Liliana Herrero es una cantora entrerriana que marcó una irrupción en la música popular. Entrevistada por Mario Sadras en Radio Gráfica, recordó sus inicios, resaltó la presencia de la música litoraleña en su vida y profundizó la relación que hay entre la música y el territorio, además de mencionar la importancia del legado de nuestros antepasados.
En este tiempo que nos toca estar encerrados, en donde los artistas, sobre todo los artistas populares, tienen un rol fundamental, la medicina nos cura, pero los artistas nos ayudan a resistir, ¿no?
-Si tuviéramos donde trabajar, te diría que sí, pero nosotros no tenemos donde trabajar. Nosotros nos hemos quedado -los músicos y los artistas en general- sin trabajo de un día para otro.. El arte siempre fue un lugar de resistencia y de embestida, digamos. Eso es el arte, pero eso, cuando estás haciendo algo. En este momento, nosotros no estamos haciendo nada, ni los músicos, ni los actores, ni los bailarines. Es así, es la situación gravísima en la que estamos.
Sí, y hacía referencia a que al pueblo, todas las obras grabadas, las películas, los libros escritos, ayudan a esa forma de resistencia; ahora bien, otra cosa es esta la situación angustiante que se está viviendo en términos laborales.
-En términos laborales, hay muchos que ni siquiera están bancarizados, hay muchos que están recibiendo bolsones de comida. Es grave la situación de la cultura y del arte.
¿Esperás algún tipo de reflexión por parte del Ministerio de Cultura o de las autoridades que tienen una responsabilidad respecto a esto?
-Sí, están haciendo cosas. Con Axel (Kicillof), ya lanzaron unas becas para que se presenten los músicos que están sin ningún ingreso, por eso también interviene el Fondo Nacional de las Artes y el ANSES. Pero bueno, eso es un dinero que ayudará a los que ganen con un jurado. Es una ayuda. A mí me gustaría que tuviéramos una discusión sobre cuál es plan cultural en esta emergencia, eso es lo que me hubiera gustado que sucediera. O tal vez sucederá, no descartó la posibilidad de que se haga.
Pero la verdad es que no veo ese debate sobre cómo organizar actividades donde participen muchos músicos. Hablo de los músicos, porque es lo que conozco bien. Para diseminar trabajo para muchos y en todo el país, eso me parece que es un debate que hay que dar. En momentos de un estado de excepción, como este, tiene que haber ideas excepcionales, eso es lo que yo digo, tenemos que inventar ideas extraordinarias.
“A mí me gustaría que tuviéramos una discusión sobre cuál es el plan cultural en esta emergencia”
Leí, y aprovecho para enlazarlo con esto, que vos te considerás una intérprete que busca distintos abordajes para piezas de música que ya están hechas, y en algún momento decís, también, que te gustaría que la política tuviera eso que, si te parece bien, lo podemos llamar disruptivo.
-Pienso que el arte realiza procedimientos cuando es creativo y cuando se pone todo el cuerpo en lo que uno hace. Es sacar las cosas de un lugar y ponerlas en el otro. Me gustaría, a veces, que la política pudiera realizar este mecanismo. Estoy hablando de la política en términos muy amplios y muy generales, no en términos de gobernabilidad o partidaria, porque eso no lo sé, no soy una dirigente política, soy una cantora que trata de realizar con la mayor responsabilidad posible una música.
Cuando digo responsabilidad en la música, quiero decir recostar a una memoria musical y poética que tiene la Argentina, extraordinaria. Entonces, el mecanismo de sacar una cosa de un lugar y ponerla en otra para que reviva, para que volvamos a dialogar con las cosas que han pasado en este país, con la memoria musical y poética de este país, es un acto absolutamente transformador. Aunque apenas movamos el amperímetro. Acá lo que mueve el amperímetro son los grandes poderes económicos y la política, digamos, para transformar este país. Si es que los grandes poderes económicos lo quieren hacer, diría que no. Es una expresión muy general la mía, puntual.
Me recordaba EN lo que decías recién, a un músico muy joven -llamado Federico Cáceres- del grupo “Mano a Mano” que tenía un verso de una canción que decía “las canciones no hacen revoluciones, pero no se pueden hacer revoluciones sin cantar”.
-Sí, algo de eso hay. El canto está siempre presente, es una de las memorias de combate dormido en una cultura Y de un país y en las grandes celebraciones, el canto siempre está, la música siempre está.
Vos, en algún reportaje decías, no se puede cantar o hacer música como si el 17 de octubre no hubiese existido.
-Porque es un hecho conmovedor, multitudinario y una irrupción de una parte de la población absolutamente inesperada. Ese algo inesperado e intempestivo que nadie imaginaba, apareció, entonces, en el arte, ese acto tiene que estar, no sé si específicamente el 17 de octubre -que yo creo que fue una memoria histórica y política fundamental-, sino el hecho de que aparezca algo novedoso, algo inesperado, algo a lo que no estamos acostumbrados a escuchar, creo que ahí realizamos una acción transformadora realmente.
