Por Gustavo Vera *
Hay quienes, desde la comodidad de los medios afines al gobierno, intentan instalar que “el paro no sirve para nada” o que se trata apenas de un “paro matero” sin consecuencias. Nada más lejos de la realidad. Estas narrativas buscan invisibilizar el inmenso golpe financiero que sufre la patronal, esa misma que, de la mano de Javier Milei, pretende arrasar con los derechos laborales más básicos y reducir la dignidad humana a un simple “costo” que se debe abaratar.
Sin embargo, los números que maneja el propio sector empresario desmienten cualquier intento de ninguneo. Según datos procesados por el Instituto de Economía de la UADE, un paro general con paralización del transporte implica una pérdida directa de 600 millones de dólares por día. Este impacto es el resultado del cese de la producción industrial, la caída estrepitosa del comercio y el congelamiento total de los servicios y la logística.
A este escenario se suma el golpe letal al comercio exterior. Con los gremios marítimos y fluviales paralizando los puertos de todo el país por 48 horas, se frenaron las exportaciones agrícolas, industriales y pesqueras, bloqueando además el ingreso de importaciones vitales. Paralizar el comercio exterior un solo día equivale a perder 190 millones de dólares; tras 48 horas de parálisis, la cifra asciende a 480 millones de dólares en divisas que no ingresan y penalidades financieras que las empresas deben absorber.
Pero el daño no termina ahí. Existen costos indirectos que la cifra oficial no suele capturar: incumplimientos de contratos internacionales, cuellos de botella en las cadenas de suministro, riesgo país y un daño reputacional que afecta la confianza de los mercados.
En definitiva, sumando cada concepto, el paro general de la CGT le arranca al bolsillo patronal un mínimo de poco más de 1.000 millones de dólares (aproximadamente 1,5 billones de pesos). Para dimensionar la magnitud: esta cifra supera el presupuesto anual de varios ministerios y representa cerca del 0,25% del PBI argentino.
Que el Gobierno y las grandes cámaras empresariales tomen nota: si persisten en su avanzada anti-obrera, el movimiento obrero tendrá que defenderse y profundizar su plan de lucha. El paro no es solo un grito de descontento contra la reforma laboral; es una herramienta de defensa directa que golpea donde más les duele. Si no hay respeto por la dignidad del trabajador, no habrá ganancias para el capital.
Como pedía Francisco, por una sociedad sin esclavos, ni excluidos.
(*) Titular de la Alameda y conductor de Laudatistas (lunes de 11 a 13 horas en Radio Gráfica)














Discusión acerca de esta noticia