Por Ramiro Coelho
Desde hace años, las trabajadoras de la economía popular sufren un creciente proceso de endeudamiento. El cierre en 2017 de la Tarjeta Argenta por parte del gobierno de la Alianza Cambiemos, el aumento de las tasas de interés para acceder a créditos y la altísima inflación de los alimentos y los servicios públicos ha generado que la gran mayoría deba tomar deuda para cubrir gastos corrientes, en un contexto de trabajo intermitente y ante un mercado financiero informal que asfixia la economía de los hogares populares.
Según datos oficiales, el 84,5 por ciento de las beneficiarias de la Asignación Universal por Hijx (AUH) (1,8 millones de personas) tiene un crédito con la ANSES “a tasas impagables”. El dato da cuenta de un fenómeno que creció sustancialmente en los últimos cinco años. La eliminación de la Tarjeta Argenta en 2017, que otorgaba créditos a tasas subsidiadas, junto con el aumento de las tasas de interés, provocado por la políticas macroeconómicas del macrismo, llevó a que las tasas para las beneficiarias de AUH llegaran al 49 por ciento, aunque con un costo efectivo anual de 55,48 por ciento.
Hacia el 2011, la ANSES lanzó créditos para jubiladxs y pensionadxs mediante la Tarjeta Argenta. El Gobierno de la Alianza Cambiemos reemplazó el esquema de la tarjeta por transferencias directas a CBU incorporando a las beneficiarias de la AUH y de las Prestaciones No contributivas, y aumentó el porcentaje de endeudamiento sobre el monto de la asignación al 40 por ciento.
Por qué las mujeres
Hoy la mayoría de las trabajadoras de la economía popular destinan un alto porcentaje de sus ingresos al pago de créditos, adquiridos para pagar alimentos y servicios. El motivo de que sean ellas se debe al rol central que cumplen en la administración de la economía familiar y en los cuidados de sus integrantes, bajo un esquema patriarcal de división del trabajo doméstico. Situación que pone a las trabajadoras de la economía popular en el rol de Jefas de hogar y en el eje del flujo de dinero familiar. Rol que se vuelve cada vez complejo y agobiante ante la intermitencia característica de trabajo informal, la alta inflación de los precios de los alimentos y la creciente presión de las deudas sobre las economías domésticas, que las convierte en el único factor “permanente” de las complejísimas cuentas familiares, según señala la investigadora del Conicet y militante feminista Verónica Gago.
Fuentes de financiamiento cada vez mas ruinosas
Pero las fuentes de endeudamiento no solo provienen del Estado. El mercado informal de créditos, existente en todos los barrios populares de las ciudades argentinas, y las tarjetas de crédito no bancarias ofrecen arreglos aún más ruinosos las estas trabajadoras. Según un informe realizado por el actual presidente del INAES, Alexandre Roig, para la Fundación Heinrich Böll ambas fuentes de financiamientos alcanzan a cerca del 70 por ciento de los hogares endeudados. Fundamentalmente, a través de los negocios de electrodomésticos que otorgan créditos personales y aceptan compras las tarjetas mencionadas.
La ausencia de acceso al crédito en igualdad de condiciones resulta algo muy lejano aún para lxs trabajadorxs de la economía popular. Los mecanismos de inclusión financiera creados por el sector privado muestran con claridad la existencia de un sistema que genera un círculo vicioso de endeudamiento crónico que, ante la necesidad de pagar las deudas y sostener la economía familiar, lleva a las mujeres a aumentar los niveles de auto explotación, aceptando condiciones de trabajo cada vez más precarias y peor pagas.
El reciente anuncio lanzado por el Gobierno de otorgar créditos de hasta 150 mil pesos a tasa 0 por ciento para monotributistas no parece ser la solución para trabajadoras que, con ingresos de medio salario mínimo, no tienen espalda para una deuda más, por más que sea sin intereses. La alta pérdida de poder adquisitivo debido al aumento permanente de los precios de los alimentos hace necesario una profundización de las políticas para el sector, tanto en el aumento de las asignaciones como en la profundización de políticas de promoción y financiamiento de la producción popular.











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