Ante la avalancha de datos económicos negativos los medios concentrados elaboran nuevos caminos. Ya que no pueden evitar su difusión, intentan dañar la interpretación del origen de la catástrofe. Por un lado diluyen las responsabilidades; por otro, falsean las causas del panorama desolador.
Por Gabriel Fernández*
El desempleo en la Argentina alcanzó un 10,6 por ciento; se trata del indicador más elevado de los catorce años recientes. Tanto Clarín como los satélites presentaron la noticia de este modo: “el más alto durante el macrismo” y a su lado referencias a los “empresarios k” en libertad.
Así quedan fuera la comparación con la administración nacional popular, y la responsabilidad del plan aplicado por el gobierno macrista. Se infiere ideográficamente la ligazón de la debacle presente con “la herencia que dejó el kirchnerismo”.
Si la fórmula está gastada y contiene escasa eficacia no deja de servir para galvanizar la tropa antinacional, desligarse de culpas bien propias de los medios en cuestión y aportar livianamente a la confusión social.
Pero lo cierto es que está sucediendo lo que tenía que suceder si se aplicaba una retracción económica con rasgos liberales, primarizadores y antiproductivos. Al subir las tasas de interés, abrir las importaciones y disponer el déficit cero –cero inversión estatal- la vida nacional se hundió.
Se hundió como ya lo había hecho durante períodos orientados por Alvaro Alsogaray, Adalbert Krieger Vasena, José Alfredo Martínez de Hoz, Domingo Felipe Cavallo, entre otros. Se hundió porque el concepto de ahorro en el orden económico general implica establecer las bases de una recesión duradera.
La caída industrial refrenda esta aseveración. Sólo por lanzar un dato: la actividad productiva del mes de agosto registró una baja del 3 por ciento con respecto al mismo mes del año anterior. Por aquél entonces ya venía en descenso acelerado si se lo comparaba con el previo.
En línea, los grandes medios no hablan de recesión. Admiten los indicadores inocultables, pero ni siquiera evalúan la caracterización adecuada del tramo. Y entonces colocan a sus más tristes especialistas a pontificar sobre los “errores” cometidos por la gestión presente.
Este es el otro movimiento periodístico destinado a la tergiversación. Estimar que Cambiemos no fue lo suficientemente liberal y ajustador, y que por tal motivo el manejo de la situación económica se le fue de las manos.
La miserabilidad y la sinrazón del planteo es vociferado: se acusa veladamente de sensible a las demandas populares a Mauricio Macri, quien no habría tenido la fortaleza necesaria para recortar, despedir, cerrar todas las variables pertinentes. He allí lo que Clarín y La Nación estiman como el eje del problema presente.
La verdad queda fuera del análisis. Y la verdad es que este gobierno de empresarios no es otra cosa que una operatoria de negocios para beneficiar a los sectores directamente ligados al mismo y traspasar el gran volumen de la economía productiva argentina a la zona parasitaria y fugadora de recursos.
Cuando el gobierno oligárquico llegó, “apagó” la economía al restringir el poder adquisitivo e incentivar la especulación en desmedro de la actividad. Así desfinanció al Estado y tuvo que recurrir al crédito externo. Pero como su lógica es intensa y unilateral, los préstamos ingresaron en ella y sirvieron para reimpulsar la desnacionalización.
Es que el problema es el modelo aplicado, no sus presuntas fallas parciales. Y más específicamente, el problema a resolver por el pueblo argentino está en la detección de impulsores y beneficiarios de ese esquema, cuyo andar contrasta con las perspectivas de desarrollo.
¿Quiénes son los implicados? Básicamente las firmas de los miembros del gabinete nacional y sus asociados, las empresas privadas de servicios públicos, los grandes exportadores primarios y las corporaciones financieras; entrelazadas, las empresas comunicacionales. Ese espacio que bien podría ser designado como El Mal, si el adjetivo no humanizara a sus responsables.
Cabe entonces librar una buena pelea allí: ahora que nadie duda sobre las consecuencias del accionar oligárquico, es preciso informar con certeza sobre las causas de las mismas. La Argentina no necesita más ajuste; de hecho jamás necesitó uno. Mientras peor, peor.
Todo enfriamiento económico deriva en crisis, y la crisis no llega de afuera. Es autoimpuesta por quienes desaceleran los factores esenciales del mercado interior y se quedan con recursos otrora dispuestos para la producción.
De nada sirven las imágenes de nuestra gente durmiendo en las calles si no se explica cómo llegó hasta ahí.
(*) Área Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal














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