El trasfondo de la reunión entre Lula y Trump. Brasil, clave para la integración y el desarrollo regional. Al mismo tiempo, esencial para los países BRICS. En Asia occidental, se despliega la multipolaridad pese a la interesante gambeta de los Emiratos. Putin propone. Europa se sigue sacrificando contra sí misma.
Por Gabriel Fernández *
Una delegación brasileña, liderada por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, se reunió pocos días atrás con una estadounidense, orientada por el presidente Donald Trump. Se trató del primer encuentro en los Estados Unidos entre ambos mandatarios. Se habían entrevistado en 2025 a la vera de la cumbre de líderes de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático en Malasia. El cónclave reciente, que se extendió tres horas, incluyó el comercio bilateral, con los aranceles como epicentro, tierras raras y postura del Norte frente a América latina. Entre otros asuntos.
Algunos temas quedarán lejos de la difusión pública. Durante una conferencia de prensa ofrecida tras la reunión en la Casa Blanca, Lula informó que sugirió a Trump que debía “volver a fijarse en nuestros productos otra vez”. También que le manifestó la importancia de re fortalecer el comercio entre ambas naciones y que el gobierno norteamericano tiene que observar la situación latinoamericana “más allá del narcotráfico”.
Vale recordar que, por décadas, los Estados Unidos se configuraron como el mayor socio comercial de Brasil. Sin embargo, en los años recientes la República Popular China ingresó con vigor en el juego y comenzó a adquirir gran cantidad de mercancías brasileñas. “Le dije a Trump que necesitaba volver a fijarse en nuestros productos. Le dije que debía dejar de ver a Latinoamérica solo como un lugar de narcotráfico; tenemos mucho que ofrecer”. El diálogo con la prensa se concretó en la Embajada su país en Washington.
El jefe de Estado sureño puso de relieve que el encuentro implicó “un paso importante hacia la consolidación de la histórica relación entre Brasil y los Estados Unidos”.
Al hacer referencia a los aranceles, Lula afirmó que, dentro de un mes, aproximadamente, se concretará otro intercambio para discutir sobre los gravámenes en productos específicos. Sus consideraciones fueron evaluadas por los medios internacionales como un viraje en la postura brasileña, ya que meses atrás había indicado que no estaba dispuesto a considerar el tema. Sin embargo, es sabido que en ocasiones resulta preciso tomar otro sendero para reafirmar el rumbo.
Cabe recordar que en 2026 la administración trumpista impuso a Brasil aranceles muy altos. En la actualidad, los mismos quedaron sin vigencia debido a una resolución de la Corte Suprema norteamericana difundida el pasado febrero. Como contracara, un arancel general del 10 % que Trump impuso enseguida mantiene presencia económica entre los dos países. Al respecto Lula se mostró “optimista” y realzó que “Nos interesa mucho que Estados Unidos vuelva a invertir en Brasil”.
Varios de los funcionarios que entornaron al metalúrgico expresaron a su vez que el objetivo de la próxima reunión será lograr que el líder republicano anule los aranceles del 10 % contra productos brasileños y los involucrados en la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, que requiere que el Representante Comercial de los Estados Unidos realice investigaciones sobre acciones comerciales excesivas de países extranjeros. En ese sentido, el presidente brasileño deslizó que todo está para ser conversado y, eventualmente, modificado: “Trump no habló específicamente sobre la investigación bajo la Sección 301, así que yo tampoco”.
El otro punto de interés para Trump refiere a los minerales de tierras raras. El rubicundo viene buscando acuerdos con Groenlandia y Ucrania, después de los roces conocidos. Las tierras raras configuran 17 elementos metálicos de la tabla periódica. La denominación, vale subrayar, no informa sobre los rasgos intrínsecos de esos minerales; de hecho son abundantes, pero su extracción y procesamiento son complejos y costosos. Los tierras raras resultan básicas para las tecnologías de uso habitual y decisivos para los nuevos desarrollos. Al ser indagado sobre si Brasil admitirá inversiones norteamericanas al respecto, enfatizó que su país “busca inversiones de todo el mundo”. Por si quedaban dudas, precisó que “Hablando de tierras raras, no tenemos preferencia sobre quién compra todos los minerales; cualquiera que quiera trabajar con nosotros para ayudarnos a utilizar este recurso natural, es bienvenido a venir a Brasil”.
