Por Erika Eliana Cabezas
Lo complicado de las obras que cierran por todos lados, justamente, es eso. No hay nada para decir. O tal vez mucho. Tanto que se produce un efecto similar a los virus cuando intentan ingresar al cuerpo del Señor Burns: las palabras quedan atascadas. Y más aún si se trata de la adaptación de un clásico de Dreamworks, que no sólo fue furor en 2015 sino también multipremiada.
Shrek, el musical, realizada por The Stage Company y dirigida por Carla Calabrese, se estará presentando en el Maipo hasta el 21 de agosto y ofrecerá una función para públicos con necesidades especiales. Se trata de una versión local de la producción de Broadway.
El relato es conocido por casi todos. Y pongo casi como una formalidad, porque me resulta difícil pensar que haya personas que no sepan de que se trata porque la historia de amor del ogro se convirtió en un clásico. No solo porque rompe con los cánones establecidos y el príncipe no es príncipe y la princesa está lejos de tener los modales esperados, sino también porque se nos ríe en la cara de todos los cuentos de hadas.
Recapitulando. La pieza recrea las aventuras que atraviesan Shrek (Pato Witis) y Burro (Manu Victoria), quienes por encargo de Lord Farquaad (Roberto Peloni), van a rescatar a la princesa Fiona (Melania Lenoir). El objetivo inicial del ogro es hacer un intercambio para adquirir la titularidad del pantano, que se encuentra ocupado por los freaks. Sin embargo, nada sale como lo planificado y Shrek y Fiona se terminan enamorando.
Junto a los actores y actrices protagónicos, el elenco se completa con la participación de Mariano Condoluci, Flor Anca, Pilar Muerza, Mía Saguier Marcuzzi, Tomás Albertoni, Fátima Seidenari, Tomás Martínez, Agustín Pérez Costa, Lucia Asad, Sofía Franks, Santiago Tezza, Pedro Velázquez, Azul Botticher, Jonatan Vidal y Lucas Noda.
A lo largo de la obra se pueden apreciar huellas que remiten a lo local. En vez de capas de cebolla hay capas de chocotorta, y cuando Shrek lee la bitácora de lo que le gusta a la princesa remite a Mil horas de los Abuelos de la Nada. También hay guiños para el público adulto. Detalles que ponen en contexto, y digo esto porque, más allá de las escenas clásicas -como la amenaza a la galletita de jengibre-, los personajes están interpretados de tal manera que te llevan a la película.
La propuesta es contundente y una buena opción para llevar a los más chicos -y no tan chicos- en estas vacaciones de invierno, porque los clásicos tienen un poco eso: son aptos para todo público.





Discusión acerca de esta noticia