Por Alejandro “Gitano” Ulloa
Tres temas preocupan a la mayoría laburante del país: la inflación, el desempleo y la pandemia. En la medida en que haya vacunas y el bicho ceda en su ataque, crece en importancia la economía y la salud cede su espacio. Si no pasan cosas raras, Juntos va a ganar CABA, Córdoba y Mendoza: nada puede cambiar eso. La provincia de Buenos Aires, el Sur y el Norte son del oficialismo. Sortilegios del bipartidismo, las identidades políticas transforman las campañas electorales en una actividad sin pasión, porque hay un piso donde no importa lo que cada partido haga. Lo más apasionante pasa por ver el resultado del despellejamiento en las internas de todos los partidos.
La Cámara de Diputados pone en juego las bancas otorgadas en las legislativas del 2017, que fueron la mejor elección del macrismo. Los fantasmas de hegemonía que agitan los opositores ante un posible triunfo oficialista que el kirchnerismo no logró nunca entre 2003 y 2015 no existen. La mayoría en ambas Cámaras ‑mucho menos los dos tercios de las mismas como para promover la reforma de la Constitución‑, el famoso “van por todo” es tan probable como el actual “estamos a siete diputados de ser Venezuela”, cuco agitado por la comparsa de Juntos. Eso sin contar que habría que ver cuanta garra para ir “a fondo” hay en los distintos sectores del Frente de Todos.
Fuentes “generalmente bien informadas” confirmaron la calentura en el sindicalismo por la exclusión de los lugares “elegibles” de las listas sábana. Entre los desechables que fueron al cajón de las buenas intenciones se encontraba Karina Moyano, hija de. La entente de La Cámpora, el massismo y un emergente “albertismo” de intendencias conurbanas solo dejó lugares marginales sin cubrir. Los puestos expectantes fueron para los “caballos del comisario” decididos en la rosca dominante.
Ya están armadas las listas; algunos ministros ya fueron “renunciados”, como el santafesino Agustín Rossi, que desobedeció y lo rajaron por teléfono. El guiso electoral se puso bien picante. Las encuestas señalan que la situación es pareja, no hay un ganador establecido, lo que ya es bueno para el oficialismo frentetodista, que acostumbra casi siempre a perder esas compulsas legislativas de mediados.
Daniel Arroyo, entre los renunciados con desgaste propio en el Ministerio de Desarrollo Social, dejó una papa caliente: su conflictivo ir y venir con la caja del asistencialismo le queda de herencia al Juanchi Zavaleta, un albertista con el gallinero revuelto por las listas en su distrito que tiene fuertes roces con los movimientos sociales. Daniel Menéndez, secretario general de la numerosa e influyente Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) es el único sindicalista del palo que accede a puestos expectantes aunque no seguros. No serán candidaturas la prenda de la discordia. Será para otro momento y en otro terreno la madre de las batallas por el control de los territorios que Juan Grabois y el tándem Evita/De Pie tienen como prenda de los acuerdos y las cuentas pendientes con La Cámpora. Si es que en el río revuelto de la discordia no aprovecha la izquierda para capitalizar los descontentos.
El senador provincial Omar Plaini se hizo la rata a la presentación de candidatos del Frente de Todos bonaerense. La ausencia del titular de los canillitas, hombre de fuertes lazos con Hugo Moyano ‑padre de‑ es compatible con la escasa representación que obtuvo el conjunto del gremialismo en las listas. Apenas el bancario y radical Sergio Palazzo puede darse por satisfecho con su nominación.
No pasa por cooptar “influencers” para ganar una elección: se debe dar un lugar a quienes militan la política y procuran mejorar la sociedad con fundamentos. La sociedad argentina necesita un futuro. No sueños ni espejitos de colores, hace falta un horizonte de solidaridad y de programas de acción compartidos. Si se trata del mediano y largo término, la solución hay que rastrearla en la política. El sindicalismo, sus fundamentos y sus programas quedaron afuera por ahora. La empatía social y el carisma cayeron sin red.
La rana que se cocina a fuego lento

