Por Carlos Aira
Cuando se juega sin adrenalina, tan solo para completar el fixture, las miradas suelen ser distintas. Con dos triunfos, cinco goles convertidos y ninguno recibido, Argentina enfrentó a Jordania en una situación inédita: saber que el verdadero objetivo arrancará el próximo viernes en Miami, cuando nos enfrentemos a Cabo Verde por los inéditos 16vos de final de la Copa del Mundo. Jugar pensando en un partido futuro que ya tiene fecha y rival es, sin dudas, una de las tantas cosas de este Mundial de locos.
Ya que estamos en Estados Unidos, cuentan que en 1934 Carlos Gardel conoció a un adolescente Astor Piazzolla en Nueva York. La comunidad argentina de la Gran Manzana le señaló al Morocho del Abasto que el pibe, nacido en Mar del Plata, tocaba muy bien el bandoneón. Y era cierto, pero en su arte ya se filtraban otras melodías y cadencias propias de la vorágine cosmopolita neoyorquina. Tras escucharlo, Gardel le dijo: «Tocás muy bien, pibe, pero el tango aún no lo entendés. ¡Tocás como un gallego! No importa, cuando lo entiendas no lo vas a dejar nunca». Con los yankees pasa un poco lo mismo: nunca van a entender el fútbol, y por eso hoy nos toca un Mundial con estas características tan particulares.
En la noche de Dallas, el campeón del mundo paseó su fútbol pero también sus dudas. Con un equipo alternativo, la Selección derrotó 3 a 1 a Jordania. Ganó Argentina, y ese es el título, pero el desarrollo dejó tela para cortar. Por un lado, se le abrió el arco a Giovani Lo Celso y a Lautaro Martínez en dos festejos con sabores muy diferentes. El rosarino metió un chanflecito sutil —pedido durante la transmisión— y convirtió su primer gol mundialista. Fue parte de la lista de Rusia 2018 pero Sampaoli no le dio ni un minuto; en Qatar se quedó afuera por lesión. Siempre fue un favorito de Scaloni y su gol no solo abrió el marcador, sino que fue la recompensa para alguien que jamás bajó los brazos.
El grito del Toro bahiense tuvo otro color: sirvió para sacarse la mufa mundialista, que no es poco. Fue de penal, pero había que meterlo, sobre todo después del remate fallado por Lionel Messi ante los austriacos.
Sin embargo, la alegría del triunfo no debe tapar los problemas del campeón. Scaloni armó un rompecabezas para que todos sumaran minutos, pero las alarmas se encendieron atrás. Argentina tiene un problema evidente en el lateral derecho. Cuando se conoció la formación, la gran duda era cómo funcionaría el tándem Exequiel Palacios-Giuliano Simeone. El tucumano ocupó una posición completamente desconocida para él; un experimento válido para un partido sin presiones de tabla, pero que desnudó un problema defensivo originado en las lesiones. Con Gonzalo Montiel entre algodones y Nahuel Molina Lucero preservado para cuidarlo, la falta de un lateral derecho en óptimas condiciones se hace sentir.
Ahí estuvo Nicolás Otamendi, un símbolo enorme de la Selección, pero que a sus 38 años lógicamente da ventajas. Si ya las daba en Qatar, con cuatro años más encima quedó muy expuesto ante los débiles pero rapidísimos delanteros jordanos. Hoy, Otamendi pesa más en el juego aéreo de ambas áreas que en el marcaje, sea al hombre o en zona. El problema se agrava porque Cuti Romero y Lisandro Martínez tampoco están en su plenitud física, dejando como única buena noticia el sólido partido de Marcos Senesi.
Pero el punto más bajo del equipo estuvo en el ataque. ¿Qué le está pasando a Julián Álvarez? Poner en duda a la Araña de Calchín sería un despropósito, pero en Dallas se lo vio absolutamente errático: sin velocidad, sin chispa y con una cantidad enorme de pases mal dados. Scaloni arriesgó con el Doble 9 junto a Lautaro para que ambos se amigaran con el gol, pero la sociedad no funcionó y dejó un llamativo signo de interrogación sobre la cabeza de Álvarez.
Es inevitable preguntarse si el bajón tiene que ver con todo lo que se habla en España sobre su supuesto pase al Real Madrid por 150 millones de euros. El teléfono de un jugador en ese lugar debe ser un hervidero de mensajes de representantes, abogados y contadores. El propio Julián rompió su sempiterno bajo perfil en plena competencia al declarar que “lo mejor para todos es que busquemos una transferencia”, algo que nunca es ideal declarar durante un Mundial. Su chance como titular terminó con números estadísticos flojísimos según la FIFA: pateó una sola vez al arco, tuvo una expectativa de gol de 0.9, tocó 43 veces el balón (solo 3 en el área) y no dio pases clave.
Por suerte, también estuvo el Rey Midas. Lionel Messi ingresó al campo justo después del gol de Jordania y trajo la tranquilidad definitiva al convertir un tanto de tiro libre que contó con la absoluta complicidad del arquero rival. No importa el error ajeno: fue el sello para un triunfo sustentado puramente en la pelota parada, con dos tiros libres y un penal.
Argentina jugó ante Jordania pensando en Cabo Verde. Cosas de esta nueva era de la Copa del Mundo. Cuando uno mira el cuadro general, se vislumbra un camino sin grandes potencias en el horizonte inmediato, pero en el fútbol nada es sencillo. A diferencia de Qatar, donde la seguridad de los últimos partidos era absoluta, este trayecto tiene otras características. Somos los candidatos, sí, pero estamos obligados a ser cautos. Sobre todo los que estamos afuera. Paso a paso, como señaló alguna vez el filósofo moderno Carlos Reinaldo Merlo. Ese viejo axioma sigue siendo el mejor mapa para llegar a la final y mantener vivo el sueño del bicampeonato.
(*) Periodista / Conductor de Abrí la Cancha / Autor de Héroes de Tiento y Héroes en Tiempos Infames.











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