Por María Rizzo
Argentina necesita desarrollar un órgano de comercio exterior; necesidad a la que hemos hecho alusión en reiteradas oportunidades desde el Centro de Estudios Agrarios. Un órgano que no solo haga las veces de “controlador”, sino que pueda llevar adelante un plan de desarrollo federal e inclusivo, conectando, desde cada punto de nuestro extenso territorio, a quienes producen y trabajan. Lo que humildemente dimos en llamar, en varios de nuestros artículos, “Plan B”: Bioeconómico, Bioético y Bioindustrial, para cuidar y proteger la Biosfera y su Biodiversidad.
Y en este sentido, nos apremia el tiempo, principalmente frente la pobreza e indigencia que aun azotan a nuestros compatriotas, ello debido a dos razones. Primero, el asedio sobre los argentinos del “fetiche inflacionario”, el continuo aumento del precio de los bienes y los servicios – más rápido que los salarios -, situación que solo beneficia a un grupo de empresarios que concentran las diferentes cadenas desde su estructura monopólica. En segundo lugar, la presión del FMI para que la Argentina pague “lo que le debemos”, una deuda ilegitima que un puñado de delincuentes de cuello blanco, se encargaron de fugar en complicidad con el gobierno de Macri, Vidal y Larreta. Dos razones que, obviamente, se relacionan.
Dicho esto, se abren interrogantes: ¿Con qué la pagamos? ¿Con los impuestos de los y las argentinas o con la plata de los ricos que se la fugaron? ¿La pagamos callados mientras nuestros compatriotas pasan hambre, o accionamos sobre los cómplices que dejaron en quiebra al país por el mecanismo ilegal de fuga de capitales?
Rompiendo Récords
En el 2021, Argentina rompió récord de ingreso de divisas: más de u$s30.000 millones ingresaron por agroexportación. Las empresas transnacionales que lideraron el ranking en este sector son: Cargill, COFCO, Viterra/Glencore, Bunge; ADM y LDC. El volumen total de ventas al exterior alcanzó los 117 millones de toneladas de granos y subproductos, casi el doble del año 2020, pero por debajo del récord alcanzado en 2019, según lo publicado por la Bolsa de Comercio de Rosario.
Con los granos además se llevaron: Trabajo, conocimiento, agua y nutrientes del suelo. Por supuesto, también las riquezas que generan quienes producen y trabajan en forma de dólares, ese billete verde que le quita el sueño a productores, dirigentes políticos, entidades financieras, al estado, en fin, a la Argentina toda. Porque si algún compatriota aún no se dio cuenta, estamos en el sistema mundial de producción capitalista en el que el dólar se impone como equivalente general por sobre otras monedas y ergo, para funcionar, necesitamos ese billete. El problema nacional de la “economía bimonetaria”, como tantas veces lo ha señalado la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.
Argentina cuenta con un sistema productivo de alta competitividad a nivel mundial, producto de la combinación de: las condiciones de la biosfera de nuestras tierras, la enorme capacidad de nuestros productores y el conocimiento aplicado en lo que conforma el Polo Tecnológico Agroalimentario de la región central, y en tercer lugar, la vía fluvial con salida al océano Atlántico, sobre la que se asientan los puertos como puntos neurálgicos por donde fluyen todas nuestras riquezas socialmente producidas.
El problema radica en la terrible concentración extranjerizada de los eslabones estratégicos de este complejo agroalimentario de alta competitividad global, quienes impulsan una lógica de “ganar-ganar”. Mientras tanto, cooperativas, agropymes, productores familiares, trabajadores rurales, en definitiva, quienes aportan la fuerza de trabajo de manera directa o indirecta, son los que menos riquezas reciben y los que más aportan al conjunto de la organización social de producción.
Nuevos Tiempos, Nuevos Desafíos
Transitamos tiempos de revolución tecnológica, con la robotización, la virtualización y la digitalización de todo el proceso productivo y por supuesto, de nuestras vidas. Son tiempos que vinieron para quedarse, por ende, nos obliga a preguntarnos: ¿cómo vamos a ser parte de esta revolución? Revolucionándonos, siendo protagonistas, transformando realidades en favor de la Patria y de Pueblo.
Para esto, creemos que es clave un órgano controlador, regulador, con plan de desarrollo federal e inclusivo apostando al trabajo en red, donde se potencie el conocimiento y el trabajo. Una estructura propia que incida de manera protagónica en el comercio exterior de agroalimentos, que garantice la distribución equitativa de las riquezas, logrando el desarrollo territorial y la movilidad social ascendente con justicia social. Un Estado Nacional inteligente que dispute la hegemonía comercial de las potencias mundiales, que nos inserte dignamente en el mundo y que valorice la moneda nacional ante el dólar o cualquier otro billete.
No podemos seguir teniendo una estructura de embudo en donde todo se controla y se regula en favor de las trasnacionales, agregado a la concentración en un solo puerto, el de Montevideo. Esta lógica es vieja, no responde ya a las necesidades del nuevo tiempo y la nueva infraestructura global, aunque no por eso es desechable. Aunque en honor a la verdad, nunca respondió a las necesidades del pueblo y no parecen estar desarrollándose los mecanismos para que eso suceda.
Animarse a vencer, es animarse a construir también comunidad organizada como asiento de los mecanismos necesarios, que tenga la centralidad en el desarrollo integral de los hombres y mujeres, donde se rompa con la lógica mercantil del alimento, del conocimiento, de la salud, de la conectividad, de la naturaleza, de la tierra, en fin, de la vida.
Dar este salto implica ser conscientes del nuevo tiempo. En palabras de Juan Domingo Perón, quien fuera uno de los estrategas más importantes que vio nacer esta Patria: “la organización es el imperativo más importante de estos tiempos. La organización marca el grado de adelanto de los países que marchan a la vanguardia. La organización es el primer paso para cumplir cualquier obra. Organizar es simplemente crear el instrumento de trabajo que uno debe tener a su disposición para realizar cualquier obra”.
Ya no queremos hambre para nuestros pueblos, ni tampoco concesiones con el FMI. Ser soberanos depende exclusivamente de organizar nuestras voluntades hacia este fin, y eso implica organizar también, el comercio exterior agroalimentario.











Discusión acerca de esta noticia