Juan Ramón Quintana, militar, sociólogo y exministro de la Presidencia de Evo Morales, dialogó con Radio Gráfica sobre las repercusiones de la detención de Fernando Cerimedo en ese país y profundizó sobre el despliegue colonial de Estados Unidos en Bolivia y en la región con su agenda de seguridad, lucha contra el terrorismo o iniciativas como el Escudo para las Américas. También se referirió al presidente Rodrigo Paz al que calificó como vaciado de “credibilidad, legitimidad y autoridad moral” y con una “vida política prácticamente terminada”.
Lucas Molinari: Fernando Cerimedo fue detenido días atrás, se conoció que participaba en reuniones de gabinete según declaró, entre otros, el vicepresidente Edmand Lara, ¿qué implica su figura en este gobierno de Bolivia y en esta vuelta a la colonialidad?
Juan Ramón Quintana: Lo que se sabe del fenómeno Cerimedo es aún preliminar y provisorio. Estamos ante la punta del iceberg, pues restan investigarse sus vínculos financieros, acciones políticas e involucramiento en estructuras estatales no formales o ilegales. Sin embargo, puede decirse que Cerimedo es el epítome de la gangsterización de la política por parte de la ultraderecha.
Implica una captura estatal desde el exterior. Rodrigo Paz no tiene capacidad para gobernar; es un presidente providencial que llegó por un golpe de suerte. Para intentar estabilizarse en un contexto frágil, abdicó de la dirección política del Estado en favor de este personaje y sus redes. Por otra parte, abdicó en lo económico entregando la gestión al FMI, al Banco Mundial y a la CAF, convirtiéndose en un títere de las fuerzas financieras externas con un modelo neoliberal. Bolivia es un país capturado.
A Estados Unidos se le escapó Bolivia con un presidente indígena de talante antiimperialista, anticapitalista y anticolonial dispuesto a desembarazarse de ese proceso de colonización como fue Evo Morales. Eso fue inaceptable para el poder norteamericano, por lo que no son casuales los intentos de golpe en 2008, el sabotaje a la Asamblea Constituyente y todo lo que derivó en el golpe de 2019.
Lucas Molinari: El caso de Fernando Cerimedo, detenido en Bolivia, abre una discusión sobre la injerencia en América Latina. Durante el gobierno de Evo Morales te tocó sacar a la DEA y a la CIA. ¿Cómo fue esa experiencia y qué pasa hoy con el gobierno de Rodrigo Paz?
La relación entre Estados Unidos y Bolivia refleja la que tiene con América Latina. Se caracteriza por una intervención permanente: política, militar y a través de agencias de seguridad. Las consecuencias en la región son similares: intervenciones que derivan gobiernos pretorianos, golpes de Estado e invasiones. La historia de Estados Unidos con América Latina es de dominio constante; excepcionalmente de ruptura con proyectos nacionalistas o de autodeterminación o de corte antiimperial.
Bolivia es un país pequeño, con una economía frágil y alta dependencia económica, por lo que esta relación ha sido de carácter colonial. Desde principios del siglo XX, y fundamentalmente a partir de la exportación de materias primas como el estaño, petróleo y minerales se generó una dependencia crónica del mercado norteamericano de la minería boliviana. Su posición geográfica, debilidad estructural y la característica de la dirección política llevaron a que Estados Unidos asumiera a Bolivia como una colonia que requería tutela constante. Esa dominación permeó los poderes político, judicial, policial y militar.
Esa dependencia se quebró con la llegada de Evo Morales. Encontramos un país intervenido que funcionaba como un “proyectorado”, donde gran parte de la cooperación, asistencia técnica y militar provenía de agencias estadounidenses como, por ejemplo, la USAID. Toda la estructura estatal estaba penetrada por mecanismos de intervención. Encontramos un país en condiciones coloniales.

Lucía Maccagno: En este escenario, ¿piensa que esto puede tener consecuencias para Paz, sumado a las movilizaciones de mayo y junio?
Por supuesto. No me adelanto a un corolario definitivo, pero el gobierno de Paz está vaciado de credibilidad, legitimidad y autoridad moral. Su propio elenco de apoyo de derecha está replegado y confundido. La vida política de Paz está prácticamente terminada.
Actualmente hay un conflicto complejo con la provisión de combustibles que paraliza el aparato productivo e intensifica la incertidumbre económica, el desempleo, la inflación y la falta de dólares. Esto permite la rearticulación de los movimientos sociales que tuvieron la fortaleza de sostener 53 días de bloqueo. Si las organizaciones vuelven a articularse para exigir soluciones económicas y cuestionar la condición moral de Paz, me temo que termine capitulando.
Lucas Molinari: Como militar, ¿cuál es el estado de situación de las Fuerzas Armadas de Bolivia hoy?
Las Fuerzas Armadas de Bolivia no es distinta, no está al margen del proceso de captura de la agenda de seguridad que Estados Unidos impone en América Latina y el Caribe. Su ejemplo más brutal ha sido la invasión de Venezuela y la captura de su presidente Maduro, el bombardeo a lanchas. Estados Unidos busca reinstalar la Doctrina de Seguridad Nacional, adaptada con nuevas tecnologías y una exacerbación del poder militar sobre América Latina y el Caribe, a la que consideran su reserva estratégica.
En Bolivia y América Latina se observa un proceso de absorción doctrinaria hacia esa línea estratégica y de su política de Seguridad Nacional, con la concepción del Escudo de las Américas, de la narrativa de la “guerra contra el narcoterrorismo”. Esto genera dudas existenciales en las fuerzas armadas tras casi 20 años bajo una mirada nacionalista, se enfrentan a una reformulación de corte imperial donde corren el riesgo de convertirse en gendarmes del gran capital, en la reserva militar de los Estados Unidos.











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