El acercamiento se produce cuando las realidades internas de ambas naciones evidencian turbulencias. A las ya analizadas en esta secuencia sobre las complicaciones norteamericanas -rechazo público a la guerra en Asia occidental, endeudamiento e inflación, desindustrialización, represión puertas adentro, denuncias de pedofilia-, se le añaden las fricciones brasileñas: Lula padece un descenso de su popularidad, algunos traspié en el Congreso, en tanto se conocieron sondeos que miden un empate técnico con Flavio Bolsonaro, hijo del ex mandatario de facto Jair Bolsonaro, hasta ahora ligado a Trump.
En esa dirección, el brasileño respondió a una pregunta sobre posibles interferencias en las elecciones previstas para el mes de octubre. “Si intentara interferir en las elecciones de Brasil, perdería, porque yo ganaría”. Pero no se quedó ahí. Explicó que su vínculo con Trump resulta sincero y que con esos parámetros de confianza “no creo que él vaya a tener ninguna influencia en las próximas elecciones de Brasil”. “Nuestra relación es realmente buena, algo que mucha gente no creía posible en tan poco tiempo. Amor a primera vista, mucha química”, sorprendió Lula.
Si se aguardaban definiciones sobre otros asuntos espinosos, las mismas quedaron para más adelante. Acerca de Venezuela, nación atacada por los Estados Unidos en enero para capturar sin argumentos concretos al presidente legítimo Nicolás Maduro, el jefe de Estado sureño aseveró que Trump considera que la situación “está resuelta”, al igual que la guerra en Irán. Estas palabras no implican acuerdo con lo actuado, y Lula lo dejó claro al subrayar “Creo que la invasión de Irán causará más daño de lo que él piensa”, dijo, e informó que entregó a su colega el acuerdo de Brasil con Irán en materia de armas nucleares de 2010, “que es mucho mejor que el que tenían los Estados Unidos”.
Con respecto a Cuba, amenazada reiteradamente por Trump y varios de sus funcionarios, Lula dijo que estaría “feliz de ayudar” en el rubro diplomático. Pero, sobre todo, lanzó una noticia de relieve: indicó que Trump le aseguró que no quiere invadir la isla revolucionaria. Sin desdecir el informe, resulta válido recordar que con el estentóreo nunca se sabe, pues su decir articulado en trombas parece destinado a generar confusión.
Por su parte, con laconismo, Trump dijo que su reunión con el presidente de Brasil “salió muy bien”. “Acabo de concluir mi reunión con Luiz Inácio Lula da Silva, el dinámico presidente de Brasil. Discutimos muchos temas, incluyendo comercio y, específicamente, aranceles. La reunión salió muy bien”, narró Trump en Truth Social. Puntualizó que ambas partes planean continuar las conversaciones en los próximos meses. “Nuestros representantes tienen previsto reunirse para discutir ciertos puntos clave. Se programarán reuniones adicionales en los próximos meses, según sea necesario”, escribió el presidente norteño.
Desde estas Fuentes se consideró necesario afrontar lo acaecido a través de analistas adentrados en la temática estadounidense – brasileña. Así, se recurrió a Julio Fernández Baraibar, autor de Un solo impulso americano entre otros trabajos sobre América latina y coordinador del Comité Nacional BRICS (ConaB) y a Víctor Mastrángelo, periodista especializado en internacionales, también integrante del espacio mencionado.

VOCES E IDEAS.
Julio Fernández Baraibar
GF – ¿Cuál es el objetivo esencial de la reunión entre Lula y Donald Trump? En particular ¿qué busca el presidente brasileño con este acercamiento?
