Por Leonardo Martín
El Gobierno nacional asumió el 10 de diciembre pasado sabiendo que enfrentaba un panorama más que complejo. Recesión, pobreza y desempleo en alza, un esquema productivo deteriorado y un sinfín de urgencias sociales. Ni hablar de la necesidad de renegociar el voluminoso endeudamiento externo. Casi 70 mil millones de dólares con el sector privado, 44 mil millones con el Fondo Monetario Internacional. Herencia macrista. Los cuatro años más costosos de la historia argentina.
Hasta ahí una sintética descripción del escenario del 10 de diciembre. Casi 100 días después, el escenario que se presentaba conflictivo voló, literalmente, por los aires. En infinitamente más complejo. La pandemia de coronavirus está haciendo colapsar el mundo más que a nivel sanitario, sobre todo económicamente. Las previsiones de economistas marcan duras caídas, la bolsas se derrumban, el comercio internacional se paraliza, los mercados internos caen abruptamente ante un horizonte imprevisible. Hoy nadie puede asegurar cuanto se va a extender geográfica y temporalmente la pandemia de coronavirus y con ello el impacto en la economía.
Este es el duro escenario que afronta el gobierno del Frente de Todos. A los problemas heredados se suma el coronavirus, un verdadero cisne negro que pone a prueba la capacidad del gobierno de pilotear la crisis en un verdadero marasmo. Tiene mucho para perder y con ello el país y las mayorías populares. Perdón por el lugar común, pero cuando se habla de que toda crisis es una oportunidad, esta puede ser la del gobierno nacional y popular de consolidar y afirmar un liderazgo político que supere sus propias bases. Si atraviesa exitosamente esta crisis se consolidará políticamente. Ahora la pregunta es, ¿está haciendo bien las cosas para afrontar la pandemia de coronavirus?
El escenario económico y social en que asumió Alberto Fernández era muy complejo. 100 días después es infinitamente más complejo.
Los hechos ocurridos especialmente en Italia y España con una enorme cantidad de contagios y muertes encendieron todas las alarmas. Mostraron el camino de que era necesaria una acción rápida y contundente, con un Estado potente para manejar la crisis, moviendo todos los resortes del Estado para evitar la epidemia, pero también para atenuar el impacto social por la crisis económica. Obligó a cada repartición del Estado a trabajar a contrareloj y afrontando una situación de crisis que no tiene antecedente en la historia reciente del país.
El tiempo dirá el éxito de las medidas, pero es innegable que el Estado viene actuando con mano firme para tomar decisiones trascendentes y en los últimos días ha tomado muchas de ellas. Sin vueltas, suspendió clases y semiparalizó la actividad para evitar la circulación de personas; desplegó medidas económicas para aminorar la previsible caída como son los anuncios de líneas de crédito, partidas presupuestarias extras para obra pública, aumentos de emergencias para jubilados y aquellos que reciben AUH; expresó la voluntad de hacer un control férreo sobre los formadores de precios castigando la especulación, anunció la construcción de hospitales de emergencia, reconfigurará el trayecto educativo del año. Un Estado presente, desplegando las herramientas disponibles en un escenario de crisis.
En las próximas horas, tomará más medidas con el objetivo de evitar la propagación del virus a partir del “distanciamiento social”. Se prevé una cuarentena más estricta que la que hubo en estos días buscando que los ciudadanos y ciudadanas cumplan con el aislamiento. Menor exposición, menos contagio y diversificación del virus. Nadie sabe cuál será la duración de la pandemia, pero el plan de contingencia es a más largo plazo que dos semanas. Las mismas medidas contienen una duración que se extenderá por los próximos meses.
Ante la crisis hay un Estado presente, activo. Desplegando un menú de herramientas para atravesar esa crisis.
Sin estridencias ni sobreactuaciones el Gobierno está al mando de la crisis. Trabajando para evitar el contagio masivo, otra vez tomando medidas para que los sectores más vulnerables tengan herramientas y recursos para atravesar un período turbulento. Ya habrá tiempo de atender el déficit fiscal. Primero la urgencia.
Un comentario habitual, en las redes sociales, un poco en broma, un poco en serio, es “menos mal que esta crisis no nos tocó con Macri presidente”. ¿Imaginan afrontar esta crisis sin un visión del Estado interviniendo en la vida social, sin Ministerio de Salud, sin políticas anticíclicas, con un ajuste económico permanente y con funcionarios sin preparación y pensando en cómo hacer un negocio personal con la crisis? Eso hubiera ocurrido con el macrismo. El marketing no hubiera alcanzado para maquillar la estrechez de miradas, la incapacidad y una visión política ajena a las grandes mayorías. Es decir, un seguro desastre.
