Por Fernando Gómez *
Si nuestro pueblo pudiera mirarse al espejo, no se hallaría. Encontraría una yuxtaposición absurda de individualidades, apuradas en celebrar lo efímero, transitando velozmente sus miserias, escondidos en la liturgia de la salvación inmediata y personal, embriagados del relato de una libertad sin sentido, que es una forma hipócrita de esclavitud.
Retazos
Un 13 de noviembre de 1901 nacía don Arturo Jauretche y, para perseverar en la necesidad de volver a pasar su legado por la memoria, se celebra el día del Pensamiento Nacional. El hombre fue el responsable de diseñar el concepto de “Estatuto Legal del Coloniaje” para denunciar el tristemente célebre Pacto Roca-Runciman firmado en Londres el 1º de mayo de 1933, que lo llamaban pacto para impostar que su formulación nació como encuentro de dos voluntades.
La administración colonial al servicio de los intereses económicos del Imperio Británico nació como consecuencia de un clima de época, fogoneado por las clases dominantes en su capacidad de reproducir narrativa en las estancias y en las calles, en las escuelas y en las universidades, a través del control operativo de los medios de comunicación de aquel entonces y el sustrato de la enseñanza y la lógica del conocimiento.
Tiempos oscuros de nuestra historia. Ernesto Jauretche, sobrino del gran Arturo, decía sobre la época que “era un país sometido económicamente a una potencia europea, con un pueblo subordinado, ignorante de las causas de su propia miseria, donde los peones votaban a los patrones y el debate político era entre el socialismo librecambista y el nacionalismo oligárquico en disputa por ver quién servía mejor al amo extranjero, donde la pobreza era lo normal y la dependencia estaba naturalizada: somos americanos, criollos, brutos, negros a los que no nos gusta trabajar y además inferiores intelectualmente; peor aún: tuvimos la desgracia de que fracasaran las invasiones inglesas. Esas eran las verdades reveladas, lo cierto, lo inalterable, instalado por los medios de comunicación y las clases dominantes.”
Se la conoció como la década infame. Los que se pretenden dueños de nuestra historia, que además son los dueños de todas las otras cosas, ante la derrota de sus pretensiones, intentaron reducir la explicación de la “infamia” de aquella “década” al tema del fraude y la corrupción, como drama de un tiempo.
La década infame, fue mucho más infame por el dominio colonial de nuestra economía, de nuestra cultura, de nuestra política y por la condena a la miseria estructural planificada a la que condenaban a un pueblo que no se lograba hallar en su propio espejo.
En esa realidad infame, con la pretensión de centrar adecuadamente las razones de los desencuentros nacionales, nació la banda de FORJA, donde don Arturo Jauretche había encontrado la razón colectiva de sus motivaciones y la voluntad organizativa para transformar en poder el puñado de convicciones que se resumía en la profundidad de una consigna “Somos una Argentina colonial: queremos ser una Argentina libre.”
Un 13 de noviembre nacía don Arturo.

13 de noviembre. 2025.
Menudo día para escuchar a la generación gobernante más idiota que Occidente haya logrado producir, embrutecida hasta la médula para imponer sus condiciones, defendida por el algoritmo que deforma la democracia y transforma al sufragio en instrumento de subordinación política, refugiada en una Casa Blanca en obra para reformar un salon de baile, comunicar con menos disimulo que el “Pacto Roca Runciman” un “Acuerdo de Comercio e Inversiones Recíprocas” entre Estados Unidos y nuestro país.
Estados Unidos, en pleno retroceso geopolítico, atravesado por crisis intestinas que amenazan los fundamentos de sus propias pretensiones, busca consolidar su posición dominante en Nuestra América, región en la que pretende mostrar fortaleza para exhibirse como un polo de poder en la redefinición del nuevo órden global.
El catálogo de iniciativas con la que busca consolidar su redespliegue incluye el anuncio de la operación “lanza del sur”, bajo el infantil argumento de asegurar con un despliegue militar inédito en nuestra historia el “hemisferio” del “narcoterrorismo” que encabezaría todo dirigente político al sur del Río Bravo que no responda a los intereses geopolíticos yanquis.
“Hoy anuncio la ‘Operación Lanza del Sur’ (‘Southern Spear’, en inglés), dirigida por la Fuerza Operativa Conjunta Southern Spear y el Comando Sur de EEUU. Esta misión defiende nuestra patria, elimina a los narcoterroristas de nuestro hemisferio y protege nuestra patria de las drogas que están matando a nuestra gente. El Hemisferio Occidental es el vecindario de Estados Unidos y lo protegeremos” dijo el impresentable secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth.
