Por Erika Eliana Cabezas *
Cuando uno se encuentra tan solo rodeado por cuatro paredes confiesa los secretos más oscuros. Aquellos que apenas nos animamos a decir en voz alta, porque sabemos que al ser pronunciados cobran vida y pasan a la dimensión de lo real. Una dimensión con cuerpo, impredecible y difícil de manipular, al menos desde la soledad.
Dos universos son los que se entrecruzan en Los Secretos, la obra escrita y dirigida por Juan Andrés Romanazzi. Uno es el de ella, la profesora de literatura que se desvive por su poeta maquinita. Ese hombre, especie de tótem digital, que una vez la convirtió en su núcleo al preguntarle si estaba bien. El otro, el de él, empleado de seguridad que no supera la muerte de su madre y finge ante una cámara para pasar el período de prueba.
Ambos personajes, interpretados por Paula Fernández Mbarak e Iván Moschner, están atravesados por la digitalidad y construyen sus deseos a partir de la imagen bidimensional que ofrece la plataforma. El amor de su vida, la pareja de sus sueños versus el fantasma de alguien que ya no está. Expectativas que se diluyen cuando ese otro, devenido en pantalla, adquiere corporalidad.
El cara a cara deja al desnudo el dispositivo, los secretos se develan. Nada es como se esperaba. Aún así, la pantomima continúa. El fin no es la malicia, sino más bien acompañarse en la soledad, en los momentos en que la oscuridad tiene vida propia.
Ficha técnica
Dramaturgia y Dirección: Juan Andrés Romanazzi.
Actuación: Paula Fernández Mbarak e Iván Moschner.
Música: Gabriel Motta.
Vestuario: Julia Camejo.
Iluminación: Leandro Crocco.
Espacio: Camejo-Crocco-Romanazzi.
Asesoramiento técnico: Mariano Assef.
Fotografía: Chroma Fotografía.
Diseño gráfico: Bárbara Delfino.
Asistente de Dirección: Iñaki Vergara.
Producción: Carola Parra.
(*) Periodista de cultura de Radio Gráfica





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