JFB – Brasil es la principal potencia económica, el mayor país y el de mayor población de América Latina. Históricamente, desde el siglo XIX ha tenido una especial relación con los EE.UU, sobre todo a partir de su, por entonces, principal exportación, el café y, luego, el caucho. A partir de 1865, recién terminada la Guerra Civil, los EE.UU. se convierten en los principales importadores del café brasileño. A partir de 1870, cuando suprimen las tasas de importación sobre este producto, más de la mitad del café exportado por el Brasil es comprado por aquel país, en vertiginosa expansión económica e industrial. El 60% del caucho brasileño era vendido en el mercado norteamericano, que también se convertiría, poco después, en el principal comprador del cacao del Brasil. La economía brasileña dependía de las exportaciones a EE.UU del mismo modo que, en esa época, la Argentina se organizaba alrededor de sus ventas de carne y trigo al Reino Unido. El Barón do Rio Branco, ministro de Relaciones Exteriores de la Republica Velha, fue el artífice de esto que un autor norteamericano llamó “la Alianza no Escrita”.
Ya en 1933, y por primera vez en la historia del Brasil, el valor de la producción industrial superó al de la agricultura. Más aún, la industria se convirtió en la principal fuente de ingresos para el gobierno y la participación de la actividad económica urbana en el producto bruto se duplicó entre 1929 y 1933. No obstante ello es necesario recordar que el país participó en la Segunda Guerra Mundial, junto a los aliados, y más de 200 soldados brasileños murieron en la batalla de Montese, en Italia. Getulio supo cobrar muy bien esa participación. Le permitió a Brasil la creación de la Compañía Siderúrgica Nacional (CSN), empresa matriz de la industrialización brasileña; la devolución al Brasil de las reservas de hierro y manganeso de Minas Gerais y Ferro Vitoria–Minas en poder de los ingleses y con ellas la creación de la Compañía Valle del Río Dulce que en las siguientes décadas tuvo un crecimiento prodigioso.
Entiendo que hay en la decisión de Lula dos razones. Una de orden internacional y otra de orden interno. En el primer aspecto, Lula, el presidente del Brasil, uno de los países gestores de los BRICS+, cuya ex presidenta dirige el banco de inversión de ese acuerdo, no puede carecer de una relación de diálogo diplomático con los EE.UU. Una cordial entrevista con Trump, en la Casa Blanca, le ha permitido ratificar su peso en la política internacional y expresar, objetivamente, los intereses y tendencias multipolares que existen en nuestro continente aún cuando no estén sostenidas por sus gobiernos. Hay que agregar que la existencia de un gobierno como el de Milei deja a Lula sin el principal y estratégico aliado sudamericano del Brasil, obligándolo, por otra parte, a neutralizar la hostilidad argentina y su sumisión a los dictados de la Casa Blanca.
En el plano interno, la entrevista y los términos en que se desarrolló neutralizan la hostilidad de la oposición bolsonarista, quien se beneficiaría con una política de enfrentamiento, aunque sea verbal, con el presidente yanqui. El bolsonarismo, en el Brasil, expresa intereses parecidos -aunque no iguales- a los de Milei en Argentina. Y han tratado de funcionar de modo tal que Trump los considere sus principales aliados. La entrevista ha desbaratado esto, que tiene mucho de fantasía y algunos elementos de realidad.
Lo único que los argentinos deberíamos extrañar de esta reunión es que Brasil no pueda sentarse a conversar una política internacional con la Argentina, incluyendo en la misma al conjunto del Mercosur. El Brasil, aunque suene paradojal, es más débil cuando la Argentina lo abandona. Ni hablar que exactamente lo mismo, aunque en mayor grado, le ocurre a la Argentina sin su aliado estratégico.
2 ¿Afecta este encuentro el vínculo intenso que Brasil viene desplegando con China?
No creo. Por el contrario, hoy Brasil en uno de los principales destinatarios de la inversión china en infraestructura y producción. El proyecto del tren Salvador-Chancay, que crea algo como un canal de Panamá ferroviario, es tan solo un ejemplo. La construcción de un puente entre Salvador e Itaparica, integrando la isla al continente, creando un gigantesco polo turístico a solo 10 minutos de Salvador, es otro ejemplo.
Mi convicción es que Brasil ha entrado a los BRICS y a la multipolaridad para quedarse. Su relación con China permanece invariable y se convierte, junto con México, en una propuesta de fortalecimiento de una alternativa soberana, de desarrollo industrial y de integración latinoamericana.
Víctor Mastrángelo.
GF – Qué conclusiones se pueden sacar del encuentro entre Lula y Donald Trump? En las conferencias posteriores ambos se mostraron satisfechos. ¿Fueron sinceros en sus balances o el desencuentro persiste?
