Por Bruno Chiocconi
La banda australiana puso a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en cortocircuito con tres poderosos shows en el estadio del Club Atlético River Plate. Riffs pesados, un épico y extenso solo y un alto voltaje que ni Edesur puede garantizar.
Martes 31 de marzo de 2026. Tarde noche húmeda y densa en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La Selección Argentina se despedía de su público enfrentando a la poderosa Zambia desde las 20:15 en La Bombonera, pero toda la atención estaba puesta en el evento que se desarrollaba al otro lado de la ciudad.
Calles rebalsadas de gente desde temprano; el olor a cerveza y el humo del lejano oriente en el aire perfumaban la previa de algo que ya se sentía enorme o, al menos, intentaban matizar el clima de despedida que rodeaba al recital.
Los primeros acordes de If You Want Blood (You’ve Got It) desataron un infierno rockero que hizo temblar a la Capital. Lo que vino después fue una clase magistral de rock and roll a cargo de la banda de bar más grande del mundo. Una seguidilla demoledora que incluyó Back in Black, Demon Fire y Shot Down in Flames, seguida por una versión bien potente pero costosa de Thunderstruck. Después llegó Have a Drink on Me, que invitó al público a levantar un trago imaginario junto a estos gigantes del rock.
Los relámpagos que estallaban en el cielo de fondo peleaban por quedarse con la atención del público —y por momentos lo lograban—, pero las campanadas de Hells Bells terminaron de abrir las puertas de ese infierno del que ya no había salida. A esa altura, no quedaba otra que entregarse y sacudir la cabeza al ritmo de la viola de Angus.
Entre tema y tema, la banda se tomaba unos segundos para recomponerse. No es un detalle menor: arriba del escenario estaban Angus Young (que cumplió 71 años ahí mismo, con un intento fallido de que le cantaran el feliz cumpleaños) y Brian Johnson, con 78. Mención aparte para el baterista Phil Rudd (71), que dio su propio show tocando con un guante en una mano y la baqueta al revés. Detrás, una estructura con forma de reloj marcaba el pulso del show, sostenida junto a Cliff Williams (76) y Stevie Young (69), permitiendo que Brian y Angus se lucieran y demostraran que la edad no tiene nada que ver con el rock.
We salute you Argentina! ⚡️ #PowerUpTour 🎥 @ChristieGoodwin pic.twitter.com/TvPgaByBJ3
— AC/DC (@acdc) April 1, 2026
El ritual siguió con Shot in the Dark, Stiff Upper Lip y una fogosa Highway to Hell, donde el público se adueñó de todas las luces. Shoot to Thrill, Sin City, Jailbreak, Dirty Deeds Done Dirt Cheap y High Voltage —con el agregado de un fragmento de Bad Boy Boogie, única diferencia respecto a las otras fechas— dejaron en claro que la banda sigue siendo una aplanadora.
El cariño hacia el público argentino también tuvo su momento: “Ustedes son el mejor público del mundo, no es chamuyo, son los número uno”, tiró Brian, y el estadio explotó.
El final se acercaba, pero la intensidad no aflojaba. Riff Raff y You Shook Me All Night Long hicieron volar todo por el aire una vez más; a esa altura ya estaba claro que se estaba viviendo una noche histórica. Whole Lotta Rosie, acompañada de imágenes sugerentes en pantalla, y la casi bíblica Let There Be Rock anticipaban el cierre, aunque la energía de la gente no paraba de crecer. El solo extendido de Angus —unos 20 minutos de pura electricidad— terminó de confirmar que estábamos frente a leyendas de otra época, donde lo instantáneo y lo efímero no tienen lugar.
Los fuegos quedaron para el final: T.N.T., cantada por todo el estadio, y la despedida clásica con For Those About to Rock (We Salute You), una reverencia para quienes eligen vivir el rock.
Durante más de dos horas, fuimos testigos de la banda que mejor representa el axioma del Carpo: si suena como AC/DC, es rock; si no, no lo es. “Nos vemos pronto”, se animaron a decir antes de irse, dejando la puerta abierta a una próxima visita. Y si no pasa, igual está todo dicho: el rock seguirá vivo gracias a bandas como esta y a las tres fechas que dieron en Argentina.











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