Vos tuviste una amplísima búsqueda en tus formas de canto, en tu forma de interpretar, en tu forma de abordar las piezas musicales ¿Es reconocible en ese recorrido los momentos históricos que vos sentiste que tu voz como instrumento requería de una modificación en un abordaje determinado?, ¿podés reconocer un vínculo directo con estas etapas históricas tan dinámicas en Argentina?
-Bueno, en la Argentina y en el mundo, pero sobre todo en la Argentina que es donde yo me recuesto, que es la memoria de un territorio y de un tiempo, hay grandes cantoras, no se puede cantar como si esas cantoras no hubieran cantando nunca. En relación a Mercedes Sosa, yo lo digo todo el tiempo, no se puede cantar como si Mercedes Sosa no hubiera cantado. Hay que amasar un estilo propio, pero hay que recostarse en los legados fundamentales que tienen todos los pueblos.
Si no estamos en el aire, estamos en esto que el mercado llama la música del mundo, hay fronteras, hay países, hay territorios, y que dialoguen entre sí es necesario, pero uno tiene que pensar, también, en el legado del propio territorio al que pertenece, porque en ese territorio y en esa memoria es en la que uno se constituye como argentino, en este caso, con el enigma que significa saber qué es la Argentina. Todos los pueblos llevan en sí ese enigma, ese dilema, que es algo que tenemos que dilucidar entre todos.
“uno tiene que pensar, también, en el legado del propio territorio al que pertenece, porque en ese territorio y en esa memoria es en la que uno se constituye como argentino”
Y el arte como un imprescindible aportante en la búsqueda de esa identidad…
-Sí, y en el mismo dilema. Si nosotros nos preguntamos de dónde viene el tango, seguramente se armaría una gran pólemica, algunos pensarían que vino de Europa, otros pensarían que viene de África. Eso es una gran polémica, y esa misma polémica la tenemos también cuando tratamos de dilucidar qué es la Argentina, de dónde viene, ¿venimos nosotros de los barcos exclusivamente?, ¿hay una población anterior a la conquista, tiene algo para decirnos esa población? Eso es un gran debate. Y la música tiene los mismos dilemas que tienen los propios países.
El Chango Farías Gómez denostaba del concepto de folclore para la música de nuestro interior, y él decía que había música argentina, que el folclore era un concepto antropológico, y de alguna manera en tu búsqueda hubo una fusión entre el rock y el folclore.
-Más que una fusión, hubo una tensión, a mí no me gusta mucho la palabra fusión, me gusta más la palabra tensión, es un diálogo que supone momentos gratos y momentos tensos. Es un diálogo, que uno establece con otros tipos de legados, como son las músicas que son reconocidas como bellas, mundialmente, como el jazz, como el tango, como el rock. Son músicas que uno debe escucharlas porque son bellas, escucharlas, estudiarlas y dialogar con ese legado. El legado no es tan solo del país, sino es universal, también. Eso es interesante para pensar.
La música argentina abarca a todos los géneros, porque el jazz tiene una historia en este país, la historia del tango que es enorme y su legado, el rock, también, ya tiene su historia y es muy importante lo que nos ha dejado, el folclore es un legado enorme. Si a eso lo juntamos y lo ponemos bajo el amparo de la palabra argentina, música argentina, estoy de acuerdo con el Chango.
Aparecen en tus crónicas, en tus biografías, una niña con un pianito que le regaló el papá ¿Qué se conserva de esa niña con el pianito, con ese ambiente familiar, qué música, qué perfumes, sentís que en determinado momento se pueden estar conservando?
-Creo que todo, eso no se abandona nunca y aparece aunque uno no quiera o no sepa. La memoria es eso, es algo que aparece intempestivamente y uno no se da cuenta que está en uno muy fuertemente arraigada, esa es mi infancia, ese pianito. Mi infancia en una ciudad pequeña de Entre Ríos, llamada Villaguay, que está ligada a los ríos, a los viajes dentro de la provincia, a los viajes hacia la costa del Uruguay, el cruce hacia la Banda Oriental, que fue muy existente en esa instancia, son todos recuerdos infantiles que aparecen en las músicas. Los recuerdos son texturas y son climas que uno lleva consigo para siempre.
¿Hay posibilidad de que esa música litoraleña surgiera de otro lugar que no fuera de Entre Ríos o de las veras de los ríos?
-La música litoraleña le pertenece al Litoral, le pertenece a la Mesopotamia vamos a decirle, a Corrientes, a Misiones y a Entre Ríos. Y, también, a la otra vera del Paraná, que es Santa Fe y en el Chaco y en Formosa. Todo eso forma un clima musical muy ligado a los ríos y a la herencia que nos viene del sur de Brasil, la herencia que nos viene de Paraguay. Eso ha sido muy importante para toda la música del Litoral.
Litoral es una palabra hermosa y aparece muy fuertemente en el recuerdo de todos los que hemos nacido por estas tierras. Y con músicos que son excepcionales, tenemos que pensar en Aníbal Sampayo, de la Banda Oriental, pero también tenemos que pensar en Linares Cardozo, en Ramón Ayala, en muchos. Uno, cuando escucha al Chango Spasiuk, señala claramente, en la forma que toca su instrumento y en la música que compone, ese clima del Litoral. Es muy lindo reconocer ahí. En Ramona Galarza, un canto chamamesero que es fundamental.
