Occidente en busca de un conflicto extendido. La propaganda sobre presuntas intenciones bélicas de la Federación de Rusia se acrecienta en Europa. Al final, un cierre más cercano.
Por Gabriel Fernández *
El esquema ha funcionado. Sin brillantez, sin grandes proyecciones geopolíticas, pero ha funcionado. En el año 2014 el centro occidental promovió un golpe de Estado contra el gobierno legítimo de la República de Ucrania. Su presidente, Víktor Fiódorovich Yanukóvich, que había llegado a la primera magistratura con el 52 por ciento de los votos, fue desplazado. El impulso del Maidán llevó a Petro Poroshenko a la cúspide, pero no resultó lo bastante anti ruso como para perdurar.
Poroshenko fue declarado sobre fines del 2021 sospechoso de alta traición en el marco de una causa penal por facilitar la venta de carbón procedente de las regiones habitadas por los separatistas prorrusos en el Donbás. “El quinto presidente de Ucrania es sospechoso de participar en una conspiración que incluía a altos representantes de Rusia para favorecer las actividades de las organizaciones terroristas República Popular de Lugansk y República Popular de Donetsk”, dijo el Buró Estatal de Investigaciones.

EL AGENTE DE KAOS. Como sabe el lector, ni Lugansk ni Donetsk son organizaciones terroristas, sino pueblos que se consideran parte de la Federación de Rusia. Antes, el comediante Volodímir Oleksándrovich Zelenski venció en unos muy objetados comicios realizados en 2019. Desde entonces y hasta el 2022, su gobierno vapuleó con denuedo a las poblaciones indicadas forzando la intervención de la nación que conduce Vladimir Putin en su defensa, iniciando la Operación Militar Especial destinada a desnazificar el territorio ucraniano.
Ante una renovada ofensiva europea para expandir el litigio, Rusia declaró que podría tomar represalias contra Gran Bretaña por el apoyo de Londres a Kiev para atacar objetivos tanto dentro como fuera de Ucrania. Este panorama se despliega en medio de especulaciones acerca del sentido profundo del diálogo entre el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos, John Ratcliffe, y el titular del Servicio de Inteligencia Exterior y miembro permanente del Consejo de Seguridad de Rusia, Serguéi Naryshkin.
Este narrador estima que esa conversación, que se concretó cara a cara -lo cual implica que sus protagonistas necesitaban anular toda posibilidad de interferencias y escuchas-, es continuidad de la realizada entre los líderes norteamericano y ruso en Anchorage, Alaska. Es que Donald Trump y Vladimir Putin están necesitados de hallar y articular un interés común para poder salir de las dificultades generadas por los costosos emprendimientos bélicos que caracterizan al período. Esos contrastes flamígeros -la frontera euroasiática y Asia occidental son la punta del iceberg de los factores de ebullición- merecen evaluarse un éxito de las corporaciones financieras y sus adláteres, las armamentísticas, para retrasar el proceso de desarrollo multipolar.
JUGANDO CON FUEGO. El primer ministro inglés, Andy Burnham, declaró el 24 de agosto que Gran Bretaña permitiría a Ucrania acceder a tecnología clasificada para producir sus propios misiles de crucero de largo alcance Storm Shadow. Francia también accedió a proporcionar tecnología de misiles a Kiev. Entonces, Maria Zajarova, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, afirmó el 27 de agosto que Gran Bretaña y Francia estaban “jugando con fuego”.
En contra réplica, el ministerio de Defensa británico reafirmó el apoyo a Ucrania. «Gran Bretaña apoya a Ucrania y nos comprometemos a proporcionarle el equipo necesario para que se defienda… Rusia no debe dudar de la determinación de este gobierno para contrarrestar la agresión rusa, ya sea en Ucrania o contra Gran Bretaña y nuestros aliados», planteó la cartera.
Según The Wall Street Journal, la visita del director de la CIA, John Ratcliffe, a Moscú el 25 de agosto se produjo después de que la Inteligencia estadounidense evaluara que Rusia podría estar planeando poner a prueba la respuesta de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) con un ataque limitado contra un país aliado. Esta acción podría abarcar desde un ciberataque hasta una infiltración a pequeña escala, quizás en un país báltico.
LA VERDAD, UNA CONSTRUCCIÓN. Al ser consultado al respecto, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, declaró: «Actualmente se está publicando mucha información alarmista de este tipo. Por supuesto, no refleja en absoluto la realidad y no tiene nada que ver con las intenciones de la Federación Rusa». Como en el tramo previo funcionó, se pretende reiterar el esquema, algo que ha sido apuntado en el origen de este artículo. Sucede que al emisor occidental no le importa si su decir contiene verdad; solo necesita que las cercanías geopolíticas escuchen, afirmen creerlo y actúen en consecuencia.
Lo curioso es que, con los indicadores concretos a la vista, pocos gobernantes del (museístico) Viejo Continente siguen delineando las perspectivas de sus territorios en sintonía bélica, cuando la crisis energética y las complicaciones para el desarrollo industrial constituyen los elementos más significativos del presente. Las recientes marchas de los obreros de Volkswagen en Alemania, las protestas sociales registradas en Francia contra los recortes estatales y las marchas en Bélgica contra el desfinanciamiento educativo, entre otros movimientos poco difundidos, permiten entender el presente mucho mejor que los diagnósticos falaces sobre la preparación de hipotéticos ataques pergeñados en distintas zonas de Asia.
Tanto Rusia como los Estados Unidos intentaron bajar el tono a la reunión entre Ratcliffe y Naryshkin. El 26 de agosto, el presidente estadounidense Donald Trump describió la visita como simplemente “semirutinaria“. El mandatario estadounidense declaró a Axios que Ratcliffe llegó a Moscú “sin ningún mensaje” y afirmó que la reunión no tuvo “nada de particular”. Cuando los periodistas le preguntaron sobre los rumores acerca de una advertencia a la potencia euroasiática, deslizó “No quiero hacer comentarios al respecto, pero no van a atacar“.
El nuevo y enredado panorama se despliega tras una oleada de acciones rusas sobre variados distritos ucranianos con misiles y drones. La semana que concluye resultó especialmente intensa en ese sentido. Los medios atlantistas no pueden ocultar lo que sucede, pero si forzar su percepción. De allí que The New York Times haya indicado que “Funcionarios ucranianos afirman que Rusia acumula misiles y lanza ataques de gran envergadura cada pocos días, con la esperanza de agotar las defensas ucranianas por el peso de los números. En respuesta, Ucrania ha atacado objetivos de alto perfil en territorio ruso en un contexto de destrucción mutua”.