VM – Sinceramente no creo que cambie nada para América latina después de este encuentro. Así haya existido algún tipo de acuerdo la palabra de Donald Trump no vale nada. Siempre EE.UU. fue proclive a desconocer los acuerdos que firmaba, pero antes al menos se esforzaban en justificarse con algún relato épico. Hoy faltar a la palabra los enorgullece y se vanaglorian de hacerlo. Alcanza con ver su conducta en las diversas instancias de negociaciones con Irán, siempre terminaron atacando por la espalda aún durante las conversaciones.
GF – Esta reunión, cómo influye sobre el vínculo entre América latina y los Estados Unidos?
VM – No hay ninguna razón para que lo antedicho sea distinto con América Latina.
Estas reuniones son instancias que hay que tener pero sin ninguna expectativa aún con promesas y papeles firmados de por medio. Los gobiernos imperiales de ultra derecha que luchan por sostener su posición antiguamente hegemónica, carecen de moral y hacen de la perversidad un orgullo.
Al menos Lula, seguramente por los ataques que en el mismo momento de la reunión se daban contra Irán, evitó el momento de las conferencias de prensa en el salón oval, donde Trump aprovecha para comprometer o humillar a sus interlocutores. Quiero pensar que si no hubiera coincidido con la violación del alto el fuego en Ormuz, Lula de todas maneras habría eludido esa instancia.
LA GUERRA ENERGÉTICA.
Un añejo refrán ruso indica que Después de la tormenta, el viejo soplará a tu favor. Como podrá observar, lector, hay matices interpretativos de importancia. Este narrador estima adecuado subrayar que se inclina hacia la cualificación de Lula como un estratega de fuste y como un jefe de Estado alineado sin vacilar con los intereses de su país y de la coalición multipolar.
Quizás valga la pena echar un vistazo a otras zonas, esplendentes por la gran promoción.
En medio de la incertidumbre generada por los ataques de los Estados Unidos e Israel a Irán y su fuerte impacto en el mercado energético global, la Unión Europea comunicó que no prevé un desabastecimiento inmediato de petróleo y gas. Esta postura fue difundida apenas horas después del planteo realizado por el presidente de Rusia, Vladimir Putin, quien ofreció reanudar el suministro de hidrocarburos al continente europeo bajo ciertas condiciones. Por caso, el avance hacia un nuevo equilibrio de las relaciones energéticas en tanto los gobiernos europeos admitan establecer vínculos comerciales estables y no sujetos a presiones políticas.
El jefe del Kremlin puntualizó que su país está dispuesto a suministrar energía a la región si las empresas y los estados europeos muestran una orientación hacia la colaboración sostenida: “Si los europeos deciden reorientarse y ofrecernos una cooperación sostenible a largo plazo, libre de presiones políticas, adelante. Nunca nos hemos negado”, afirmó Putin. Luego subrayó que su nación jamás rechazó la posibilidad de vender hidrocarburos a Europa, pero consideró imprescindible que se transmitan “algunas señales” que confirmen la disposición del continente para trabajar sobre bases estables, garantizando la “estabilidad” de las relaciones comerciales.
La propuesta surge cuando los países europeos debaten medidas para afrontar los efectos del conflicto en Oriente Medio, especialmente ante las impactantes interrupciones y los encarecimientos del suministro energético. Según informantes habituales de esta secuencia, tanto la Comisión Europea como las potencias del G7 evalúan mecanismos para minimizar el impacto económico de la crisis geopolítica. Bruselas reiteró que, aunque no teme cortes inmediatos de petróleo y gas, sí observa con preocupación la posibilidad de nuevos incrementos en los precios de los energéticos.
Es válido involucrar esta consideración de Sun Tzu: “La estrategia sin tácticas es el camino más lento hacia la victoria. Las tácticas sin estrategia son el ruido antes de la derrota”.
Está claro que la ruptura de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP +) impulsada por los Estados Unidos e Israel y concretada por los Emiratos Arabes Unidos, brinda cobijo a la negativa europea. Pero no le inyecta inteligencia. Esta desestructuración puede servir para absorber que los virajes y los realineamientos son posibles aunque durante algunos instantes el horizonte parezca diáfano. Las agencias de Inteligencia occidentales, fustigadas con razón por los padecimientos de sus naciones en el pantano asiático, evidenciaron que, pese a todo, están en condiciones de gestar operaciones tácticas de relieve. Las mismas, sostenidas por las grandes corporaciones que usufructúan los recursos succionados al Estado de los Estados Unidos.