Siguiéndote en este recorrido, se me ocurre pensar que la identidad la da la región, el suelo, la geografía, más que las divisiones políticas de frontera. Porque vos mencionaste, en ese recorrido litoraleño, tres países, en tanto con una identidad propia marcada más que por la cuestión política de la geografía.
-Sí, con características especiales en cada caso. Ese portuñol que se habla entre el sur de Brasil y Misiones es magnífico. Ahí ya no sabemos ni qué lengua estamos hablando, pero, sin embargo, todas esas lenguas contienen ese territorio. Ahí podríamos hablar de territorio.
Y luego esa niña llega de adolescente a Rosario, ¿no, Liliana?
-Sí, tendría 18 años. Fui a estudiar a la Facultad de Filosofía y Letras, como se llamaba antes, ahora se llama Humanidades y Artes. Ahí me quede, me casé, tuve mi hija y ahora mis nietos, todos rosarinos. Bueno, en Rosario también estamos presentes, en ese clima litoraleño, porque está el gigante Paraná, y Rosario no es una ciudad que le de la espalda al río, todo lo contrario, es una ciudad donde el río está muy presente.
¿Ahí te encontraste con Fito, como cuentan tus crónicas?
-En realidad me invitó a que yo registrara en discos lo que yo cantaba, porque yo cantar, cantaba desde mucho tiempo atrás, incluso desde mi niñez en mi pueblo, en Villaguay. Para llamarlo de alguna manera y con una palabra que a mí no me gusta, para ser una especie de cantora profesional, como se dice habitualmente. Profesionalmente quiere decir tener conciertos los fines de semana, grabar discos durante años, armar bandas. Después, la música es lo único que vale ahí.
Me parece que la música es una búsqueda eterna e incesante y una gran conversación con estos legados de los que hablábamos. Y en ese camino de la búsqueda, que es eterno y que cesa cuando cesa la vida de uno, uno va amasando lentamente un estilo, podríamos llamarlo una marca. Hay marca Mercedes Sosa, hay marca Margarita Palacios, hay marca Cuchi Leguizamón, hay marcas de tantos músicos.
“Me parece que la música es una búsqueda eterna e incesante”
Todas las búsquedas tienen un riesgo, ¿no?
-Pero porque el arte es riesgo, sino no es nada. Hay que estar preparada para el error, para la búsqueda, para el estudio. La música es un laboratorio y es un juego, también. Un juego responsable con una memoria.
¿En qué medida sentís, como intérprete, que pudiste imponer tus propias reglas de ese juego?
-No lo sé, fue un largo camino, la verdad. Creo que desde el principio planteamos un horizonte auditivo diferente, ni mejor ni peor que los anteriores. Y a partir de ahí empecé a pensar otro tipo de cosas. Y, después, aparecieron estas formas de cantar, de armonizar, de instrumentación.
Y ya para ir despidiéndonos, ¿qué te queda pendiente en esta larga búsqueda, Liliana?
-Todo. Yo tengo que seguir buscando. Si muriera en mí ese deseo de seguir buscando, no tendría ningún sentido seguir cantando, para mí no tendría sentido seguir cantando si cesara esa búsqueda. Lo que me queda es lo que hice, que puede también ser re-visitado, y lo que no hice, que seguramente está en algún lugar, pero que tengo que buscar, tengo que trabajar.
La música es un trabajo, en el sentido que es un laboratorio, es amor, es conocimiento del territorio en el que te movés, al que pertenecés, es descubrimiento otras canciones en las que antes no habías pensado. Esa es una búsqueda que no termina nunca.
Y claramente hay en ese recorrido un compromiso político, te hemos visto muchos veces en recitales que pedían por la libertad de Milagro. Una reflexión que quieras hacer sobre la compañera Milagro Sala.
-Para mí es una mujer extraordinario que intentó y armó una comunidad preciosa en Jujuy. Yo la conocí, a esa comunidad, y lo que había ahí era un sueño: educación, salud, recreación, todo lo que una comunidad necesita y que a veces cuando falta, como en esta pandemia, te das cuenta del error que es el hecho de que falte.
Para mí es una compañera magnífica y ojala su situación se modifique cuanto antes, porque es fundamental ella, y su pensamiento. Porque ella conoce bien vivir y crecer en un lugar sin nada, con todas las precariedades que se repiten en otras partes. Ella combatió eso con mucha fuerza y creó un barrio excepcional y una organización que defendió la necesidad de toda esa gente para que tuvieran todo lo que tienen derecho a tener.
¿Te parece que le dediquemos una canción a Milagro, qué te gustaría regalarle?
-Ya que hablamos de Milagro y de Jujuy, me gustaría regalarle una zamba del Cuchi Leguizamón, que se llama “Lavanderas del Río Chico”, que es un río que atraviesa la ciudad de Jujuy.












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