UN MOVIMIENTO ORIGINAL. Bien. ¿Cómo lograr desenmascarar a los protagonistas que operan tras el telón, sin construir una escenografía proclive a la expansión bélica tan ansiada por Occidente? Zajarova afirmó que Londres está “a un paso” de convertirse en cómplice legal de lo que denominó como “terrorismo” contra la población civil rusa, algo que tendrá “consecuencias catastróficas” a menos que el Reino Unido cambie de rumbo. “Hemos advertido en repetidas ocasiones de que cualquier instalación y equipo militar británico en Ucrania y más allá de sus fronteras podría ser objeto de ataques en respuesta a los ataques ucranianos contra territorio ruso llevados a cabo con armas británicas”, afirmó la portavoz.
“Proponemos que los dirigentes británicos analicen una vez más de forma detenida la situación y abandonen de inmediato, de la manera más resuelta e inequívoca, la línea hostil y agresiva, que solo puede (…) crear el riesgo de que el conflicto se intensifique hasta alcanzar un nivel completamente nuevo”, añadió. Zajarova lanzó su advertencia un día después de que Moscú acusara a Kiev de disparar misiles británicos Storm Shadow contra un centro comercial en la ciudad de Donetsk, alineada voluntariamente con Rusia, en un ataque que, según afirmó, causó heridos entre la población civil, incluidos niños. Vale recordar que Francia admitió conceder la licencia de la tecnología de este misil europeo.
El horizonte internacional se ha puesto aun más interesante y en cierto punto, original. Es que la resolución de la Corona Británica y el MI6 de ubicarse al frente de la campaña anti rusa implica el liderazgo de una política que conjuga los intereses profundos de las corporaciones, el tándem Davos OTAN y parte de los estados alineados. En el tramo reciente, no ha sido la táctica habitual. Vale reconocer sagacidad en el rumbo aunque la causa resulte deplorable. Por qué no hacerlo a través de Sun Tzu: “No repitas las tácticas que te han ganado una victoria, haz que tus métodos sean regulados por la infinita variedad de circunstancias”.
CUBA. Finalmente, una consideración que quizás sirva difundir. La profundización del bloqueo estadounidense a Cuba está originando una crisis humanitaria de gran dimensión. Desde ya, sin fundamento alguno. No existe registro de actividades hostiles isleñas que justifiquen semejante hostigamiento. Lo que el gobierno de los Estados Unidos no puede lograr en las zonas incandescentes que se analizan en estas páginas, pretende equilibrarlo con victorias sencillas por volumen armamentístico y cercanía geográfica. Sin embargo, existe un problema para que se concrete aquello que los miserables espacios comunicacionales designan como “la caída del régimen”.
La cuestión es que Cuba es un faro, una referencia que a lo largo de 67 años ha ofrecido esperanza de un futuro mejor a la humanidad y ha entregado ayuda en el rubro salud pública a todo el que lo ha requerido. Incluidas las desdeñadas víctimas de los atentados de falsa bandera contra las Torres Gemelas en territorio norteño. Cuando se necesitó un médico, cuando se demandó un medicamento, Cuba estuvo allí, sin pedir nada a cambio. Este periodista, que por varios años trabajó orgullosamente en la Agencia Latinoamericana de Noticias Prensa Latina, estima que esa trayectoria vibrante no solo inyecta ímpetu en dimensión discursiva, sino también vigor resistente para afrontar los ataques.
La isla revolucionaria no será un hueso fácil de roer.
- Area Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal











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