Por Federico Sclausero*
“Time goes by so slowly”. El tiempo pasa tan lento. Con el hipnótico tic-tac de un reloj de fondo, así sonaba el pegadizo gancho de la canción más icónica de Madonna de este lado de los 2000, “Hung Up”. Lanzado en 2005, “Confessions on a Dance Floor” se convirtió de inmediato en uno de los discos más importantes de la carrera de la reina del pop, el que reafirmó su legado, demostrando que el tiempo no le pasa a todos a la misma velocidad.
Veinte años después, Madonna sentía nuevamente ese deseo por crear. Estancada en una batalla con la productora de su finalmente cancelada película biográfica, el germen de un decimoquinto disco de estudio nació como una distracción. La idea de una secuela de “Confessions” sólo tomaría forma al reconectar con su productor original, Stuart Price. Todos los caminos llevaban a un destino: la pista de baile pedía por su reina durmiente.
El mundo no tardó en saberlo. Madonna nunca se caracterizó por dejar cosas a medio hacer, mucho menos pasar desapercibida. Un tráiler cinemático filmado al estilo de “El Diablo Viste a la Moda”. Una aparición estelar en el festival de Coachella. Su inclusión entre los artistas del show del entretiempo de la final del Mundial 2026. Un corto protagonizado por ella misma y una larga lista de estrellas invitadas. Madonna estaba de vuelta. Sólo quedaba esperar al lanzamiento del disco.
Al igual que su predecesor, “Confessions II” es un confesionario al ritmo de música electrónica. En “I Feel So Free”, la primera canción, Madonna se sincera sobre el escapismo y el sentimiento de comunión que encuentra en una pista de baile: “Por eso me gusta bailar, la unión hace la fuerza”. Fiel a su estilo, pequeños pasajes de oralidad se entrelazan a lo largo de todo el álbum, conformando una especie de poema sobre la conexión de la artista con la escena nocturna. “La pista de baile no es sólo un lugar, es un umbral, un espacio donde el movimiento reemplaza el lenguaje”.
Toda la primera mitad del disco está estructurado como un set de DJ. Cada canción se funde con la siguiente, creando una atmósfera propia de una noche de fiesta en un boliche. La gran explosión llega con “Danceteria”, nombrado en homenaje a una icónica discoteca de Nueva York. Una canción biográfica, recupera la historia de una joven Madonna intentando que los DJs de la noche escucharan sus demos. No busca sonar actual ni hacer una imitación, sino capturar la energía que hizo del primer “Confessions” tan irresistible. Encapsula lo que quiere ser este álbum, entiende la diferencia entre una continuación y una repetición. “Everybody get up and dance”, todos a bailar. No hay momento en este disco en que la Madonna de 2026 suene más como la Madonna de 2005.
Algo que sí diferencia mucho más claramente ambos proyectos es la presencia de otros artistas. En la lista de colaboraciones aparecen el rapero Stromae, el DJ Martin Garrix con una destacada producción en “Bizarre”, y el cantante colombiano Feid, que aporta su ritmo latino en “Read My Lips”. Pero quien se roba todas las luces es la estrella pop del momento, Sabrina Carpenter.
“Bring Your Love” es mucho más que el encuentro de dos generaciones. Madonna ve en Sabrina un alma gemela, quizás hasta una heredera. Ambas mujeres exitosas, ambas criticadas por su personalidad y su sensualidad en el escenario. Escrita como un diálogo entre las dos, Madonna pide a su contraparte que se pregunte, “¿Por qué lo hacés? ¿Es para vos misma, o para los demás?” Por su parte, Sabrina trae su característica irreverencia, reimaginando a la Madonna de los ochenta en la actualidad: “No me des cuerda como un juguete, tu visión de mí arruina la diversión”.
Pero la fiesta debe terminar, el amanecer eventualmente llega, y hay que lidiar con lo que queda después de que se prenden las luces. La última parte del disco revela a una Madonna distinta, contemplativa e introspectiva, incluso humana. Después de cuarenta años de carrera, la reina del pop se ve forzada a enfrentar sus propias vulnerabilidades, sus vínculos personales, incluso su propia mortalidad. La música refleja ese cambio, los ritmos electrónicos gradualmente dando paso a instrumentos acústicos y baladas.
En este punto del álbum se hace imposible ignorar las pérdidas recientes que sufrió Madonna en su vida privada. “Fragile” da un vistazo a la Madonna más existencial, buscando reconciliación con su hermano recientemente fallecido, y ofreciendo la empatía que no siempre le dio en vida. Por otro lado, “Betrayal” es casi visceral en su resentimiento hacia su madrastra, que también falleció hace pocos años, pero al mismo tiempo emocional en la forma que procesa su duelo a través de la música. Al ritmo de piano y trompetas propios de la banda sonora de un noir, Madonna da su brutal veredicto, “esta es una historia de traición, nunca tomarás el lugar de mi madre”, pero luego abre su corazón y se permite llorar la pérdida: “Abre la represa, deja que el agua fluya. Dejalo ir, dejalo ir, dejalo ir”.
Si el disco abre con Madonna decidida a tomar una nueva identidad, “a veces me gusta esconderme en las sombras, crear un nuevo personaje”, hacia el final el peso de su realidad pone en evidencia la mujer detrás del velo de la fama, la persona detrás de la reina. “The Test” muestra su faceta de madre, en un dueto con su hija Lola Leon, en el que Madonna admite sus fallas, y su hija acepta lo bueno y perdona lo malo de crecer a su sombra. “L.E.S. Girl” cierra con su lado más humano, sentimental y melancólico, una eulogía a los años pasados y una aceptación de la vida y la muerte. “Everything fades away”. Todo se desvanece.
Al momento de su lanzamiento, “Confessions on a Dance Floor” no sólo fue uno de sus discos más exitosos y mejor recibidos, sino que rescató la carrera de Madonna tras el fracaso de “American Life”. Fue un disco en el que volvió a las bases, sola en la pista de baile, mostrando su lado más personal mientras intentaba sobrevivir a la noche más larga de su vida. Con “Confessions II”, parece haber completado el círculo. Bailar ya no es supervivencia, es conexión. Es la invitación a otras voces, otras experiencias, otras emociones. Es encontrar comunidad, honestidad y libertad.
El tiempo pasa tan lento, y Madonna sigue bailando. Larga vida a la reina.
*Abramos la Boca -Viernes de 21 a 23 hs.










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