Con el anuncio del despliegue de “Lanza del Sur”, Estados Unidos exhibe el garrote con el que pretende disciplinar a los gobiernos que intentan desplegar una política soberana en su tierra.
El mismo día, la Casa Blanca anunció unilitaralmente el “Acuerdo de Comercio e Inversiones Recíprocas” con Argentina, idéntico al que ya habían firmado Ecuador, Guatemala y El Salvador.
El texto del “acuerdo” señala compromisos como: normas de conformidad alineadas con criterios norteamericanos; aceptación de certificaciones de ese país para vehículos, dispositivos médicos y productos farmacéuticos; fortalecimiento del régimen de propiedad intelectual, desde controles contra falsificaciones hasta mecanismos para resolver disputas de patentes, etc; eliminación de licencias, registros, impuestos y requisitos sanitarios para exportadores norteamericanos. A cambio, ofrece la quita de aranceles de algunos minerales que no produce.
“Apertura irrestricta de importaciones y reducción de costos para productos yanquis. Apertura de competencia para productos primarios. Acceso preferencial para explotación de minerales. En Resumen: destrucción total de la industria nacional y mayor primarización de la economía” sostuvo el dirigente del Encuentro Patriótico, Rodolfo Treber.
“La ausencia de controles y pruebas sobre la importación automotriz destruirá las posibilidades de competencia de la industria nacional. La liberación sobre los medicamentos dará la estocada final sobre los laboratorios argentinos generando una extrema dependencia sanitaria, la liberación de la competencia en productos agro ganaderos resultará en un abaratamiento y aumento cuantitativo de las exportaciones (vendemos más, pero más barato) y solo beneficiará a los Estados Unidos. La prohibición de negociar con países que no se encuentren alineados a los estándares yanquis, nos aisla de la posibilidad de comerciar con el 50% del mundo. El acuerdo es la rendición incondicional a ser una factoría primaria al servicio de los Estados Unidos. Un auténtico tratado colonial”, agrega.
“Parece que los viajes estuvieron rindiendo un poquito, ¿no?” celebró el personaje con retraso mental que ubicaron como presidente de nuestro país.
El acuerdo presentado en trazos gruesos como celebración romántica del colonialismo, ubica a la Argentina en una situación de vasallaje político y económico inadmisible bajo ningún parámetro analizable. Los condicionamientos anunciados, restrictivos de las capacidades regulatorias y de diplomacia política de la Argentina, terminan dejando al pacto Roca Runciman reducido a una leve mueca de la tragedia colonial de nuestra historia.
Forjas
Unos meses después de celebrado el pacto Roca Runciman, más precisamente la noche del 28 de diciembre de 1933, tuvo lugar la rebelión de Paso de los Libres. Un movimiento rebelde articulado en varios grupos que aprovecharían la publicidad que concentraba la convención de la UCR que se celebraba en Santa Fe.
Los rebeldes se dividieron en varios grupos. Algunos atacarían en Santa Fe y Rosario. Otros en algunas localidades bonaerenses. Otro grupo numeroso se preparaba en Brasil, para avanzar sobre Corrientes. Al frente de esta última columna, de 150 hombres, se encontraba el teniente coronel Roberto Bosch. Entre sus “soldados”, estaba Arturo Jauretche.
El movimiento fue rápidamente sofocado. Don Arturo Jauretche pasaría algunos meses en prisión a consecuencia de ello, allí donde terminó de tomar el calor necesario el nacimiento de FORJA.
Decía Jauretche sobre la irrupción de aquella voluntad colectiva que “la primera y fundamental verdad que comprobamos era la de nuestro coloniaje económico. Vimos la mano que estructuró la cultura, la política, lo institucional y lo económico. En FORJA, nosotros empezamos a descubrir el antiimperialismo concreto, y creo que con Scalabrini Ortiz. (…) Desentrañada la trama de nuestro coloniaje económico, descubrimos que él se asentaba sobre el coloniaje cultural. Descubrimos que ambos coloniajes se apuntalan y conforman recíprocamente”.