ESTADO NEOLIBERAL VS ESTADO FUERTE Y ACTIVO
Quizás es muy rápido para sacar conclusiones sobre los efectos políticos a nivel global de la pandemia de coronavirus, pero como en toda gran crisis suele haber un reacomodamiento de las placas tectónicas. Sin dudas, junto al atentado (?) a las Torres Gemelas, son los dos momentos de mayor conmoción pública en lo que va del siglo.
Un debate que vuelve a estar en el centro de la escena: el rol del Estado. Tras la caída del Muro de Berlín y de la Unión Soviética, del triunfo neoliberal de las décadas del 80 y del 90, el neoliberalismo cuestionó sistemáticamente el rol de Estado. Lo redujo, le quitó capacidad de control y herramientas estratégicas. En algunos países de modo más profundo, en otros en menor medida. La letanía neoliberal dice que el sector privado administra mejor los recursos, que es más eficiente, que evita la corrupción de la política. Lo que en realidad busca es rentabilidades sin control y un Estado que salga al rescate de esos sectores en los momentos de crisis.
La contracara fue el progresivo desarme del Estado de Bienestar, de sus funciones esenciales como manejar la salud, la educación, privatizando las empresas estratégicas para el desarrollo económico. Momentos de crisis como el que despertó con el coronavirus vuelve a mostrar la necesidad de contar con un Estado activo, que cuente con recursos económicos y herramientas de control, que ponga en caja las ambiciones privadas de negocios en desmedro del bien común.
En esta parte del continente hubo altos y bajos. Del abrazo generalizado a la receta del Consenso de Washington en los 90, al cambio de visión con la irrupción de los gobiernos populares, la vuelta al neoliberalismo. Hoy Argentina es una rara avis. Fue y vino, fue y volvió otra vez. La disputa sigue abierta, hasta ahora ninguna victoria fue definitiva.
El coronavirus evidenció que es necesario un robusto sistema de salud público, sin ánimos de lucro con la salud. En nuestro país se da una particularidad, el sistema solidario de obras sociales manejado por los sindicatos que atiende a 20 millones de trabajadores. El paso del tiempo ha mostrado, como todo, con casos más virtuosos que otros, que las obras sociales sindicales han estado a la altura del desafío central: cuidar la salud de trabajadores y trabajadoras. Es otro punto a robustecer frente a los que ven en la salud una mercancía y una oportunidad de hacer fabulosos negocios financieros.
“El coronavirus evidenció que es necesario un robusto sistema de salud público, sin ánimos de lucro con la salud”.
Volviendo a la mirada global. ¿Representará esta crisis un punto de quiebre? ¿Significará un retroceso en los procesos de globalización? ¿Qué rol tendrá en las disputas geopolíticas de las principales potencias? ¿Que alcance para las economías de los países como Argentina? El Gobierno está ante el desafío de encontrar una respuesta veloz a estos interrogantes, cuánto más rápido lo haga más afirmará su capital político.
Por último, en el escenario de renegociación del endeudamiento externo. La crisis afirma la postura de que no es posible el pago en las condiciones pactadas. No lo era antes, ahora directamente es imposible. Hay solo dos caminos, salida negociada posponiendo pagos, recortando intereses y capital o el simple y llano default y allí se verá.
Pasando en limpio. Recuperación de un Estado activo en el control de la economía dotado de un amplio menú de herramientas, control y sanciones para los especuladores, una producción orientada al bien común, sin ambiciones desmedidas. En ese camino una última observación, apoyarse en las organizaciones libres del pueblo como son sindicatos y organizaciones populares que conocen en profundidad los diferentes sectores de la economía y la vida nacional, que proveen el colchón social ante posibles desbordes ante una eventual crisis y son un sostén imprescindible al momento de tomar decisiones que pueden afectar intereses consolidados.
El Frente de Todos, el peronismo, tiene un partido trascendental, de esos que determinan el futuro. Si controla la epidemia, si logra encauzar las variables económicas, diseñar políticas junto a las organizaciones gremiales y organizaciones populares y renegociar el endeudamiento externo consolidará su potencia política. En ese caso, el campo nacional y popular prolongorá su vitalidad política. Los malditos 70 años sumarán más millas en la historia argentina.











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