos del boxeo de los 80s

Por Carlos Aira

Fueron cuatro, fueron magníficos y, sobre todo, fueron distintos. Fue precisamente en sus contrastes donde el público encontró la libertad de elegir un nombre y un estilo. Aunque surgieron en categorías diferentes, estos cuatro titanes terminaron convergiendo en la cúspide de los Pesos Medianos, devolviéndole el brillo a una división que parecía haber quedado en penumbras tras la era de Carlos Monzón.

Aquellos 72.500 kg que el santafesino dominó con puño de hierro entre 1970 y 1976, quedaron vacantes tras su retiro, dejando un trono vacío que solo una generación excepcional podría reclamar. No era una tarea sencilla: se trataba de la misma categoría donde, décadas atrás, Jack La Motta y Sugar Ray Robinson habían forjado su leyenda.

Sin embargo, el destino tenía preparada una época dorada. Con un vigor renovado y una rivalidad que rozaba lo cinematográfico, aparecieron ellos para reclamar la historia: Marvin Hagler, Roberto Durán, Thomas Hearns y Sugar Ray Leonard. Cuatro nombres que no solo ocuparon el lugar de Monzón, sino que expandieron los límites del boxeo hasta convertirlo en un mito viviente.

MARVELOUS

De este legendario póker de ases, Marvin Hagler era el único peso mediano natural. Con una estatura de 1.76 y una fortaleza física forjada en el límite —famosa por sus entrenamientos extremos, como correr kilómetros de espaldas para fortalecer sus piernas—, Hagler era un enigma técnico. Su guardia resultaba desconcertante: siendo zurdo, utilizaba su mano de poder como un jab incesante y demoledor que dictaba el ritmo de la batalla.

Su camino hacia la gloria fue una carrera de resistencia. Debutó en 1973 y protegió su invicto durante veinticinco combates, pero el reconocimiento mundial se hizo esperar. Su primera gran oportunidad llegó el 30 de noviembre de 1979 en Montecarlo, en un amargo empate frente al italiano Vito Antuofermo que solo sirvió para postergar lo inevitable.

La justicia deportiva llegó finalmente el 27 de septiembre de 1980. En el mítico estadio de Wembley, Hagler destronó al inglés Alan Minter, arrebatándole los títulos unificados de la AMB y el CMB. Aquella victoria no solo fue un triunfo personal; fue el sello definitivo que dio inicio a una era de dominio absoluto: la década de “Marvelous” Marvin Hagler.

MANOS DE PIEDRA

Roberto Durán era el veterano del grupo, un guerrero que cargaba con dos identidades: para su Panamá natal era El Cholo de Chorrillo; para el resto del mundo, era simplemente Manos de Piedra, un sobrenombre ganado a pulso gracias a su estilo salvaje, frontal y demoledor. Durán forjó su leyenda en el peso ligero, división que dominó con puño de hierro defendiendo el cetro en doce ocasiones hasta quedarse, literalmente, sin rivales que pudieran hacerle sombra.

Ante la falta de desafíos, subió a la categoría welter para encontrarse con su némesis: Sugar Ray Leonard. Aquel cruce daría origen a uno de los clásicos más vibrantes de la historia del boxeo. El primer capítulo se escribió en Montreal, el 20 de junio de 1980, donde Durán dictó una cátedra de agresividad y se llevó una histórica victoria por decisión unánime. Sin embargo, la gloria se tornó en desconcierto apenas unos meses después. El 25 de noviembre de 1980, en la revancha de Nueva Orleans, el mundo fue testigo de un desenlace inexplicable: en medio del combate, Durán decidió abandonar con un lacónico No más. Aquella renuncia marcó un punto de inflexión en su carrera; su redención y su verdadera cita con la historia en los Pesos Medianos aún estaban por llegar.