En la cárcel, Jauretche escribió un largo poema editado tiempo después bajo prólogo de Jorge Luis Borges. Decía Jauretche:
“Así anda el pueblo de pobre / como milico en derrota / le dicen que sea patriota / que no se baje del pingo / pero ellos con oro gringo / se están poniendo las botas (…) Esos negocios los hacen / con capital extranjero / ellos son los aparceros / y aunque administran la estancia / casi toda la ganancia / la llevan los forasteros (…) A la Patria se la llevan /con yanquis y con ingleses / al pueblo mal le parece / pero se hacen los que no oyen”.
Jactancias y enseñanzas
Se pretende un resultado electoral como fundamento de la entrega de la Patria. Se entiende que el voto positivo del 27% del electorado, sometido a elegir con una cruz entre nombres en una boleta, es la piedra filosofal de la legitimidad de un acuerdo que condena a la Argentina a un ciclo de saqueo y miseria inédito para nuestra historia.
Se pretende, además, que hay que aguardar el calendario de los nuevos sufragios para reacomodar las relaciones de fuerza y tomar iniciativas en clave de agenda política que administre las imposiciones actuales de los Estados Unidos.
“Las formas no son más que medios para servir al ser. Para ser democracia se necesita ser Patria. Voluntad nacional, es cosa distinta a la simple y ocasional suma de voluntades que se da en oportunidades electorales. Y no puede construirse desde arriba sino trabajando en el seno del pueblo” decía Jauretche
Y por si quedaban dudas, remataba: “La cosa es sencilla. Se nos quiere hacer pasar por democracia el mantenimiento del parlamento, la justicia, las instituciones, en una palabra lo formal que el régimen maneja. Para nosotros, democracia es el gobierno del pueblo con o sin parlamento, con o sin jueces: si el pueblo no gobierna, las instituciones no son más que alcahuetas de la entrega”.
Algo de eso ocurre en este tiempo, que no llega a década, pero supera en infame los oscuros recuerdos. Tiempos de desierto ideológico en una dirigencia política sin rumbo, de cobardía para dar batalla frente al tamaño de la ofensiva que se despliega sobe nuestro pueblo y nuestra Patria. Es tiempo de hacer parir una voluntad antiimperialista al sur del Rio Bravo, de reconstruir nuestra manera revolucionaria de concebir el nacionalismo.
“Hay que actuar en dirigente revolucionario y no en dirigente electoral, porque se trata de la disputa del poder. No importa dónde están los votos ahora. Importa dónde estarán para ejecutar un programa. El que esté atento sólo a lo que piensa la gente ahora, se quedará al margen de lo que pensará la gente mañana y aquí está la clave para saber quién es dirigente o no”, nos enseñaba Jauretche.
Espejos
“Tras la resaca del individualismo, resurge el ansia de comunidad. Tras la saturación del deseo, el anhelo de sentido. No es una vuelta al dogma, sino al asombro. Los mismos jóvenes que crecieron confinados entre pantallas y algoritmos descubren, con desconcierto para sus padres, que el alma existe” dice el filósofo Eduardo Infante explicando un acto de resistencia cultural.
Hay una generación abandonada por la historia, condenada al algoritmo como fuente de información, a la virtualidad corporativa como productora de conocimiento, a la inestabilidad emocional como norma y el reflejo de lo imposible como horizonte de angustias y ansiedades.
Una generación que no se puede mirar al espejo como Pueblo, que no se logra encontrar en el reflejo que revisa buscando el elogio de su individualidad, el retazo de su libertad prometida y siempre esquiva.
Una generación a la que le ofrecieron vacío como respuesta a la búsqueda de esperanza, de sentido, de motivos. Vacío frente al reclamo de felicidad.
Una generación que busca un nuevo nombre para la esperanza. Un motor que dinamice el espíritu, que llene el alma, que contemple emociones que no se llenan con likes, con reels ni con la oferta etérea de placeres infinitos.
Hay un desencuentro en nuestra Patria que requiere de volver a repasar nuestros propios fundamentos para encontrar las respuestas en clave de futuro.
Hay una generación que necesita volver a encontrarse en el espejo, y hay un pueblo que necesita volvera reflejarse colectivamente en forma urgente.
No importa dónde nos dejaron hoy. Importa el futuro que necesitamos forjar.
Hacia lo inevitable hay que enderezar la voluntad. Hacia lo imposible los sueños.
(*) Editor de InfoNativa. Vicepresidente de la Federación de Diarios y Comunicadores de la República Argentina (FADICCRA). Ex Director de la Revista Oveja Negra. Militante peronista. Abogado.














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