Por Viju Lencina
“Los carceleros de la humanidad
no me atraparán
dos veces con la misma red”
No soy un extraño – Charly García
“Como no digo lo que quieren,
ahora miran feo”
Que se mejoren – Wos
Los personajes que más me gustan son los que se desvían de las normas establecidas. Sus acciones inesperadas ponen en jaque el horizonte de expectativas sociales y abren el espacio para el surgimiento de algo nuevo. Sin embargo, lo sorpresivo no siempre es bien visto y suele ser disciplinado. Cuando ingresan en escena las instituciones también lo hacen sus marcos cognitivos y morales que van regulando y sosteniendo la vida común. Ignacio Lewkowicz define como “zona incierta de la pura expulsión” a la cualidad autodefensiva respecto de la diferencia y de lo extraño que tienen hoy en día las instituciones. El riesgo está en caer por fuera de ellas, es decir, en no ser reconocido. Pertenecer o estar excluido es el dilema que traza Spider-Man: a través del Spider-Verso, segunda entrega de la saga creada por Phil Lord y Christopher Miller.
Los responsables de La gran aventura Lego (2014) y Lego Batman: la película (2017) le dieron una vuelta de tuerca a la historia que todos conocemos: la araña radioactiva no pica solamente a Peter Parker, sino también a un adolescente de raíces afrolatinas que se llama Miles Morales y vive en Brooklyn. Su padre es policía y su madre es enfermera. Sus progenitores trabajan al interior de instituciones de seguridad y de salud. Podríamos pensar que el trabajo sobre los otros se recibe como herencia. La pregunta que orbita en la cabeza de Miles es ¿qué es ser un buen superhéroe? Pero esa no es su única preocupación. Hay algo más. Hay otra picadura que genera escozor y malestar: ¿qué es ser un buen hijo?

Miles Morales desea que su padre policía le diga “te amo y te acepto” mientras que Gwen Stacy (Spider-Woman) le dice a su progenitor “¿puedes dejar de ser policía y ser mi padre?”
Spider-Man: a través del Spider-Verso plantea una tríada vincular entre instituciones, padres y adolescentes. Esa relación es un elástico que se estira, se tensa, se contrae y se repliega. Si se rompe hay pérdida, se deja de ser parte de un grupo, se pasa a quedar afuera. El sentido de pertenencia delimita a los personajes: Gwen quiere integrar la cuadrilla que agrupa a los Hombres y Mujeres Arañas que existen en las distintas dimensiones, mientras que Miles duda de las intenciones de su líder. Al cuestionar al jefe de la banda y desviarse de los planes grupales, a Miles se le muestra la puerta de salida. Cuando se está retirando, el adolescente dispara una pregunta audaz: “¿acaso nosotros no somos los buenos?”
¿Quién delimita lo que está bien y lo que está mal? ¿Quién delimita si se está incluido o excluido? ¿Qué rol juegan las instituciones ahí? ¿Y los padres en qué zona del mapa se ubican? Los moralismos, los protocolos y el deber-ser se infiltran en el vínculo padres-hijos, instituciones-padres, hijos-instituciones. La exigencia por seguir un modelo, por adaptarse al canon, por “ser igual a los demás” también está a la orden del día en la cuadrilla de hombres y mujeres arañas. Lo cierto es que si bien a todos los picó una araña radioactiva, sus texturas, sus costumbres, sus resoluciones, sus modos de leer y sus lenguajes son diferentes. Entonces, lo que se proporciona como una información infalible (“somos iguales”) en realidad esconde una paradoja. Ese es el descubrimiento de Miles Morales. Y esa es también su principal irreverencia.

En la cuadrilla a Miles lo denominan “anomalía”. Ese es su nuevo apodo, su nuevo estigma. No solamente él no es Peter Parker, sino que proviene de una dimensión distinta, es afrolatino, de clase media-baja y es “negro”. Se considera que a él no lo debería haber picado la araña y que no merece recibir el nombre de Spider-Man. Las texturas… el principal juego visual de la película. El homenaje al cómic queda cristalizado en el trazo del lápiz, en las onomatopeyas, en los cuadros de diálogos, en las viñetas. La idea de la multiplicidad de universos también se cifra en otras referencias visuales como lego, el film-noir, el animé, el collage, el punk. Lo diferente que convive en una misma dimensión o lo diferente que convive en distintas dimensiones. Pretender igualdad de la diferencia o hacer del dos uno es un equívoco, es caer en un agujero.
Cuando la pretensión ingresa a la sala también lo hace el villano, “La Mancha”. Se trata de un hombre de aspecto blanquecino con manchas negras. A simple vista parece un dálmata. Sus círculos negros en realidad son agujeros que conducen hacia otras locaciones. No se sabe bien hacia dónde van. El destino es inesperado. Caer en el agujero es caer en el anonimato. Y ahí es a donde librará su batalla el superhéroe afrolatino. En esa zona fronteriza entre el reconocimiento y el anonimato, la integración y la exclusión, lo sedimentado y lo flexible, la igualdad y la diferencia, Miles va creciendo y expandiendo sus saberes. Ser un superhéroe también es decir lo que no se quiere escuchar, lo que incomoda, lo que hace tropezar. Quizás pasar de la adolescencia al mundo adulto también tenga algo de eso. Después de todo por ser diferentes no somos extraños.






Discusión acerca de esta noticia