Por Nehuén Gusmerotti*
Que difícil cumplirle el deseo a Rada de no tener llantos ni pena. Se nos fue un día el Negro, uno de los más grandes de la música cantada en nuestro idioma. Tenía 83 años y hacía más de un mes que peleaba con una neumonía feroz. Su muerte fue anunciada por su familia este 26 de agosto y generó una ola de mensajes de despedida para un tipo tan querido como grandioso. Su carrera es tan inabarcable que esta nota ni siquiera lo va a intentar. Rada pasó por todos lados. Hizo jazz, rock, pop, tango, candombe, fue vanguardista, torcido, clásico. Se codeó con los más grandes y fue cálido y cercano con todo lo que lo rodeaba. Sin dudas era uno de los músicos más queridos del río de La Plata.
Muy jovencito se metió al canto en las comparsas y carnavales de candombe de su Uruguay natal. Según su propio relato, el canto era su plan B, amante del fútbol, lo tuvo que dejar por una mancha en el pulmón y se dedicó a la música. Como Richie Silver se sumó a The Hot Blowers, un grupo de jazz que tuvo enormes músicos orientales en la formación y en la que Rada se ganó el cariño del público por su hermosa voz y una personalidad bromista y amena que seria una de las características de toda su vida.

Tuvo un alucinante paso por el candombe beat y un progresivo latino que fue música de vanguardia y pico de la producción del Uruguay. El 1965 se sumó a El Kinto, una banda que hizo afrobeat antes que Santana y que fue la primera en fusionar esos elementos con el rock. Luego llegaría Tótem, diamante bruto de la música latinoamericana y cumbre máxima del rock uruguayo. Ahí Rada compuso himnos de su carrera como “Dedos”, “Biafra” o “Negro”. Su vida activa fue tan solo tres años, de 1970 a 1973. Profundamente crítica, musicalmente excelente, Rada mostraba una calidad musical descomunal que aún no era valorada en su país natal por el simple hecho de ser negro. Luego de Tótem se sumaría a los hermanos Fattoruso en Opa, haciendo jazz fusión mezclado con candombe y logrando muy buenas críticas del público general. En esa etapa lanzó Magic Time, una obra maestra de la que se desprende “Montevideo” uno de sus más grandes clásicos.
Luego de su paso por Opa llegó el momento de una carrera solista extensa y tan variada como difícil de resumir. El primer tramo de esa carrera se da en Uruguay, en donde como dijimos, fue recibido de forma desigual ya que el público blanco no terminaba de aceptarlo. Rada se radicó en Argentina y editó La Banda, La Rada, En familia, La cosa se pone negra (en vivo), Adar Nebur y La yapla mata. Estos discos le dieron un importante grado de popularidad en nuestro país, que lo adoptó como un criollo más. De esa etapa salen clásicos como “Botija de mi país”, “Candombe para Gardel” o “Blumana”, además de una serie de colaboraciones importantes con músicos como Litto Nebbia, nuevamente Hugo Fattoruso, y Eduardo Mateo, entre otros.
En los 90´ se fue a México por problemas económicos. Allá compuso temas para varios artistas “facheros pero poco talentosos”, y aunque el lo buscó “nadie quería grabar a este negrito”, contó años después con su calidez habitual. Su regreso al sur del continente marcaria una de sus etapas más populares en la música pop. Con Cachorro López en la producción, Rada editó uno de sus discos más exitosos en términos comerciales, Quién va a cantar (2000). López le pidió que le mande las canciones pero que no se aparezca por el estudio, ya que había una necesidad económica de que el disco sea vendido y Rada tenía tendencia a enriquecer demasiado las canciones, dificultando su rotación radial. “Cha Cha, Muchacha” sale como primer sencillo y copa las radios y el sonido de un siglo naciente. Si bien es un disco popular y pegadizo, temas como el propio “Quien va a Cantar” tienen una profunda crítica social y humana a una realidad que solo se ha agravado desde su lanzamiento. “No hay un solo disco mío que no diga algo”, dijo a Página 12 para la presentación de este álbum.
Con un breve período haciendo música para niños como Rubenrá, volvió al candombe fusión en una gira que revivió clásicos de sus bandas de los 70´. En esos años editó música como Richie Silver (Su alter ego de The Hot Blowers) y un hermoso registro en vivo junto a Javier Malosetti en Varsovia (2007). El derrotero de discos siguió hasta el presente, editando desde Amoroso Pop a Tango, milonga y candombe, reflejando la versatilidad de un artista que supo ser popular y exquisito en mismas proporciones.
En estos días se encontraba preparando una serie de shows para revisitar aquella joya setentera, Tótem, con parte de la formación original. Además, llevaba adelante el ciclo ¿Quién va a Cantar? Reversionando canciones propias y de artistas invitados (El último había sido con La Vela Puerca), y trabajaba en un disco junto a los Auténticos Decadentes. La vigencia del maestro estaba intacta, en creación y en acción.

Con Rada se nos va una parte enorme de nuestra música popular. Describirlo no es sencillo. Lograr ese equilibrio entre excelencia musical y sonido popular es algo que está reservado solo para unos pocos, el Negro le agregaba un calor y un amor humano auténtico y puro que hacían que todos los que lo escuchábamos estuviéramos más felices. La música de Rada nos hizo felices, a muchos nos acompaña desde antes de tener uso de razón, y su humanidad es destacable incluso a la altura de su capacidad artística.
En este mundo que se nos hace cada día más gris y triste, ahora sin el Negro, pregunto yo quién va a cantar.
(*) Conductor de Resistiendo con Ideas (Lunes a viernes de 20 a 21 horas)






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