La representación en las listas es apenas la superficie de un hervor a fuego lento alimentado por el combustible de la carrera de precios y salarios, donde hay demasiadas pérdidas para los trabajadores y pocos ganadores. El selecto “Club de los 45” (45% de aumento) donde están los gremios con mayor poder de fuego, dejó puertas afuera y calientes a punto de estallar a los estatales y comercio, entre otros gremios mayoritarios, con los docentes en veremos aún. Las paritarias dan titulares rimbombantes. La Federación de Trabajadores de Prensa (Fatpren), busca un título de tapa para sus afiliados: los salarios de las empresas periodísticas de todo el país son miserables. El plan de lucha de los periodistas para ajustar el segundo tramo de la paritaria que se anuncia es una dolorosa constatación de esa pobreza. La verdad de la milanesa es que todo se paga en cómodas cuotas que recién cierran el número terminando el verano de 2022. Y la inflación amenaza pasar el 50% anualizado.
El rubro alimentos es el agua de la tibieza en la olla más sensible: allí no se puede ajustar. Los esfuerzos del gobierno por controlar la inflación siguen resultando inútiles. En la Canasta Básica Total usada para señalar el umbral de pobreza los alimentos representan el 38,4% de los gastos, mientras que en la canasta de consumo, cuando se trata de los estratos más altos, la cuenta apenas bordea el 20%.
Para jugar la carta del optimismo está Daniel Yofra, secretario general de los Aceiteros. En diciembre 2020 y tras veinte días de huelga, el gremio logró un sueldo básico de casi 93.000, a rediscutir en seis meses. El Sindicato de Aceiteros de San Lorenzo, que no está federado se sentó en estos días junto con la Federación Aceitera a negociar nuevos valores. “Nunca nadie nos regaló nada, todo lo conseguimos con la lucha”, es la palabra de Yofra.
El sueldo básico inicial llegó a $108.000, y los gremialistas agradecen tener de su lado “un abogado como Horacio Zamboni”, autor de la estrategia de discutir en base constitucional y convencionada el Salario Mínimo Vital y Móvil. “Lo relevante es dejar un legado cultural, no un legado económico”, expresa Yofra a quien lo quiera escuchar. Lo cierto es que en la actividad más dinámica de la economía actual argentina los salarios son una variante de poca importancia y eso facilita los acuerdos.
El gobierno intenta que la rana no salte de la olla y que el salario no siga perdiendo. La UOCRA acordó un 12% en tres cuotas que redondea 47,8%. Sin embargo el ingreso de los sectores más pobres y marginados de la clase trabajadora real está verde: el mínimo vital y móvil (35% de aumento acordado hace unos meses) no se toca hasta que haya “consenso”. No habrá decreto que valga para esta urgencia. Como si esto fuera poco, el ingreso tiene un límite en la informalidad, mayor al 40% de la economía de todos los días.
La batalla cultural está en lo que vemos en los medios periodísticos. Somos apenas dueños de nuestras convicciones morales. Armados de conceptos ideológicos prendidos con alfileres, bancamos las patriadas que aparecen como el mal menor. Escuchar a los gobernantes o a los dueños del poder cómo defienden con uñas y dientes sus convicciones debería servirnos de ejemplo.
La falta una CGT fuerte y unida, con democracia sindical y representación directa de las bases impide enfrentar al “círculo rojo de poder” donde la yunta de empresarios y políticos ofrecen un frente cada vez más grande y más fuerte.
Laburar menos para trabajar todos

Claudia Ormaechea, de la Asociación Bancaria y diputada del Frente de Todos presentó un proyecto para que reducir la jornada laboral a 6 horas. Según la autora, la iniciativa es compatible con la presentada por Hugo Yasky, otro diputado reelegible del FdT, para tener una semana laboral de 4 días. Ormaechea pide que el trabajador pueda optar entre trabajar 6 horas, 36 semanales o 4 días.
La Unión Industrial Argentina, por boca de Daniel Funes de Rioja para variar se opone al proyecto y dijo que la jornada solo se podría reducir si proporcionalmente baja el salario (al revés de la intención de los proyectos de reducción). La Argentina tiene una de las jornadas extenuantes y largas del mundo, con 48 horas semanales. Después dicen que “los argentinos son vagos”. Los empresarios se quejan habitualmente del “costo argentino” que, dicen, afectaría la competitividad si se contrata un trabajador en el país. Estos costos internacionales se ubican hoy en sus niveles más bajos, no por cambios en el trabajo sino por la devaluación del peso. Hasta ahora y como siempre, la caída de los salarios dolarizados (y los pesificados un poco también) afectó al mercado interno y no repercutió en grandes ganancias exportadoras.
En busca de ese mercado interno llega Ahora 12 ampliando hasta 24 y 30 cuotas fijas mensuales la financiación de compra de bienes de línea blanca. La presentación tuvo el tono electoralista de moda con presencia de la primera línea política. Reactivar la demanda interna es una de las estrategias centrales del Gobierno de cara a las elecciones. La medida estimularía el consumo, desvía pesos del camino del dólar ahorro, pero sigue atada por el deterioro del salario.
El drama social tiene su primer acto en el 80% de la población de menores ingresos con un nivel de desempleo del 10%, sin considerar trabajos precarios o gente que ha dejado de buscar. La actividad económica se mueve levemente, pero grandes sectores de mano de obra intensiva, como la gastronomía, la hotelería, y el turismo están paralizados.
Los dos principales motores del crecimiento económico son las exportaciones y el gasto público. Las exportaciones dependen de la variación de los negocios con habituales socios comerciales como Brasil, con quienes hay acuerdos muy complejos de cambiar. El “dólar alto”, (salarios bajos en dólares), no tiene un efecto positivo en el crecimiento. En la medida que se devalúe, vendrá una caída en el ingreso real de los trabajadores, con un achicamiento del mercado interno por menor demanda e inflación con aumento en el costo de insumos y bienes de capital.
El gasto público tiene un efecto directo e inmediato sobre la actividad económica. Para crecer hay que invertir en la obra pública, condición necesaria para aumentar la complejidad y productividad de todos los sectores de la economía, y mantener el equilibrio fiscal. Veremos, dijo un ciego.











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