Tomar un café no implica solamente ingerir una infusión amarga de color oscuro, implica encontrarse y conocer infinidad de historias. Más aún si se hace en alguno de esos bares que todavía conservan la soda en sifón, las mesas de formica y las servilletas brillosas que arrastran el líquido en vez de absorberlo. Bar de viejes, el proyecto que revaloriza, habita y defiende los bares históricos argentinos, nació con esa impronta: la de conservar la identidad.
“Realmente fue muy intuitiva la manera en la que empecé el proyecto, que fue queriendo compartir algo que hacía. Una forma de ver la ciudad que tengo desde que soy bastante chica, sobre todo desde que empecé a estudiar, porque los bares de viejes son lugares que habitaba para estudiar”, confiesa Martina, la creadora de Bar de viejes, el mapa interactivo de bares que rescata los bares notables.
“Los bares de viejes son bares que hablan de otra manera de pensar las ciudades. Son espacios del siglo XX, diría que hasta podemos relacionarlos con fines del siglo XIX. Con la crisis del consumo del 2018, empecé a ver que estos lugares desaparecían. Y que desaparecían sin pena ni gloria. Nadie decía nada, nadie hacía nada. Hay una ley de patrimonio cultural en la Ciudad de Buenos Aires donde están contemplados los bares notables, pero estos bares estaban por fuera del circuito”, agrega Martina, y cuenta que, frente a la inacción y con el objetivo de conservar parte de la identidad barrial, comenzó a compartir lo que hacía en Instagram y que eso luego fue creciendo.
“Empecé a ver que había una comunidad de gente interesada en preservar esos espacios”, destaca.
La página bardeviejes.com.ar, que inicialmente fue una cuenta de una red social y luego se convirtió en un mapa interactivo, se actualiza constantemente dado a que el territorio es frágil y endeble. “Es un proyecto que se intenta, que se presume federal. Crece en la Ciudad de Buenos Aires como epicentro, pero la idea es expandirse más allá porque tiene que ver con lo local. Y lo local de lo que significan estos bares no es solo en el Río de La Plata”, manifiesta.
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“Estos lugares son un poco como los clubes. Lugares de pertenencia que están muy asociados a los inmigrantes que venían y necesitaban volver a unirse, volver a encontrar espacios sociales donde sentirse seguros y poder compartir. Los bares fueron parte de ese tiempo, de esa dinámica, de esa necesidad”, aclara Martina, quien como parte de la misma propuesta lleva adelante un newsletter y Bar abierto, un ciclo de encuentros culturales, de música y gastronómicos.
“Lo central del bar de viejes tiene que ver con lugares que tienen un alma. El alma no se puede describir,. no se compra, no se consigue, no se construye. Está o no está, sucede o no sucede. Tiene que ver con espacios que cuentan una historia. Tiene que ver con espacios que son lugares de encuentro, que se habitan cotidianamente por las personas en los barrios. Es un espacio de encuentro de gente que repite sistemáticamente, un hábito, un ritual”, asegura.
Y sigue: “Creo que la supervivencia de los bares de viejes tiene que ver con en qué medida esta generación se involucra con la herencia cultural de estos espacios. En todo sentido, yendo o si sos el hijo, sobrino, poder pensar que es una herencia interesante, que es una herencia viva y que podés actualizarla de alguna manera. Creo que ahí está la clave de la supervivencia de los bares, de que los jóvenes nos hagamos cargo de que eso es parte de nuestro patrimonio y pensemos cómo generar nuevas instancias para habitar esos espacios”.
- Entrevista realizada por Mauro Cavallin y Victoria Lencina en Abramos La Boca (lunes a viernes de 16 a 18)





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