El periodismo de Davos da consejos a los Estados Unidos, sin ahorrar ironías. Los industrialistas ¿se quedaron en el 45? Sigue la ofensiva financiera porque persiste el proceso multipolar. Los datos reales.
Por Gabriel Fernández *
El vínculo entre finanzas y comunicación es difícil de admitir porque aparece, ante la opinión pública, envuelto en un océano de declamaciones sobre la independencia editorial, la objetividad y la verdad. Resulta preciso correr los velos que opacan el presente en movimiento; resulta necesario aprender a buscar la información en zonas confiables y a pensar en base a la ecuación entre beneficiados y perjudicados.
LONDRES Y WALL STREET. Scott Trust Limited es una sociedad anónima británica propietaria de Guardian Media Group y, a su través, de The Guardian, así como de otras compañías de medios de comunicación en el Reino Unido. Su intensidad le permite influir sobre otros centros de difusión en Europa y contribuye a elaborar conceptos que también acarician al periodismo norteamericano.
Es interesante saber que fue creada con el expreso objetivo de adquirir The Guardian en 1936 y que se reorganizó como sociedad anónima en 2008. El año de la crisis. La iniciativa rindió frutos: The Guardian fue conocido desde 1821 hasta 1959 como el Manchester Guardian; ahora, Junto con sus periódicos asociados The Observer y The Guardian Weekly, es parte del Guardian Media Group, propiedad del Scott Trust.
La corporación forma parte, entre otros espacios empresariales, del Foro Económico Mundial, la entidad internacional con sede en Suiza, fundada en 1971 por Klaus Schwab. Como se sabe, ese núcleo congrega anualmente en Davos a líderes empresariales, políticos, intelectuales y de la sociedad civil para debatir retos globales y definir la orientación planetaria en base a los intereses rentísticos. The Guardian llega a esa cúspide para describir, opinar y proponer, no solo para cubrir las discusiones.
Si bien este introito sirve para recordar que quienes extienden el manto sobre la realidad están relacionados con el conjunto de los mega bancos, las armamentísticas y los laboratorios, tiene la intención de presentar un material editorial de relieve, que identifica el sentido que se sugiere (¿exige?) a los estados y a las coaliciones desplegadas entre los mismos. Por estos tiempos, la tarea comunicacional supera la difamación y el establecimiento de muros barnizados con sangre en el seno de las sociedades.
Este narrador observó -como en otros momentos al repasar el Financial Times y The New York Times– un material significativo presentado por The Guardian apenas horas atrás. Quizás contribuya a percibir con más nitidez el desarrollo de los acontecimientos y de los potentes factores en pugna. A veces, la túnica que oculta se desgarra ante la necesidad y deviene en flecos que dejan pasar briznas de existencia objetiva. La presunta elegancia de los portadores de marcas se desmembra y el análisis de actualidad puede desplazarse con algo de franqueza.
El artículo arranca con la aceleración y el direccionamiento de una flecha: “La fijación de Estados Unidos en la economía del casco y en hacer que la industria manufacturera vuelva a ser grande tiene poco sentido. El sueño de los overoles grasientos está impulsado por la nostalgia y no justifica políticas que perjudiquen a los consumidores estadounidenses”. Como se palpa, el medio británico no trepida en explicar irónicamente a gobernantes y ciudadanos transatlánticos cuál es la acción que se espera de ellos.

BASTA DE INDUSTRIAS. Y se lanza hacia la fundamentación. “Las exhortaciones a proteger el músculo industrial de Estados Unidos han resonado en ese país al menos desde que el candidato presidencial inconformista Ross Perot mencionó el supuesto “gigantesco sonido de empleos atraídos a México por el acuerdo comercial TLCAN en 1993. Prosperaron bajo la primera presidencia de Donald Trump y su promesa de restaurar empleos perdidos por los acuerdos comerciales”. Tras involucrar en la fantasía a Joseph Biden, plantea que “en 2024, Trump reiteró su vieja promesa de que ´los empleos y las fábricas volverán con fuerza a nuestro país´”. Y se lanza al cuello de los industrialistas: “Existe un atractivo innegable en el casco y los overoles manchados de grasa; en el sudor de la frente de los hombres duros en los carteles antiguos; en la virtud de una ardua jornada de trabajo en la cadena de producción. Pero la clase política estadounidense haría bien en superar la nostalgia del pasado y olvidarse de las promesas de devolver la grandeza a la industria manufacturera”.
Afirma The Guardian que “Realmente no han funcionado políticamente. Un estudio (que no cita) concluyó que, en promedio, la pérdida de empleos en los grandes condados manufactureros no impulsó a los votantes hacia Trump en 2016”. Luego sostiene que “Si la política no funciona, los esfuerzos por restaurar la industria manufacturera —que representa menos del 8% de los empleos del país— tienen aún menos sentido en términos económicos. Es tan sensato como el compromiso de restaurar la agricultura —que emplea menos del 2 por ciento de los estadounidenses— al lugar que ocupó en el centro de la economía en el siglo XIX”.
