Por Carlos Aira
Sin saber qué pasará aún en los 35 días que tenemos por delante de Copa del Mundo, queda muy claro que la bendita “Pausa de Hidratación” es, hasta ahora, la dueña absoluta de todas las miradas. Exigida desde hace décadas por la voraz industria estadounidense del entretenimiento, su rol estrictamente comercial atenta de manera directa contra el espíritu del juego. Con un freno estratégico clavado entre los 22 y 25 minutos de cada tiempo, el fútbol pierde su ritmo natural —ese proceso de armado, desgaste y concreción— en nombre de los santos intereses de la Diosa publicidad.
El asunto es de una gravedad y merece un análisis profundo. Al público futbolero tradicional, estos tres minutos de tanda televisiva le resultan sencillamente insoportables. Para los deportistas, también. El primero en alzar la voz fue Virgil van Dijk. El recio defensor holandés criticó la argucia publicitaria luego del vibrante empate entre su selección y Japón, señalando sin casete: “Las pausas de hidratación son algo curioso; he estado viendo casi todos los partidos hasta ahora y, cada vez que se pasa a publicidad, resulta un poco… Bueno, la verdad es que no me gusta mucho”.
Los únicos capaces de frenar este despropósito que atenta contra el espectáculo verdadero son los propios futbolistas. Para ello, claro, tendrán que salir de su zona de confort, plantar bandera y señalar que esos tres minutos de corte comercial son un tumor dentro del desarrollo del juego.
Pero también hay que comprender el trasfondo cultural de la maniobra. Nosotros crecimos amando un juego que tarda en construirse, una obra que se teje con la paciencia de un artesano y donde los marcadores no cambian cada treinta segundos como en el básquetbol. La cultura global de hoy, en cambio, adora la inmediatez líquida. Como en el fútbol no la encuentra, las almas moldeadas por el consumo rápido —aquellas que necesitan que todo suceda a la velocidad con la que se actualiza una aplicación en la pantalla del teléfono celular— no logran digerir una competencia con estos parámetros cronométricos. No los estoy justificando; tan solo analizo una preocupante tendencia que venimos denunciando desde hace tiempo en el aire de Abrí la Cancha.
Para colmo de males, en nuestro propio gallinero ya asoman los primeros apologistas locales de los “cuatro tiempos“. Aceptar este atropello por acción u omisión no es otra cosa que sumisión o una triste obediencia debida hacia los dictados del norte.
Desde aquel doloroso 25 de noviembre de 2020, no paro de escuchar la misma frase en las mesas futboleras: “¡Si estuviera vivo Maradona, las cosas que diría de esto!“. Y es una verdad de Perogrullo. Diego hoy estaría despotricando, y con ganas, contra la conducción de la FIFA; prendería fuego las decisiones políticas de Donald Trump y, sin dudas, se solidarizaría públicamente con la delegación de Irán y tantas otras que padecieron controles migratorios humillantes al ingresar a los Estados Unidos. Pero, por sobre todas las cosas, el Diez estaría señalando varias verdades sobre la dichosa pausa de hidratación. La realidad es la que es: los únicos que pueden ponerle un freno al desatino son los jugadores que están dentro de la cancha. Pero para eso, claro, se necesita coraje.
Una última perla de estos tiempos de cinismo, pausas comerciales y ausencias irreparables. ¡Qué profunda tristeza da sintonizar las transmisiones y ver una publicidad de Diego generada por Inteligencia Artificial, sobre todo cuando la están utilizando para vender timba y apuestas deportivas! Verdaderamente insoportable.
DIGNIDAD CABOVERDIANA ANTE LA OPULENCIA ESPAÑOLA
Vamos al juego, y el juego sigue siendo apasionante. ¿Quién hubiera creído que la humilde Cabo Verde, en su debut absoluto en las citas máximas, le plantaría cara de igual a igual a la todopoderosa España? Eso fue exactamente lo que sucedió sobre el verde césped del Atlanta Stadium.
