Por María Laura Morales*
En diálogo con Radio Gráfica, Marcela Cortiellas, directora nacional de Articulación de Políticas Integrales de Igualdad del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación, contó que hace mucho tiempo algunas mujeres y personas menstruantes alertan sobre la importancia y necesidad de visibilizar las brechas de desigualdad que genera, y se refirió a la línea de política pública de gestión menstrual.
“Menstruamos todos los meses, todavía es un tabú, aún hay barreras socioculturales que impiden que se hable del tema. La palabra todavía cuesta y muchas personas se preguntan por qué hay que hablar del tema o lo reducen a temas de salud”, dijo Cortiellas.
Desde la cartera nacional indican que los productos de gestión menstrual representan un costo extra para las mujeres y personas menstruantes, quienes a su vez son la porción de la sociedad con menores ingresos y mayores niveles de precarización, desempleo y pobreza. Esto trae otras consecuencias: si no se puede gestionar la menstruación, difícilmente se logre estudiar, trabajar, hacer deporte entre otras actividades.
“Menstruar es natural, nos pasa, hay 12 millones de personas menstruantes (censo 2010) en la Argentina, el Estado tiene que ver qué políticas implementa (…) porque la realidad es que nos impide participar abiertamente, sabemos que es un factor de ausentismo escolar en adolescentes o en el trabajo, por ejemplo”, añadió la funcionaria de Articulación de Políticas Integrales de Igualdad.
Desde el Estado se está capacitando a agentes municipales, a promotoras y promotores, y además trabajan en una línea de transición eco sociocultural a productos más sustentables, ya que consideran importante tener en cuenta el ambiente. Los productos plásticos tardan mucho tiempo en biodegradarse (500 años aproximadamente). Es por esto que recomiendan el uso de copas menstruales.
“A veces usamos insumos que no sabemos qué es lo que tienen, algunos están realizados con agro tóxicos, producen irritación y muchas veces no nos los cuestionamos”, remarcó Cortiellas.
Hace algunos años un estudio realizado por investigadores de la Universidad Nacional de La Plata halló glifosato en algodón, gasas, hisopos, toallitas y tampones. Los resultados de esa investigación fueron presentados en el 3º Congreso Nacional de Pueblos Fumigados. En el 2015 la Organización Mundial de la Salud definió al glifosato como una sustancia “probablemente cancerígena”.
En otro orden, si prestaste atención a las recientes publicidades sobre productos para la gestión menstrual habrás notado que se dejó de representar a la sangre con el color azul, que las campañas no están protagonizadas exclusivamente por mujeres y que últimamente podemos encontrar diversidad corporal y sexual.
En relación a este tema, Cortiellas consideró que esto se debe a la lucha de los feminismos que logró que se hable del tema sin considerarlo algo asqueroso, de mal olor y asociado a lo negativo.
“Empezamos a llamar las cosas por su nombre, hubo un cuestionamiento de varios movimientos feministas y diversos organismos que empezaron a mostrar que la sangre es roja, a sacarle las connotaciones negativas, que son culturales y fue un triunfo que deje de ser azul o que se diga que lo mejor que te pueda pasar es tener un pantalón blanco, estar menstruando y que no se note”.
La funcionara nacional señaló que muchas mujeres legisladoras, de distintas organizaciones han conseguido legislaciones provinciales y locales además indicó que la pandemia puso en relieve la brecha económica. “No solo necesitábamos alimentos sino que las toallitas empezaron a ser insumos de primera necesidad. Las mujeres tienen una brecha económica, porque si no tienen dinero cómo gestionan su menstruación, se empezó a poner en relieve la problemática y muchos municipios empezaron a esbozar estas líneas que ahora nosotros venimos a reforzar”, enfatizó.
Un informe reciente realizado en el marco del Foro de Justicia Menstrual en el 2021 sostiene que la crisis generada por la pandemia del Covid 19 reforzó las desigualdades económicas preexistentes y tuvo un impacto asimétrico sobre las y los trabajadores informales, las mujeres y las juventudes, quienes perdieron empleos e ingresos. En Argentina, la mitad de quienes no consiguen empleo son jóvenes de hasta 29 años, y son las mujeres en esta franja etaria las que tienen mayores niveles de desempleo. Por este motivo es que se afirma que la pobreza está feminizada.
De acuerdo a este informe, la gestión de la menstruación y el costo de menstruar genera mayores desigualdades que afectan especialmente a las mujeres más pobres. Menstruar representa un costo extra e inevitable, es imprescindible la acción del estado para contribuir a una gestión menstrual saludable, inclusiva y sustentable.
*Conductora de Desde el Barrio, lunes a viernes de 10 a 13 hs, por Radio Gráfica.
Nota relacionada: https://radiografica.org.ar/2022/06/16/el-asunto/





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