Carlos Raimundi, actual embajador argentino ante la OEA, dialogó en Radio Gráfica sobre la actualidad política y la situación de excepcionalidad que atraviesa la economía y el gobierno de Alberto Fernández, en marco de la pandemia.
El ex diputado nacional dialogó con diálogo con Gabriel Fernández, en el programa La Señal.
-¿Todavía en casa, debido a la cuarentena?
Sí, por supuesto. Se han detenido prácticamente todos los traslados, sobre todo los embajadores políticos, porque la Cancillería está centrada en la cuestión de los argentinos y las argentinas en el exterior. Y además, la situación en Estados Unidos, que es donde yo tendría que ir, es lo suficientemente complicada y la OEA está prácticamente paralizada.
-Hemos manifestado y vos lo has dicho al aire, el respaldo a la política sanitaria nacional. Ahora bien, ¿económicamente qué pasa? Vemos que los precios siguen creciendo, hay dificultades en el consumo popular y baja de salario. ¿Qué es lo que está pasando económicamente en la República Argentina, mientras se da la batalla popular en contra de la pandemia?
-Yo creo que están las dos cosas. Hay un rumbo general, que a mí me parece acertado, en cuanto al concepto. La idea de no enfrascarse en un dilema falso, que es, si prevenís la salud, destruís la economía. Porque creo que sin salud, no hay economía. Si abriéramos enseguida, generaríamos una multiplicación de los contagios que inmediatamente haría paralizar el ritmo económico, más de lo que ya está. Sospecho que en toda esa demanda permanente que hay, de que el Gobierno ceda frente a una presión económica, hay una segunda intención, mucho más perversa, que es hacerle pisar “el palito” al Gobierno.
-Pero esa es la propuesta de la Asociación Empresaria Argentina (AEA). Yo digo, desde las clases populares. Es decir, hay una situación económica popular que no es para abrir la cuarentena, hay respaldo en la cuarentena, el tema es, ¿por qué razón hacemos regresivo el PBI, en lugar de dinamizar las posibilidades futuras del mercado interno?
-Sobre la base de esa mayor conciencia social que hay de respaldo, hay que unir otros factores. El Frente de Todos tiene una base social que probablemente sea la más grande del país y la más poderosa, a pesar de que es heterogénea, tiene altos y bajos, pero es la más grande. Y ha conseguido una incipiente organización político electoral, que creo que se podría mejorar y fortalecer, porque tiene una base de apoyo sindical y pequeño-mediano empresaria. Y como decías, un 70% de consenso. Además, tiene liderazgo político y qué, como sabes, yo por mi tarea tengo contacto con personas que viven en otros países de la región y no te imaginas, Gabriel y la audiencia de la Gráfica, la diferencia que hay.
Lo que si sentimos es que hay un Gobierno que se hace responsable, los otros países de la región no. Entonces hay liderazgo, también, presidencial. Yo creo que combinando todos esos factores, hay que intervenir, hay que transformar esa conciencia social en fuerza política y en capacidad de incidir políticamente. Y ahí es donde creo que los conceptos que vierte el Presidente, hay que convertirlos en acción concreta. Creo que el rumbo es correcto. Por ejemplo, cuando hay un gobierno que sostiene que durante 3 años no va haber pago a los acreedores o que se está trabajando sobre un impuesto a la riqueza o sobre la Comisión Bicameral de investigación de la deuda. El propio ministro de Economía habló de una reforma financiera y no dio detalles. La semana pasada, el jueves o viernes, el propio Presidente reconoció la necesidad de una profunda reforma tributaria. Quiere decir que el rumbo es el correcto.
A partir de ahí, lo que hay que hacer es ir reafirmando y transitando caminos concretos. Es decir, un mayor control social de los precios y de la tasa de ganancia de cada uno de los eslabones de la cadena de formación de precios. Una intervención muy directa, del Banco Central sobre los bancos, cuando se rehúsan a entregar créditos blandos o cuando cobran comisiones excesivas. Una apelación mucho mayor a los factores de la economía social. Creo que hay muchas herramientas que hay que utilizarlas a pleno y creo que hay que hacerlo en este momento, porque es cuando se condensa el mayor poder político. Y porque en pocas semanas probablemente se agriete ese consenso, porque el pico del contagio va a ser mayor, porque el hartazgo, el cansancio de la población del encierro y de las restricciones va a ser mayor, y porque la economía va a caer más. Y lo último es ahora, porque yo no quisiera que pase un mes o dos meses y digamos ¿por qué no lo hicimos cuando teníamos más?
Creo que es el momento de la heterodoxia, es el momento de recurrir a estas nuevas herramientas y no dejarse llevar. Como le pregunto el otro día el periodista de la agencia Bloomberg a Alberto Fernández: ¿Qué consecuencias preveía él de la emisión monetaria? Ese cronista lo que hizo fue utilizar categorías neoliberales de análisis de la economía. Y nosotros no nos podemos dejar llevar por esas mismas categorías neoliberales, sino tenemos que decir que la emisión es la única política económica que se puede sostener en un momento donde el resto de las actividades y el comercio están paralizados.
-Quería charlar con vos de esto. Porque vi en la redes unos posteos que plantaste en los último días y que considero valientes. Me parece que esa es la manera de debatir y que el debate debe estar canalizado de ese modo. Porque sino estamos siempre esperando a que el Poder Ejecutivo disponga una medida, sin decir nada y sin decir nos podemos apoyar en la matriz de esta política para exigir medidas más audaces.
