Por Adrián Berrozpe
A pesar del frío, de la pandemia que aún persiste, el pasado 27 de julio al cumplirse 44 años de su desaparición nos convocamos para homenajear al trabajador, al joven cristiano y militante de la JTP, Roberto Jorge Berrozpe. Se realizó la colocación de un señalamiento en donde se unen la Avenida Belgrano y la calle Paunero en Sarandí, Avellaneda. Además, también fue colocada una placa en la puerta de lo que fue su casa y donde hoy funciona una unidad básica y un centro cultural que llevan su nombre.
Un reconocimiento que el Concejo Deliberante de Avellaneda votó por unanimidad el pasado 22 de julio a instancias del proyecto presentado por la concejala Jimena Olaciregui y que contó con el respaldo del presidente del Consejo Deliberante, Hugo Barrueco, y del presidente del bloque del Frente de Todos y referente local de la UOCRA y la CGT, Héctor Villagra.
En el acto donde se descubrió el señalamiento, también estuvieron presentes la jefa de Gabinete de Avellaneda, Magdalena Sierra; Claudio Yacoy, secretario de Derechos Humanos del Municipio; secretario General de la Confederación Nacional de Trabajadores Municipales, Rubén “Cholo” García, secretario General de la Confederación Nacional de Trabajadores Municipales, y el referente del Sindicato Único de Trabajadores Municipales de Avellaneda, Daniel Aversa. También dio el presente Susana Brardinelli, compañera de vida de Armando Croatro, actualmente presidenta del Consejo Escolar de Quilmes.

La historia de Roberto atraviesa la historia de la Argentina y también la de mi familia, porque él es mi tío. Joven militante y dirigente sindical y político, fue secuestrado de su casa en el año 1977 por parte de los esbirros de la dictadura Cívico-Militar
Roberto era en ese momento se desempeñaba como obrero de la planta que Citroën tenía en Barracas y pertenecía a un grupo de jóvenes que se convocaban en la Parroquia Ntra. Sra. de la Asunción de Avellaneda. Fue sin duda su compromiso cristiano que se manifestó en amor al pueblo trabajador lo que lo llevaría a militar dentro de la Juventud Trabajadora Peronista.
Fue parte de la histórica Lista Blanca del Sindicato de Trabajadores Municipales de Avellaneda que encabezaba el recordado Armando Croatto, también militante de la Juventud Peronista y que vale recordar fue el diputado más joven de los que ingresaron al Congreso en las elecciones de 1973. Croatto fue asesinado en 1979 cuando impulsaba acciones gremiales contra esa dictadura.
Como muchos otros jóvenes de la época, Roberto participaba y trabajaba para hacer realidad el sueño colectivo de una patria con justicia social, con visión nacional, con una genuina sensibilidad cristiana tendiendo la mano a los más pobres y luchando por una sociedad justa.

Su desaparición forzada se produjo la noche del 27 de julio en la puerta de su casa en la calle Belgrano donde también la patota criminal de la antipatria se llevó a su compañera Nora Lorenzo (quien estaba embarazada de Cecilia); a Roberto Piasecki un compañero de militancia de la planta de Citroën y a Nora Delgado, integrante del grupo de jóvenes cristianos. Ese mismo día también fue detenido el referente de ese grupo de la Parroquia de Asunción, Roque Agustín Alvarez. Roberto, Piasecki y Roque Alvarez aún permanecen desaparecidos.
A esta altura ya nadie puede negar que el motivo de la represión sangrienta y criminal fue la de imponer un nuevo modelo económico neoliberal, agudizando la pobreza y la desigualdad mediante la represión, desempleo y marginación de las clases obreras populares de nuestro país. Para imponer ese modelo secuestraron, torturaron y asesinaron a quienes no aceptaban esa situación, a quienes peleaban por la patria de los humildes, la de los y las trabajadoras.
A 44 años de la desaparición forzada de mi tío, queremos manifestar que seguimos construyendo día a día con nuestra practica (con errores y aciertos) tanto política como sindical, esa patria con la que el soñó. Creemos que hoy es necesario un camino de unidad poniendo por delante los objetivos de las mayorías y dejando de lado las contradicciones secundarias y las mezquindades oportunistas.
Como lo definió mi hermano, Roberto Berrozpe, que lleva el nombre de mi tío homenajeado, fue una jornada emotiva:
“Con mucha organización, con protocolo, a pesar del frío, fueron llegando los compañeros y compañeras. Las miradas que abrazaban y los puños que estrechaban calurosos compromisos. Los dedos en V de los confabulados, de los militantes de la vida. Porque nuestra bandera es de los y las humildes, de las y los trabajadores, del pueblo. Seguimos de pie, recuperamos la memoria de nuestros héroes y heroínas de nuestros y nuestras patriotas. Levantamos sus banderas para llevarlas a la victoria.
¡Será patria! justa, libre y soberana”.












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