SUGAR RAY

Por su parte, Sugar Ray Leonard se erigía como el estratega más brillante y técnico del cuarteto. Su trayectoria fue impecable desde sus cimientos: un registro amateur de 145 victorias y apenas 5 derrotas —con 75 nocauts en su haber— que le permitió esculpir un récord envidiable. Antes de dar el salto al profesionalismo, Leonard ya era una estrella, habiendo conquistado el campeonato nacional de los Guantes de Oro en 1973 y 1974, y alcanzando la gloria máxima con la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976.

Esa misma ciudad, que lo vio coronarse como olímpico, fue el escenario de su caída inicial ante Durán, pero también el prólogo de su redención. La victoria en la revancha de Nueva Orleans no solo le devolvió el título Wélter del CMB, sino que lo consolidó como el rostro mediático y el gran referente pugilístico de la década de los 80. Leonard no solo peleaba; coreografiaba victorias que mezclaban una velocidad de manos cegadora con una inteligencia táctica superior. Sin embargo, en la cúspide de su carrera, el destino le propinó un golpe inesperado fuera del foco público. En 1982, mientras se preparaba para defender su corona ante Roger Stafford, una sombra comenzó a nublar su visión: un desprendimiento de retina —lesión crítica para cualquier púgil— lo obligó a pasar por el quirófano y anunciar un retiro prematuro que conmocionó al mundo.

Sugar Ray intentó desafiar a la medicina y regresó al cuadrilátero en mayo de 1984 frente a Kevin Howard. Aunque logró la victoria, el combate dejó cicatrices: por primera vez en su carrera, Leonard visitó la lona tras un golpe que, sumado a las complicaciones en su visión durante la pelea, le hizo comprender que su invulnerabilidad se había quebrado.

HITMAN

El cuarteto se completaba con una figura imponente y letal: Thomas Hearns. Conocido como La Cobra de Detroit o The Hitman. Hearns desafiaba la lógica de su peso; con una estatura de 1.86 metros, poseía un alcance y una potencia que parecían pertenecer a una categoría muy superior. Su ascenso fue meteórico y el 2 de agosto de 1980 dejó al mundo atónito al arrebatarle el título mundial de la AMB al mexicano José “Pipino” Cuevas, con un nocaut fulminante que aún se recuerda como uno de los más devastadores del boxeo.

Tras defender su corona con éxito en tres ocasiones, el destino lo puso frente a Sugar Ray Leonard el 16 de septiembre de 1981, en una batalla por la supremacía del peso wélter. Aquella noche se escribió una de las páginas más emocionantes de la historia del deporte. Hearns, fiel a su estilo agresivo, tomó el control desde el inicio, castigando a Leonard y provocándole un corte en el segundo asalto que presagiaba un final temprano. Durante el primer tercio de la contienda, la “Cobra” dictó el ritmo con su derecha de fuego y su jab de largo alcance.

Sin embargo, a partir del sexto asalto, la pelea dio un giro dramático. Leonard, haciendo gala de una resistencia heroica, comenzó a remontar terreno hasta que en el decimotercer round logró derribar a un Hearns visiblemente lastimado. El desenlace llegó en el decimocuarto: una ofensiva sostenida y feroz de Leonard obligó a la detención del combate. Fue un final que dejó un sabor agridulce, pues Hearns lideraba cómodamente las tarjetas de los jueces hasta ese instante. Con esa victoria, Leonard unificó los títulos, pero Hearns demostró que su pegada y su valentía lo hacían un rival temible en cualquier división. Su camino, inevitablemente, volvería a cruzarse con los otros tres reyes en la escala hacia los Medianos.

1983: HAGLER VS. DURÁN

Desde su victoria sobre Alan Minter en septiembre de 1980, Marvin Hagler se había erigido como el soberano indiscutible de los Medianos, ostentando las coronas de la AMB y el CMB. Su dominio se tornó absoluto tras vencer a Wilford Scypion, conquista que le otorgó el cinturón de la naciente FIB y lo convirtió en el dueño de la triple corona de las 160 libras. Sin embargo, su prueba de fuego no vendría de un mediano natural, sino de la leyenda panameña que se atrevía a desafiar la lógica de las categorías.

