Por Manuel Cullen
¿Qué tienen en común el fenómeno de Malandro con las misas ricoteras? Mientras Dillom reclama el trono del rock desde el escenario, el rapero de Las Tunas profundiza en el modelo de independencia de Solari y Beilinson y recupera la autogestión para demostrar que, en la era digital, la fidelidad del público sigue siendo el mayor activo.
Desde hace unas semanas, el debate sobre la relación entre el rock y el hip hop ha vuelto a encenderse. Todo comenzó cuando Gene Simmons, integrante de KISS, manifestó públicamente su oposición a la inclusión de raperos en el Rock & Roll Hall of Fame de Estados Unidos.
En Argentina, el guante lo recogió Dillom, quien disparó desde uno de los escenarios del Cosquín Rock: “Yo soy el rock. Y al que no le gusta, que me rompa bien el o**”. La frase despertó la indignación de los sectores más puristas del género. Días después, el músico reflexionó con ironía en una entrevista: “Se armó más quilombo con eso que con lo del Presidente, cosa que me parece medio graciosa”, refiriéndose a la polémica previa por sus dichos contra Javier Milei.
Lo cierto es que Dillom es mejor rapero que punk rocker y, por eso, en su frase hay tanto de deseo como de provocación (un arte que domina a la perfección). Sin embargo, el episodio recordó una interesante nota de la revista Anfibia que analizaba la creación de Bohemian Groove, el sello fundado en 2020 por Dillom y sus colegas de la RIP GANG. El texto lo presentaba como un “modelo ricotero del siglo XXI”: inspirado en la autogestión de Patricio Rey, pero con ambición corporativa. “Rompieron los moldes de la industria de manera independiente a las grandes corporaciones y con la rebeldía como bandera. La empresa trabaja con un mantra que replica una lógica ricotera: primero el arte, segundo el negocio”, escribía la periodista Luciana Zanellato.
Aquel análisis arrancaba pidiendo “salvar las distancias” para no ofender a la vieja guardia rockera. Pero el debate hoy puede tomar otro rumbo; por ejemplo, al preguntar: ¿pueden convivir el espíritu autogestivo de los Redondos con las estrategias corporativas modernas? O bien, ¿quién interpreta mejor el modelo ricotero desde la música actual?
Semanas antes del Cosquín, Malandro —uno de los artistas más escuchados de 2025— lanzaba “Más que un sueño”. El rap narra la vida de un pibe que rima y afila el lápiz mientras trabaja, juega al fútbol y viaja en el tren Sarmiento soñando con “pegarla”. El video abre, significativamente, con la voz del Indio Solari reflexionando sobre la vida y el riesgo. La letra del “Mala” cuenta el camino clásico del artista de rap: batallas de freestyle, grabar en estudios caseros, pelearla. El clip, además, es protagonizado por otro respetado rapero: Mir Nicolás.

La inclusión del cantante de los Redondos no es casual. Uno de los puntos clave que Malandro tomó de los Redondos es la independencia. La banda de Carlos “Indio” Solari y Eduardo “Skay” Beilinson editó su primer disco con un pozo común formado por las ganancias de sus shows, manteniendo esa autogestión durante toda su trayectoria. También coincide en la relación esquiva con los medios masivos, especialmente la TV. Por otro lado, la admiración de Malandro es también artística: en 2019 grabó “Patricia Lov“, la historia de amor de una piba ricotera con referencias directas a la discografía de Patricio Rey. A estos aspectos se suma el vínculo particular de la banda con su público a partir de 1995, cuando, tras los incidentes en el estadio de Huracán, comenzaron a tocar exclusivamente en el interior del país (una mística que Solari continuaría en su etapa solista).
En los recitales de Malandro siempre hay banderas que identifican a los barrios y se oyen cantos de cancha. Si bien no se trata de la “peregrinación” que el propio Malandro celebraba en “Himno de mi Coro”, sí hay una identidad ricotera en el ambiente: antes de que él aparezca en el escenario, suena siempre cumbia, rap de los 90 y Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
Algo parecido a ese lazo entre los Redondos y el público ricotero —sin mediaciones, duradero y de culto— es lo que Malandro aspira a crear con su propia audiencia. Esta construcción es muy diferente a la de los artistas del mainstream. En busca de esa permanencia más allá de la moda, Malandro se planta con un modo distinto: “Anti jefes, anti patrones, anti mandamás / Anti tele, anti cantores de cuarta mal / Anti sellos, anti ratones, anti sátrapas / Anti cheques de cartones, jamás, jamás / Anti redes, anti favores, anti fama mal” (Araca Records).
En definitiva, la elección de la autogestión —compartida por gran parte de la escena del rap hasta 2014— se ve en Malandro enriquecida por una reinterpretación ricotera en clave digital. Sus elementos principales son: independencia artística, relación esquiva con los medios masivos y la búsqueda de un vínculo de fidelidad con el público. Este último punto es, quizás, la clave sobre la cual gira su universo: la convicción de que “digital” no debe ser sinónimo de “efímero”.
Malandro – Más que un sueño
Malandro con Gaspar Benegas – Patricia Lov
Malandro – Himno de mi coro
Malandro – Araca Records











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