La muralla caboverdiana demostró una inteligencia ajedrecística, un sentido del sacrificio conmovedor y, con el asombroso dato de haber cometido una sola infracción en los noventa minutos, maniató al equipo que su propio entrenador, Luis de la Fuente, candidateó sin ponerse colorado para ganar esta Copa del Mundo. El bloque defensivo africano, compacto, solidario y ordenado en bloque bajo, neutralizó cada avance por las bandas de Marcos Llorente por la derecha y de Marc Cucurella por la izquierda. La gran figura de la jornada fue Vózinha, el eterno arquero de 40 años, quien descolgó cada centro y actuó con una seguridad espartana en cada intervención.
Pero en la inmensa virtud de los caboverdianos habitó el pecado de España. Mucho nombre propio rutilante, mucho cartel de Barcelona y Real Madrid, mucho valor de mercado en millones de euros para las estadísticas, pero un esquema de juego absolutamente previsible, aburrido y carente de rebeldía. En esa alarmante falta de ideas encontramos la respuesta a la jornada soñada de los isleños.
Dicho sea de paso, ¡qué manera de festejar en Dock Sud, en Ensenada y en las diagonales de La Plata! La migración caboverdiana tiene un arraigo profundo y fundacional en la historia de nuestro país. Mixturados con el tejido social de nuestra patria, los hijos de aquella isla situada frente a las costas de Senegal —colonia portuguesa hasta su independencia en 1975— también dejaron una huella imborrable en nuestro fútbol.
De allí viene la estirpe de Ayrton Costa, el actual zaguero de Boca Juniors; o más atrás en el tiempo, un crack de galera y bastón como el inolvidable José Ramos Delgado, el Negro, capitán de la Selección y mundialista en Suecia 1958 y Chile 1962.
¿Y sabían que un caboverdiano se coronó campeón en la Primera División de nuestro fútbol? Adriano Tomás Custodio Mendes llegó a la Argentina con apenas 14 años y se dio el gusto de dar la vuelta olímpica con aquel Estudiantes de La Plata de Eduardo Luján Manera en el Nacional 1983, para luego tejer una extensa campaña en el ascenso y convertirse, hasta el día de hoy, en un ídolo del Club Atlético Temperley. Si quieren conocer su historia les recomiendo que la escuchen en las Charlas de Vestuario de Abrí la Cancha.
BELGICA Y EGIPTO NO DEFRAUDARON
En la sede de Seattle, Bélgica y Egipto igualaron 1 a 1 en un cruce sumamente intenso correspondiente al Grupo G. Los egipcios sorprendieron a propios y extraños en el primer tramo del encuentro, plantando bandera y poniéndose en ventaja gracias a un verdadero golazo de Emam Ashour, quien metió un remate formidable desde la medialuna del área grande.
A los Diablos Rojos les costó horrores asimilar el golpe y recién lograron arañar la igualdad ya bien entrado el complemento, gracias a un gol en contra del defensor Mohamed Hany que contó con la indispensable y prepotente participación física de Romelu Lukaku para forzar el error. En el epílogo del partido, Bélgica arrinconó con más ganas que fútbol a su rival y generó un par de situaciones de neto peligro, pero careció de la puntada final para concretar la remontada. Fue un reparto de puntos que, al final del camino, terminó dejándoles un sabor agridulce a ambos.
¡QUE CERCA ESTUVISTE, URUGUAY!
Hace un siglo atrás, Racing Club tuvo un crack de época llamado Alberto Ohaco. El hombre solía utilizar un gorro de la tradicional tienda Gath & Chaves, ese modelo que hoy popularmente conocemos como Piluso. Ohaco tenía una particularidad: siempre aparecía en las fotos del equipo con la cabeza agachada, clavando la mirada en el suelo. El mito popular de la época decía que la costura venía por el lado del orgullo: alguna vez un fotógrafo mezquino no le quiso regalar una copia de un retrato y, desde ese instante, el delantero decidió echarle a perder el floreciente negocio a la fotografía deportiva de la época. Pasado un siglo de aquella rebeldía, Marcelo Bielsa hizo la “Gran Ohaco” en tierras norteamericanas y también agachó la cabeza, solemne, durante la presentación protocolar de cada equipo. ¡El Loco tiene cada cosa!