Con 32 años y el título Superwélter en su poder, Roberto Durán decidió subir de peso para asaltar el trono de Hagler. La cita tuvo lugar el 10 de noviembre de 1983 en el Caesars Palace de Las Vegas. Lo que siguió fue un combate antológico de quince asaltos donde la estrategia y la resistencia se llevaron al límite. Durán, lejos de verse superado físicamente, demostró una vigencia asombrosa y una maestría técnica que mantuvo la pelea en un filo de navaja durante casi una hora de acción.

El desenlace fue tan ajustado como emocionante. Hagler logró retener sus coronas por un margen mínimo en las tarjetas (144-142, 146-145 y 144-143), cimentando su victoria en los últimos tres asaltos. En ese cierre frenético, Marvelous exhibió un coraje que muchos especialistas habían puesto en duda, demostrando que su corazón era tan sólido como su técnica. Al sonar la campana final, el boxeo celebró a ambos: a un Hagler que sobrevivía a su mayor desafío y a un Durán que, a sus 32 años, confirmaba al mundo que su leyenda seguía más viva que nunca.

1985: HAGLER VS. HEARNS

Tras su ajustada victoria sobre Durán, Marvin Hagler enfrentó una de las noches más dramáticas de su carrera el 30 de marzo de 1984. Su rival fue el cordobés Juan Domingo “Martillo” Roldán, quien sacudió al mundo al derribar al campeón en el primer asalto. Sin embargo, lo que parecía una hazaña argentina se desvaneció entre la polémica: un golpe de Hagler en el ojo de Roldán dejó al retador en inferioridad física, permitiendo que el monarca retomara el control y sellara la victoria por nocaut técnico en el décimo round.

Mientras tanto, Thomas Hearns seguía reclamando su lugar en la historia. El 15 de junio de 1984, defendió su corona Superwélter ante un Roberto Durán que llegaba con el prestigio intacto tras su batalla con Hagler. Pero esa noche, La Cobra de Detroit no tuvo piedad: con un derechazo antológico derribó a Durán en el segundo round, logrando lo que nadie había hecho antes: noquear en frío a Manos de Piedra.

Este resultado dejó al boxeo con una sola obsesión: el choque entre Hagler y Hearns. Tras una defensa de trámite ante el kuwaití Mustafá Hamsho, el escenario quedó finalmente listo para el 15 de abril de 1985. Promocionada simplemente como “The Fight” (La Pelea), la colisión en el Caesars Palace superó cualquier expectativa. En apenas tres asaltos de una violencia inaudita, ambos gladiadores se entregaron a un intercambio suicida que terminó con un brutal nocaut de Hagler sobre Hearns. Aquellos ocho minutos de combate fueron suficientes para ser bautizados por la posteridad como la mayor guerra de la historia del pugilismo.

1987: HAGLER VS. LEONARD

Tras su victoria sobre Hearns, Marvin Hagler parecía un monarca inalcanzable, un titán que no conocía rival capaz de destronarlo. Sin embargo, a finales de 1986, el mundo del deporte recibió una noticia que desafiaba toda lógica: Sugar Ray Leonard anunciaba su regreso. Tras años de inactividad y una peligrosa lesión de retina que parecía haber sellado su retiro definitivo, pocos creían que pudiera volver al nivel de élite.

La sorpresa se transformó en expectación absoluta cuando, en los primeros días de 1987, se oficializó el desafío: Hagler defendería su cetro del CMB ante el ex campeón olímpico. El reto era mayúsculo: Leonard, un wélter natural, subía a las 160 libras para enfrentar al martillo constante de un Hagler que defendía su corona por decimotercera vez. Los especialistas se hacían una sola pregunta: ¿podría Sugar Ray mantener su mítica velocidad tras tres años de inactividad y diez kilos de diferencia en su estructura?

