Por Leonardo Martín
Tarde calurosa, de un sol por momentos impiadoso y una temperatura que superó los 30 grados con holgura. En la sombra que daban los edificios y los árboles de Avenida de Mayo y la propia plaza se podía respirar. Un acto que comenzó pasada las tres de la tarde y que tuvo discursos escuetos, de rechazo a la reforma laboral planteada por el Gobierno nacional.
Pasado el mediodía comenzaron a llegar las columnas principalmente de organizaciones de CGT que tenían como vías de ingreso Diagonal Sur y algunas por Avenida de Mayo. Por esa misma avenida hacían el ingreso organizaciones políticas y sociales y por Diagonal Norte las CTA´s y organizaciones de izquierda. La más nutrida y lenta para transitar era Diagonal Sur. De lo más convocante UPCN y Camioneros.
La pregunta de rigor siempre que hay una movilización, más aún si se trata de la CGT: ¿Cuál fue la convocatoria? Pregunta que da referencias sobre la fortaleza del reclamo y el respaldo social que pueda tener. Percepción de quien escribe esta nota es que tuvo un número importante, no desbordante. Las imágenes de dron habilitan operaciones mediáticas. Lo cierto es que no hubo postales de alto impacto, pero tampoco fue menor como se busca señalar.
Primero lo primero. Si pasa esta reforma laboral y otras que tiene planeadas el Poder Ejecutivo, espera un verdadero desastre para las grandes mayorías en términos de derechos, de debilitamiento de las organizaciones que pueden defender esos derechos, de entrega de patrimonio nacional y de concentración de la riqueza.
El diagnóstico con el cual el Gobierno busca justificar la necesidad de la reforma es el de que hace más de 10 años que no se crea sostenidamente empleo privado registrado. Algo cierto, como también que durante el gobierno de Milei se perdieron casi 300 mil puestos registrados, incluyendo un adelanto de la reforma laboral sancionada en la Ley Bases.
Lo que en realidad el Gobierno aprovecha desde ese diagnóstico es mover la balanza en favor del capital para disciplinar al trabajador y desnivelar más ingresos en favor del capital sobre el trabajo. Lo de crear empleo es el verso para justificar a la opinión pública la necesidad de la reforma.
Un caso concreto de la experiencia argentina. A mediados de 2000, durante el gobierno de De la Rúa fue sancionada la reforma laboral conocida popularmente como Ley Banelco por el pago de coimas a legisladores con supuesto dinero de la SIDE. La situación no hizo más que agudizarse al calor de una crisis que desembocó en el 19 y 20 de diciembre y una cifra de desempleo que en 2002 estaba por arriba de los 20 puntos. Derogada la ley durante el gobierno de Néstor Kirchner, posteriormente se crearon millones de puestos de trabajo. Parafraseando, es la economía estúpido, no son las leyes laborales.
El objetivo es disciplinar y enriquecer más al capital, no crear más empleos. El menú planteado en la ley es de una película de terror. Fin de los convenios colectivos, de huelgas, de horas extras, baja en indemnizaciones, entre otros puntos. Lo que usted diga patrón, es lo que viene si se sanciona.
Por si fuera poco deroga estatutos como el del periodista, viajantes y desfinancia organismo de la cultura y la comunicación. Combo completo. Flexibilización más motosierra.
Discursos. Hablaron los tres integrantes del triunvirato de CGT con un escenario multitudinario donde estuvieron presentes los integrantes del Consejo Directivo de la CGT. No hubo dirigentes de CTA sobre el mismo. El único por fuera de la CGT era Alejandro Gramajo de la UTEP.
Debajo del escenario no abundaron los dirigentes políticos. Lo más destacado fue la presencia de los senadores José Mayans, Mariano Recalde, Jorge Capitanich y Juan Manzur,; del ministro de Trabajo de la provincia de Buenos Aires, Walter Correa. Se la pudo ver a la diputada Paula Penacca, pero poco acompañamiento presencial del sector político con un peronismo donde la crisis de representación y liderazgo queda cada vez más expuesta. Amén de las transfugueadas por recursos de los gobernadores de Tucumán y Catamarca, Osvaldo Jaldo y Raúl Jalil.
Los discursos. Fueron correctos, pero uno no se quedó con la sensación de que transmitieran épica o encendieran los espíritus. Tampoco tiene que ver sólo con los dirigentes, podría decirse que es un clima de época. Comenzó el camionero Octavio Argüello, continuó el dirigente del Vidrio, Cristian Jerónimo y finalizó Jorge Sola, del Seguro.
Argüello expresó: “es mentira que se pueda dar más trabajo quitando derechos y pagando cada vez menos. Nos quieren sacar algo que nos corresponde como es el capital de nuestras indemnizaciones. No nos dejemos engañar más, tenemos que ganar la calle y pelear por nuestros derechos y la dignidad de nuestra familia. Estoy convencido de que si no nos escuchan vamos a terminar en un paro nacional”.
A continuación, Cristian Jerónimo sumó: “es un modelo económico que genera una apertura de importaciones provocando que cierren nuestras empresas y que se pierdan miles de puestos de trabajo. No queremos un modelo regresivo. Queremos una Argentina próspera, que generé igualdad, inclusiva y que le de oportunidad a los 47 millones de argentinos”.
“Esta reforma laboral no genera nada a favor del mundo del trabajo. Está redactada maliciosamente a favor de las grandes corporaciones, no favorece a las pymes ni a las medianas empresas”, afirmó.
En el cierre, Sola expresó: “vinieron a generar trabajo, no a facilitar los despidos, que además lo quieren hacer con la plata de los jubilados. Quieren derogar las multas para que se genere empleo en negro, quieren limitar el derecho a que nos expresemos libremente y por eso atacan el derecho a huelga. Quieren debilitar el poder gremial”.
Tras ello advirtió que de no atender las demandas, se “profundizará el plan de lucha” y también mencionó la posibilidad de un paro que no parece inminente y que el desplazamiento del debate de la ley a febrero despeja en el corto plazo.
Fin del acto, rápida retirada de algunos dirigentes, algunos se quedan dando notas, otros aprovechando para charlar e hidratarse. Es un período bisagra para la historia argentina donde el capítulo laboral es uno más del reseteo profundo y modificación a un país mínimo, de una economía primarizada, extranjerizada y de grandes mayorías empobrecidas.
Un país con un trabajo extremadamente precarizado, sin salud, sin educación y con un desguace del sistema universitario y científico tecnológico; sin industria; sin cultura. Un país vaciado con una vida miserable para las grandes mayorías
La lucha por detener la reforma laboral es parte de ese proceso, de debilitar a un gobierno que busca avanzar sin miramientos en esa dirección, convertir a la Argentina en un apéndice colonial de Estados Unidos. Ganar volumen y poder darle cuerpo a un proyecto político propio el desafío. En la reforma laboral se juega parte de ese destino. Así como el de las trabajadoras y trabajadores argentinos.














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