No deja argumento por exponer. “Imponer aranceles a las importaciones, la herramienta política preferida de Trump, es un enfoque particularmente inepto. Más de la mitad de las importaciones estadounidenses son, de hecho, bienes de capital y bienes intermedios que los fabricantes estadounidenses incorporan a sus productos terminados, a menudo para la exportación. Alrededor del 91% de los encuestados por la Asociación Nacional de Fabricantes afirmó utilizar componentes importados. Al aumentar el precio de dichos insumos, los aranceles restan competitividad a las empresas nacionales. El acero, por ejemplo, es más caro en Estados Unidos que en otro lugar, lo que dificulta la vida de todos los fabricantes que lo utilizan”.
LUGARES COMUNES, CON ÉNFASIS. Como se percibe, la puntualización de aspectos presentes que resultan, en efecto, derivas del problema, es postulada cual perspectiva indetenible. Algo así como no podemos luchar contra la inflación porque hay inflación. Y no se iba a privar el medio inglés en utilizar el remanido cuánto nos cuesta todo eso. Acusando tanto a Biden como a Trump, subraya que el gasto “multimillonario” en política industrial -Ley de Reducción de la Inflación, la Ley de Chips y Ciencia, y la Ley de Inversión en Infraestructura y Empleo— “encareció la manufactura, al incrementar los costos de los bienes de capital y otros insumos, como los materiales y los salarios de los trabajadores de las fábricas, además de impulsar las tasas de interés y el dólar”.
Afirmando que el dilema puede – debe convertirse en diagnóstico, enfatiza que “la construcción de plantas manufactureras ha fracasado con Trump”. En línea: “la decadencia de la industria manufacturera es menos una historia de errores políticos que de la larga trayectoria de la economía estadounidense, que en gran medida ha dejado de producir cosas como teléfonos y automóviles para dedicarse a la prestación de servicios como finanzas y atención sanitaria, un proceso similar al seguido por otros países que ascendieron en la escala del éxito”.
OVEROLES GRASIENTOS. Según The Guardian “un estudio” que no cita “reveló que el número de empresas manufactureras en Estados Unidos. disminuyó un 21 % en las dos décadas comprendidas entre 2002 y 2022, a pesar de que el número total de empresas en el país creció un 10 %”. Claro, dan ganas de gritar al medio en cuestión … ¡es que ahí está el problema! Pero insiste: “Durante muchos años, la industria manufacturera estadounidense se caracterizó por un rápido crecimiento de la productividad, lo que impulsó la producción a pesar de la estabilidad o la caída del empleo. Sin embargo, el crecimiento de la productividad manufacturera se estancó hace unos 15 años, incluso cuando la productividad en toda la economía seguía mejorando”.
Es muy evidente que la carnadura periodística de la City londinense y Wall Street necesita imponer la continuidad del Consenso de Washington y promover en todo el globo lo que parece estar aceptando Europa sin chistar. En tal dirección, recomienda limitar la industria norteña a algunos semiconductores y a las tecnologías destinadas a reducir las emisiones de carbono. En ningún momento indica -ni siquiera se lo pregunta- de qué van a vivir los trabajadores norteamericanos si se extiende un esquema de esa naturaleza. Es que los industrialistas de esos pagos se quedaron en el 45: “Las numerosas campañas que Washington ha emprendido a lo largo de los años para restaurar la industria manufacturera a una imagen de gloria pasada se deben en gran medida a una nostalgia infundada”.
El cierre es contundente. “El sueño de overoles grasientos y cascos de seguridad no justifica políticas proteccionistas que perjudican a los consumidores estadounidenses ni otros incentivos derrochadores que no generan empleo ni producen nada de valor”.
Como puede observar lector, todo el hilván parece enlazado con los discursos de las dirigencias y los medios liberales en el antes llamado Tercer Mundo. El proceso desterritorializador narrado desde el origen de nuestras Fuentes Seguras se ha instalado como plan de acción innegociable.

Pese a los esfuerzos del medio londinense, algunas voces más sinceras se zambullen en análisis de otro tenor.
Según el destacado economista Jeffrey Sachs, los empresarios que pueden hundir los Estados Unidos están en “el complejo militar-industrial, Wall Street, los consorcios petroleros, la industria de las armas de fuego, los consorcios farmacéuticos y alimentarios, y el lobby sionista. La política estadounidense está bien organizada para servir a esos intereses especiales. Cien millones de dólares en donaciones de campaña por un grupo de empresas pueden ganar 100 mil millones de dólares en asignaciones federales y/o recortes de impuestos”.
El hilván ya no está relacionado con pueblos y regiones, sino con empresas que se sobreponen a la conveniencia de base. “Estos representantes de intereses especiales no dependen de la opinión pública ni se preocupan mucho por ella. Los sondeos de opinión muestran que el público quiere control de armas, menores precios de fármacos, poner fin a los rescates en Wall Street, energías renovables, y paz en Ucrania y Medio Oriente. No importa. Se aseguran de que el Congreso y la Casa Blanca brinden fácil acceso a las pistolas y las armas de asalto, precios estratosféricos a los fármacos, apapacho a Wall Street, nuevas perforaciones para gas y petróleo, compras de armas para Ucrania y guerras en respaldo a Israel”.