El 6 de abril de 1987, el Caesars Palace se convirtió en el epicentro del universo boxístico. Lo que siguió fue una partida de ajedrez físico, un combate fantástico y profundamente táctico. Leonard apostó por el movimiento constante y ráfagas de golpes que deslumbraban a la vista, mientras Hagler buscaba la presión demoledora que lo caracterizaba.

Al sonar la campana final, la atmósfera era de pura tensión. En una decisión que hasta hoy divide a los historiadores, el jurado falló a favor de la inteligencia y el carisma de Leonard. Con tarjetas de 115-113, 113-115 y un insólito 110-118, Sugar Ray Leonard consumó la hazaña y se consagró campeón mundial. La conmoción fue total: Sugar Ray había regresado de las sombras para arrebatarle el trono al rey de los Medianos, cerrando así uno de los capítulos más brillantes y discutidos en la historia del boxeo.

1989: LEONARD-HEARNS Y EL TERCER COMBATE CON DURAN

La derrota ante Leonard marcó el fin de una era: Marvin Hagler decidió colgar los guantes para siempre, dejando a Sugar Ray como la máxima estrella del boxeo junto a Mike Tyson. Sin embargo, la historia de los Fantásticos aún tenía páginas por escribir. Tras vencer al canadiense Donny Lalonde, el mundo exigió el reencuentro entre Leonard y Thomas Hearns. La Cobra de Detroit venía de capturar el cetro vacante del CMB tras una batalla salvaje ante Martillo Roldán, aunque poco después sufrió un inesperado traspié al caer noqueado ante el entonces desconocido Iran Barkley.

Aquel resultado alteró los planes. Un enfrentamiento entre Leonard y Barkley carecía del misticismo necesario, por lo que la solución fue pactar una unificación en la nueva categoría de los Supermedianos entre los viejos conocidos: Sugar Ray y Thomas Hearns. El 12 de junio de 1989, el Caesars Palace fue testigo de un combate intenso donde la maestría técnica de ambos brilló bajo la sombra inevitable del paso de los años. Tras doce asaltos de entrega absoluta, los jueces dictaminaron un empate que, de alguna manera, honraba la paridad histórica entre ambos.

Mientras tanto, Roberto Durán protagonizaba el milagro más improbable. Con 37 años y cuando muchos lo daban por acabado, El Cholo derrotó a Iran Barkley para consagrarse nuevamente campeón mundial mediano del CMB. Este renacimiento preparó el escenario para el cierre de la trilogía: Leonard vs. Durán III. El 12 de diciembre de 1989, los dos guerreros se midieron por última vez. Aunque el combate fue apenas una sombra de las batallas eléctricas de una década atrás, el público premió su vigencia con una ovación cerrada. Sugar Ray se llevó la victoria por puntos, pero el verdadero triunfo fue el aplauso final de un estadio que sabía que estaba despidiendo a la generación más brillante que el ring hubiera conocido jamás.

SE IBAN LOS 80S

Con el sonar de la última campana de 1989, se cerró también el telón de una de las puestas en escena más fascinantes de la historia del boxeo

La fuerza de Marvin Hagler, la garra de Roberto Durán, la eléctrica potencia de Thomas Hearns y la brillantez escénica de Sugar Ray Leonard crearon una década brillante para el boxeo mundial. En una época donde los mejores no siempre se enfrentan a los mejores, su legado brilla con una luz especial: la de una generación que no buscó el camino más fácil, sino el más glorioso.

Aquellos 72.500 kg que Carlos Monzón custodió con frialdad, fueron transformados por estos cuatro titanes en un campo de batalla épico que devolvió al boxeo su status de arte.

Por esa razón, los cuatro fantásticos han entrado en la memoria colectiva de los fanáticos del boxeo.

Tags: BoxeoCarlos AiraMarvin HaglerPeso medianoRoberto DuránSugar Ray LeonardThomas Hearns
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