El debate por la ley de IVE me tocó mirarlo por tv. Pero muy lejos de la gastada futbolera, que refiere a mirarlo desde lejos, lo vi más cerca que nunca.
Por Juliana Milanesio
Cuando empezó el debate, yo estaba haciendo teletrabajo desde Lobos, Buenos Aires. Una ciudad típica de provincia. Allí vive mi mamá y mi abuela. El contexto de pandemia hizo que decidiera quedarme desde Navidad hasta el primer fin de semana de 2021 sabiendo que me perdía el debate en la calle. Dudando si volver a la Capital para estar en el momento que iba a ser ley.
¿Qué pasa en las ciudades que no son la Capital Federal? ¿Cómo viven este día las, los y les que siguen el debate desde otro punto del país?
Ayer 29 de diciembre milité desde casa. Y eso tiene también su encanto y su lucha propia. Mi mamá sería una senadora que se abstiene o de aquellas que en 2018 votó en contra y ahora a favor. Mi abuela una antiderechos. Esta bien, supongo que son de generaciones diferentes.
Miraba el celular, las redes, y veía a las históricas que estaban en el Congreso. Fueron al rayo del sol, con los bastones y los pañuelos. Me cuesta pensar a mi abuela así. Es que en mi casa nunca se militó mucho nada.
Yo con el feminismo empecé a militar. Fue la primera vez que me sentí representada por un movimiento, una idea y varios reclamos. Fue el puntapié inicial de mis ideas políticas actuales en donde no concibo un feminismo que no tenga de base la justicia social. Porqué como decían los carteles que adornaban las calles el 9 de diciembre, de las compañeras de Movimiento Evita, “Aborto Legal es Justicia Social”.
A las 16 hs. puse el canal de YouTube del Senado y mi hermana me pidió que lo subiera. Mi mamá al rato entró a nuestra casa y escuchaba. No decía nada pero escuchaba. No está muy de acuerdo pero sabe que si nosotras lo defendemos, es por algo. Por más que vaya en contra de lo que siempre pensó.
Voy mirando Twitter y comparto todo. Necesito estar en tema. Pero también necesito compartir. Eso que he vivido desde la calle, casi siempre en la Av. Callao porque me gusta más qué Rivadavia. Como lo hice en 2018 o mismo el 9 de este mes cuando se sesionó en diputados y finalmente se consiguió la media sanción.
Acá no hay tanto verde aborto o tanta manija. Tampoco el encuentro con las compañeras o las mujeres reunidas, los carritos con las parrillas o los vendedores de distintas bebidas. Ni hablar del calor humano y el del asfalto, que en Capital Federal llega a sentirse más que acá donde hay más pasto y menos edificios.
Pensé en cómo me estaría preparando si estuviera yendo al Congreso, como serían mis sentimientos y mi preparación de protocolos. Estaba lejos de ese escenario, de aquel en donde el corazón late al ritmo de los cantos y la música. De hablar con quien está cerca y compartir la alegría.
Salí a hacer las compras y en el centro de la ciudad en donde crecí, no había concentración en ninguna calle. Me aventure, un poco, en busca de alguna sorpresa. No había ninguna comunicación o convocatoria. Encontré mujeres que hacían sus propios mandados, jóvenes más que nada, que llevaban el pañuelo en algún lugar de su cuerpo. Y eso me dejó un poco tranquila.
Esta experiencia me hizo pensar que la calle es importante pero el sentimiento, las convicciones y la militancia se lleva a donde uno esté. No estaba con los tambores, ni los carritos o el fervor del lado verde. Pero lo sentía.
Me levanté a las 4 am, ya estaba todo casi listo. La desperté a mi hermana y nos sentamos en el sillón con la tele prendida. Cristina Fernández de Kirchner dice que se vota. No aparece nada en pantalla y se comienza a verificar uno por uno los votos. Que miedo. De los nervios me perdí y no conté los afirmativos. 38 a favor, 29 en contra, 1 una abstención dice el cartel. En verde y en mayúsculas: APROBADO. La abracé a mi hermana, las vi abrazándose en la calle y sentí que estábamos ahí.
Vivir un día histórico es eso, vivirlo. Ayer nos levantamos con un derecho menos. Hoy en Lobos donde me crie hay un derecho más. Ahí donde pasé mi escolaridad en un colegio católico, donde me atreví -sin mucha idea- a dudar que el aborto fuera una abominación, mientras nos mostraban un video de un “aborto real” en donde se desmembraba un bebe de más de 14 semanas.
Hoy la interrupción voluntaria del embarazo o como lo venimos llamando desde hace años, el aborto es legal, seguro y gratuito. En todo el país hay más derechos, hay más justicia social, hay más militancia y esperanza.











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