Sin embargo, vale suponer que andando el tiempo las condiciones volverán a modificarse y la Federación de Rusia reordenará otra vez el enlace entre la chispeante interioridad de las naciones petroleras y el sentido que pretenden los ejes de la multipolaridad. Es que mientras persiste la incertidumbre en los mercados energéticos, relanzada con la eclosión en Asia occidental pero originada durante el primer tramo del conflicto en la frontera euroasiática, Putin añadió un componente adicional a la discusión sobre el futuro del Viejo Continente. A qué se debe: los pueblos de esa región por muy aplanados que se encuentren, pedirán explicaciones: se recorta la energía y seguimos con sanciones que solo damnifican el propio desarrollo. ¿Todo porque un minúsculo grupo de dirigentes supone que Rusia pretende invadir?
Como si con esas complicaciones no bastara, es preciso recordar que los desencuentros entre miembros de la Unión Europea están a la orden del día. En estas páginas se anticipó que el proceder de varios -muy en especial España– tendía a colisionar con las compañías financieras que controlan las armamentísticas y con los estados por ellas regenteadas. ¿Porqué el centro occidental aceptó su conducción? A comienzos de 2022 los vínculos entre la Federación y la Unión eran positivos. El intercambio comercial entre ambas ascendía a 257,5 mil millones de euros. La UE era entonces el principal socio comercial de Moscú, con 98,8 mil millones de euros.
Las importaciones europeas procedentes de Rusia consistían en productos energéticos: petróleo, derivados y gas natural. Tras los sucesos de febrero de 2022, los precios del gas natural en Europa se dispararon, pasando de 15 a 20 euros por megavatio-hora en febrero-marzo de 2021 a 340 euros a finales de agosto. En marzo de 2022, el precio del barril de petróleo crudo ruso (Ural) superó el umbral simbólico de los 100 dólares. Aunque bajó rápidamente, su precio promedio pasó de 69 dólares en 2021 a 76 en 2022. Estos números fríos contienen, empero, una curiosidad. ¿Cuál?
Para Rusia este aumento configuró un factor beneficioso. En 2022, el país obtuvo de la exportación de petróleo y gas 383.700 millones de dólares, es decir, casi un 43 % más que en 2021, antes del inicio de la guerra. De esta suma, 168.500 millones de dólares se destinaron directamente al presupuesto del Estado, lo que permitió a Putin contrarrestar el impacto de las sanciones occidentales. Pero a comienzos del año siguiente, la Comisión Europea insistió en la búsqueda de medidas destinadas a privar a Rusia de sus ingresos y a la imposición de sanciones que la perjudicaran. Otra vez la burra al trigo.
Como hoy se percibe, cada ofensiva económica sobre los multipolares ha derivado en la profundización de sus rasgos de independencia, el alejamiento de las potencias atlantistas y el diseño de acciones destinadas a coordinar nuevas instancias financieras, comerciales y productivas.
Antes de preparar los mates para volver sobre algunos párrafos, vale retomar a Sun Tzu: “La capacidad de cambiar de estrategia según la situación, garantiza la victoria”. Y también: “Ganará quien sepa cuándo luchar y cuándo no”. Pero, antes de todo, recordar que “Las armas son instrumentos fatales que solamente deben ser utilizadas cuando no hay otra alternativa”.
Finalmente, tras comprobar que los OVNIS han retornado -alguna civilización debe haber descubierto la teletransportación, ya que las distancias resultan insuperables-, este periodista se pregunta por qué en Manhattan, el corazón de la manzana ahora conducida por Zohran Kwame Mamdani, se ha erguido un gigantesco Buda de más de ocho metros de altura. Lo llaman “The Light That Shines Through the Universe” (La luz que brilla a través del universo).
Algunas tendencias, fomentadas con intensidad, merecen una razonable desconfianza. Sin embargo, el gesto desdeñoso del progresista cool suele enfocarse en otra dirección.

- Area Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal











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