Por Nehuén Gusmerotti*
No vamos a mentirnos. Cuando Iommi anunció que se venía nuevo disco tuve un poco de resquemor a que fuera más del montón. Ese miedo que nace cuando un legendario consagrado se embarca en una nueva producción que siempre competirá irremediablemente con sus años dorados. Lo sortearon con creces los Stones con sus lenguas foráneas, pasó desapercibido el agradable pero chato The Boys of Dungeon Lane de Macca. ¿Y si Iommi publicada un disquito más? Duro es para quien lo quiere tanto decirlo. A unos largos días de su lanzamiento podemos decir con alivio y alegría que Iommi sacó un discazo, posiblemente el mejor de su carrera como solista y una revalidación de título a lo Rocky Balboa. From the Dark condensa en nueve canciones todo lo que Iommi sabe hacer, y por paliza lo hace mejor que nadie. Riffs demoníacos y memorables, doom cavernoso y medieval que hizo escuela, solos descomunales y la capacidad para generarte exactamente la sensación que quiere al escuchar cada canción.
A más de 20 años de Fused, con su enorme desempeño en Trece de Sabbath, este disco llegaba tras varios años de sequía. Así como en el homónimo Iommi, este disco estaba pensado para ser un material con varios cantantes, pero la cosa cambió cuando Tony hizo llegar “Beyond the Dead” a Jorn Lande. La devolución encantó al padre del metal, que automáticamente le mostró “Stormwatcher” y pasó a ser ya no un disco solista, sino una colaboración entre ambos músicos. Y por dios que fue una buena decisión, Jorn se sumó como coautor de varias letras y se involucró de lleno en un proyecto que lo tiene como uno de los elementos más destacados. Su propio protagonismo nos lleva a Dio, Ozzy, Dickinson o Templar, así de amplias son las posibilidades que le ofreció a Iommi sumarlo a cantar en este álbum.
El equipo de trabajo de From The Dark se completa con la producción de Mike Exeter, un viejo compañero de ruta de Iommi que además suma teclas en varias canciones. La base rítmica tiene al baterista de sesión Karl Bazil, que ha tocado incluso con Robbie Williams, y a la bajista Becky Baldwin, parte de Mercyful Fate, Fury, entre otras. Ambos acompañan de manera prolija y acertada una serie de temas que tiene como gran protagonista al amo del riff, compartiendo luces con Jorn que logra un despliegue vocal descomunal.

El disco abre con “Over the Violent Sun”, que tras unos segundos de intro tiene a Iommi pateando la puerta con un riff tremendo y digno de sus mejores producciones. Jorn aporta un estribillo épico refiriendo a una especie de guerrero de la luz maltrecho en una estructura melódica similar al heavy metal más tradicional del Maiden siglo XXI. Iommi alterna arreglos y riffs antes de darnos el primer solo característico del álbum en un tema que podría ser parte del repertorio destacado de la propia historia grande de Sabbath. “Black Times” es todo lo sabbathero que puede ser un tema pesado. Con guiños inevitables al primigenio “Black Sabbath” o al más reciente “God is Dead”, Iommi usa la pausa y la solemnidad oscura para envolvernos en una canción tétrica que muestra a Jorn con coqueteos al fraseo de Ozzy sin perder su propia personalidad.
En el tercer tema del disco la dupla pone el pie en el acelerador y desgarra el velo oscuro con “World Alone”. Un estribillo radiable con tintes al hard rock escandinavo que Jorn Lande conoce tan bien. Iommi se pone mega rockero y pasa de la densidad del doom previa a un rock rabioso y ochentero. Gran elección de sencillo. “Beyond the Dead” vuelve a ponerse pesado, como el andar de un ser mitológico y majestuoso, el tema se desarrolla sin apuro, desplegando todo el dramatismo del que Iommi es capaz, alcanzando el cenit en uno de los solos destacados del disco. En “Stormwatcher” la lírica vuelve a enfocarse en una especie de paladín en desgracia, un ansía de luz y esperanza en un mundo oscuro y desgarrado. Otro riff espectacular de Iommi marca el ritmo del tema que se apoya en unos sutiles arreglos de Exeter en teclas y con una gran interpretación de Jorn en la voz.
El único invitado del disco aparece en “Death Wake”. Brian May suma su inconfundible mano en un solo de la balada melancólica con una letra de desgracia y desolación que Jorn lleva a niveles de sufrimiento estremecedores. Para “Return of the Arbalist” la máquina vuelve a acelerar y nos da una canción pegadiza y un estribillo para cantar a los gritos. Otra pieza más rockera y luminosa en un álbum oscuro y denso, da respiro y hasta coquetea con todo lo pop que puede ser una canción del fundador del metal pesado que incluso mete un poquito de wah wah en el cierre.

La pieza final es el cenit de la dupla compositiva Iommi-Jorn. El disco vuelve a entrar en un bosque denso, brumoso y tétrico en “Legacy”, que el propio Jorn aclaró que escribió pensando en el guitarrista. “Cabalgue mis demonios construyendo mi torre” o el cierre con “Este es mi legado, les traigo fuego”, tiene la carga de quien sabe que quizás esta sea su carta de despedida. Dramática, pesada, acompaña el in crescendo de la voz que recorre un legado erigido a sangre y fuego, pero que será eterno. Siete minutos que estrujan el alma y obligan a entrar en el trance con el padre de la criatura. Para sumarle emotividad, la distorsión se apaga para un solo acústico promediando la canción.
Casi a sus ochenta años, Iommi nos regaló cuarenta y dos minutos magistrales de rock pesado, de metal puro como el sabe hacerlo. No es un disco con sorpresas, es un disco de legado, de historia, de presente. El álbum suena fresco en términos de sonido, jugando con todas las herramientas que el propio Tony creó hace más de cincuenta años en las frías calles de Birmingham. Algo queda claro al recorrer la oscuridad, las canciones que hoy nos da Iommi son parte de la música que se escuchará mañana.
(*) Conductor de Resistiendo con Ideas (Lunes a viernes de 20 a 21 horas)




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