Concluye Sachs que “Las corporaciones más peligrosas son el complejo industrial militar y el lobby sionista. El complejo industrial militar ha llevado a Estados Unidos a guerras desastrosas, operaciones encubiertas de cambio de régimen, sanciones económicas ilegales y a desestabilizadoras revoluciones de colores en los países de la antigua órbita soviética dirigidas por la Fundación Nacional para la Democracia”. Para Sachs los “gastos superfluos” no están relacionados con el impulso industrial, sino con “las guerras, cientos de bases militares inútiles en el extranjero, y los precios estratosféricos que paga el gobierno por fármacos y atención a la salud”.
¿TRUMP IMPROVISA? A raíz de un material de Alejandro Marcó del Pont, Néstor Gorojovsky y quien escribe estas líneas analizaron el presente internacional y se plantearon esos y otros interrogantes. El planeta, Asia, Europa y Eurasia. En los Especiales de la emisora. Vale escuchar porque incorpora otros factores.
EL DIARIO DEL LUNES ESTÁ IMPRESO. CNN, sin olvidar instrucciones generales ni dejar de lado las campañas inmediatas que se afincan en procesos electorales, tomó la semana pasada los indicadores fuertes de la economía de los Estados Unidos y difundió un cable de importancia para el debate en curso. Es pertinente abordar su contenido para comprender dificultades interiores que eclosionan con la represión del ICE y los archivos Epstein, pero los envuelven y potencian.
Según la web del canal “Trump afirmó que sus políticas atraerían a industrias hambrientas de energía”, creando “millones y millones de empleos de cuello azul y empleos de todo tipo. Y, sin embargo, cuando su primer año calendario en el cargo entra en su recta final, ese auge de empleos de cuello azul aún no llega”. Es que las industrias que dependen del trabajo manual están recortando empleos, no sumando nuevos, una tendencia que “los economistas atribuyen al menos en parte a la histórica y volátil política arancelaria del presidente”.
La nota realza que “El informe más reciente de empleo de la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS), publicado el martes, muestra que la mayoría de los sectores tradicionalmente considerados de cuello azul han reducido su plantilla. Los empleos manufactureros tocan un mínimo de 3,5 años. Por ejemplo, la industria del transporte y el almacenamiento ha recortado empleos en cada uno de los últimos tres meses. Ese sector ha perdido un promedio de 17.200 puestos de trabajo en los últimos tres meses, según datos del BLS”. Asimismo, “las nóminas en minería y explotación forestal han caído en un promedio de 2.000 empleos en los últimos tres meses”.
“Incluso la manufactura, el sector que los aranceles del presidente buscan impulsar, está recortando empleos. El empleo manufacturero cayó en 5.000 puestos en noviembre, hasta su nivel más bajo desde marzo de 2022, durante el rebote posterior al covid-19”, añade CNN. “De hecho, el empleo en la manufactura ha disminuido durante siete meses consecutivos, cada mes desde que Trump lanzó sus aranceles del ´Día de la Liberación´, que sacudieron a Wall Street y alarmaron a las grandes empresas de Estados Unidos”.

CAMBIOS IMPORTANTES, ANUNCIOS EXTREMOS. Si de descripciones se trata, otro experto de realce se aproxima en respaldo de Sachs. Se trata de Richard Wolff. Economista marxista norteamericano, trajinó las aulas de Harvard, Stanford y Yale. Y dice: “Llevamos 10 o 12 años de declive. Esta es la mejor estadística al respecto: si sumas el PIB, es decir, el valor total de bienes y servicios en un año para un país, de Estados Unidos y sus principales aliados, el G7, estamos hablando de un 28% de la producción mundial. Si haces lo mismo con China y los países del BRICS, es alrededor del 35%. Ya son un bloque de poder económico más grande que nosotros”.
A qué viene todo esto, lector. Los vaivenes y las hiper noticias conocidas en las semanas recientes vienen desfigurando los ejes analíticos. Ya que arrancamos con el rol de la comunicación en las asonadas publicitarias, es preciso añadir que muchos críticos de Occidente se desesperan por presentar planteos de alto impacto. Si bien es cierto que se avecinan transformaciones importantes, los anuncios extremos sobre modificaciones inmediatas están cooperando con el manto diseccionado en el primer tramo de este artículo.
La cuestión, usted sabe, no es sumarse a los sacudones psicológicos que implica anticipar una guerra nuclear universal, sino en conocer la verdad. Aprehenderla, dentro de las posibilidades existentes. A menos que se piense que la mera enunciación periodística pueda modificar el curso de la historia. Después de unos cuantos años indagando al respecto, este narrador es escéptico sobre esas perspectivas. Esto vale para unos y vale para otros: ni siquiera lo consigue el vigoroso Scott Trust Limited, con su asesoramiento parasitario.
Como detalle sutil, que contribuye a espiar el trasfondo del artículo de The Guardian, cabe recordar que Ross Perot intentó junto a Donald Trump, tanto tiempo atrás, generar una opción diferenciada tanto de demócratas como de republicanos.
Unos mates, y a repasar trazos que pueden constituir un aporte.
- Area Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal







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