Ya dentro del verde césped del Rose Bowl, la Celeste no pudo quebrar a Arabia Saudita en un partido donde los orientales hicieron absolutamente todo el gasto de la jornada. Salvo en el último cuarto de hora de la primera etapa —cuando Arabia Saudita tomó por asalto el control de la pelota y llegó a la apertura del marcador gracias a una inesperada siesta de la última línea uruguaya—, el equipo de Bielsa fue el protagonista excluyente del espectáculo.
En la segunda etapa, Uruguay se acordó de su estirpe y generó media docena de situaciones netas de gol. Sobre todo, el vendaval se desató luego del merecido empate conquistado por Maximiliano Araújo. El combinado dirigido por Marcelo Bielsa —quien siguió las acciones fiel a su costumbre, sentado arriba de la heladerita de plástico— mostró una enorme actitud en el complemento, arrinconó a su rival y mereció largamente llevarse la victoria ante el siempre prolijo elenco de Medio Oriente. Se escaparon dos puntos, pero quedó la certeza de que el sello de identidad está intacto.
El acero iraní en el tablero geopolítico y la cuenta regresiva para el debut nacional
¿Cuánto se viene hablando de Irán en esta Copa del Mundo? El asunto, como era de esperarse, trasciende por completo lo que sucede dentro del rectángulo de juego y tiene que ver, fundamentalmente, con los hilos invisibles de un endeble y siempre tensionado tablero político global. En ese contexto de miradas de reojo, Irán se plantó ante Nueva Zelanda y, en un verdadero partidazo, terminaron igualando 2 a 2. Los asiáticos plantearon un encuentro de transiciones rápidas y una altísima presencia en ambas áreas, quemando las naves especialmente durante los primeros cuarenta y cinco minutos. Los neozelandeses estuvieron dos veces arriba en el marcador, pero por propuesta y ambición, fue Irán quien estuvo muchísimo más cerca de llevarse los tres puntos hacia Teherán.
Entre nosotros: en nuestra patria futbolera nos encargamos de hacer famoso a Tim Payne, un rústico lateral derecho de los kiwis; pero el verdadero jugador a seguir en este grupo es el lateral derecho de los persas. ¡Qué fenómeno este Ramin Rezaeian! En el primer gol de su equipo, habilitó con una sutil cachetada de tres dedos a su compañero, fue a buscar la descarga y, cuando recibió la pared, definió con el mismo e idéntico recurso. Ya en el complemento, mandó un centro perfecto para la cabeza goleadora de Mohammad Mohebbi. El muchacho ya acusa 36 abriles en el lomo, mide un imponente 1,89 metros, defiende los colores del Foolad Khuzestan en su liga local y carga con el merecido apodo del Hombre de Acero. ¡Mirá vos qué joya nos veníamos perdiendo!
Mientras hacemos la cuenta regresiva con el corazón en la boca, esperamos por la hora de la verdad para la Argentina. Este martes, en el marco del Día 6 de competencia, el campeón del mundo inicia la defensa de la corona debutando ante la siempre física Argelia. Un partido para morderse las uñas que vamos a vivir, sufrir y gozar todos juntos en el stream mundialista de Radio Gráfica, junto a Lautaro Fernández Elem, Nicolás Podroznik, Mauro Negro, Giuliana Vigilante y un equipo técnico de primerísimo orden. ¡Prendan el oído y la pantalla, que juega la Selección y lo vivís en Radio Gráfica!
(*) Periodista / Conductor de Abrí la Cancha / Autor de Héroes de Tiento y Héroes en Tiempos Infames.











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