-Coincido con vos. Ayer o antes de ayer, en un blog que se llama “La Tecla Eñe”, que coordina Conrado Yasenza, un peronista que probablemente conozcas. Sacó una nota de Ricardo Aronskind, que habla de esto. Lo que acá falta es una bomba fuerte del campo popular, porque sino es como si estamos adaptados a no agredir, a no molestar, por temor a que la respuesta sea “somos autoritarios” o como la semana pasada, que quisieron armar una marcha contra el comunismo. No hay que tenerle miedo a esas cosas, porque los que la sostienen, en este momento, están viviendo en otro planeta directamente.
-Además, no tienen un unificador. Entrevistamos a Aronskind, aquí en el aire, ni bien empezó la pandemia, y nos dijo: “¡Che! ¿Y el sector financiero no va a poner nada en este emprendimiento colectivo?”. Y después, hace pocos días, entrevistamos a Raúl Aragón, que nos dijo: “Bueno, el respaldo se sostiene, el respaldo está presente, buen momento para desarrollar las acciones que ameritan respaldo”.
-Formamos un frente que tiene matices, aristas, sectores, costados y vertientes. Es lógico, siempre las hubo y habrá vertientes del movimiento nacional que impulsan, a quién ostenta el poder del Estado en un determinando momento, a la moderación y yo acepto eso. Pero yo formo parte de un espacio que tiene que hacerle saber al Presidente y al Gobierno que tienen el más absoluto respaldo para el coraje. Cuando digo coraje, no estoy hablando de locuras, de cosas que no tengan que ver con la correlación de fuerzas. Lo que sí estoy diciendo es que, la correlación de fuerzas se crea, también, no es un elemento estático, se trabaja.
Entonces, cuando ves que hay dirigentes que te llevan un convenio para que lo homologue el Ministerio de Trabajo y ves que la conciencia obrera no está movilizada por el liderazgo del dirigente sindical, lo tiene que hacer el Ministerio de Trabajo. Porque todos sabemos que el convenio es sagrado. La voluntad de las partes es sagrada, pero creo que hay una cosa más sagrada, todavía, que es que el salario no se baja. El salario es un derecho adquirido, es un derecho humano. Entonces, tenemos el rumbo correcto, que se han tomado medidas muy valientes y que, al mismo tiempo, quienes integramos este frente tenemos que ayudar a que se consolide ese rumbo y que se ocupen los espacios en ese rumbo valiente, que todavía no se ocuparon con la intensidad que nosotros queremos y sobre todo cuando se tiene el consenso y el poder para hacerlo.
-Finalmente, estamos observando un horizonte político donde Eurasia se reagrupa, Europa se divide, África se suma al bloque euroasiático, se hunden algunas potencias importantes que tuvieron un gran relieve hasta ahora. ¿Qué pasa con América latina, cómo activas el futuro del sur de la región que, a mi entender, tiene un lugar extraordinario para jugar en la post pandemia, si lo juega unido.
-Estratégicamente tiene un lugar extraordinario, yo coincido y lucho para eso. Creo que no va a pasar demasiado tiempo para que podamos recuperar esa iniciativa. Tácticamente estamos rodeados de gobiernos que dificultan esa situación, así es que yo creo que hay todo un trabajo político y social para hacer en los países donde los pueblos latinoamericanos se están movilizando pero todavía no consiguieron construir esa síntesis política, como si lo logramos en Argentina, para recuperar el Estado. Ahora, nada de lo que suceda en América Latina está ajeno a esa disputa tremenda, con un país que retrocede, con una potencia que retrocede.
Hay ejemplos históricos de que cuando una potencia hegemónica retrocede, no quiere ceder esos espacios y sus últimos tramos, en el camino de ese retroceso, son agresivos. No se resigna. Entonces está agarrándose de todo para que cuando él caiga, caiga lo mayor posible y se le dificulte a la potencia emergente, una nueva hegemonía. Es un tema muy amplio, pero creo que es buena esa disputa.
Yo no quiero decirle a nadie, porque tampoco es lo que pienso, que la Argentina tendría que ser igual que China. Porque la Argentina tiene una tradición. Te pongo un solo ejemplo de hechos laborales. La realidad laboral de China no sería aplicable a una cultura, a una realidad política y social como la de la Argentina. Lo que estoy diciendo es que cuando hay una potencia que disputa hegemonía, te ayuda a construir una nueva polaridad en el mundo y salir de la unipolaridad que teníamos. Y el segundo valor importante, es que yo lo que veo es que en ese eurasiático, por lo menos hasta ahora, no está resintiendo la estatalidad de nuestros países. Es decir, no está pidiéndote que tengas cada vez menos Estado. Está haciendo negocios con los estados, está haciendo acuerdos con los estados. Y cuando le ha tocado votar en foros internacionales, ha votado en favor de políticas estatales. Lo ha hecho en Irán, lo ha hecho con Siria, con Palestina, con Corea y con Venezuela. A mí me parece que una multipolaridad para salir de la unipolaridad anterior y mantener la estatalidad, la categoría y la fortaleza del valor del Estado, son cosas que esta disputa está ayudando. Por eso es que me resulta atractiva esta disputa contra el capitalismo financiero globalizado, no porque crea que tenemos que someternos a otro apoyo, sino porque creo que le abre un camino a América Latina para que recupere ese protagonismo que vos decías.
- Nota de Lucía Izaguirre.









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