Por Federico Sclausero
Sin importar quién la cuente, la historia de Catriel y Paco Amoroso parece tener un punto de partida ya definido: el Tiny Desk, el suceso viral que los catapultó de artistas emergentes en la escena regional a todo un fenómeno global. 2025 fue un remolino de presentaciones, desde el festival de Coachella en Estados Unidos hasta una gira por Japón. Un EP y cinco Grammys Latinos después, el dúo argentino estaba firmemente en la cima del mundo.
Hasta que el tren de la fama y el éxito descarriló. Poco después del lanzamiento de “Gimme More”, supuestamente en anticipo de su próximo proyecto, el dúo anunció un abrupto freno a sus actividades para tomarse un respiro. “Necesitamos descansar y sanar”, decía el comunicado publicado en diciembre del año pasado, al mismo tiempo que aquel esperado nuevo disco quedaba en un limbo entre demorado y cancelado.
Sería nada menos que Sting quien demostrara todo eso como una jugada maestra de marketing. Con un look zen y cara seria, el ex integrante de The Police revelaba la existencia de un hasta ahora secreto “centro de bienestar” y anunciaba el “recalibrado” proyecto de los músicos argentinos, bajo el nombre de “Free Spirits”. Catriel y Paco Amoroso entraban oficialmente en su nueva era.
La estrella de la cultura pop nunca fue sólo una persona arriba de un escenario, pero en un mundo digital en que el éxito puede ser tan fugaz como los treinta segundos de un TikTok, el éxito ahora se mide en reproducciones, en alcance y en impacto. Esto es lo que diferencia a los buenos músicos de los artistas verdaderamente trascendentales: la habilidad de crear una narrativa alrededor de cada lanzamiento, un universo que no sólo integra, sino que moldea un momento cultural a la figura y personalidad del artista.
“Free Spirits” es exactamente eso. Acompañado por un videoclip de 13 minutos, este nuevo “meta-proyecto” está pensado para difuminar las líneas que separan la música, lo cinematográfico, la moda, los compromisos con la prensa y los memes de internet. Intercalando momentos musicales con escenas de áspera actuación, el corto confunde lo real, lo ficticio y lo virtual en un viaje casi psicodélico, a la vez que Catriel y Paco “se someten” al régimen de terapia de Sting para sanar sus heridas y convertirse en espíritus libres.
Musicalmente es un disco plagado de influencias por demás disonantes. Al ritmo de un pop a lo Bollywood y un ambiente de carnaval medieval, el dúo declara sus intenciones ya desde el primer tema, “Nada Nuevo”: “Dame lo más raro, me cansé de lo normal”. A lo largo de sus trece canciones, el hilo conductor no será el estilo musical, sino el caos, la comedia irreverente y los excesos.
Entrar en el juego de abandonar cualquier pretexto de seriedad y abrazarse a la ironía y el sarcasmo también puede ser riesgoso. Así lo demuestra “Goo Goo Ga Ga”, el segundo anticipo del álbum. Una colaboración con el actor cómico estadounidense Jack Black, fue polarizador ya desde su lanzamiento. Dentro de la narrativa del disco, la idea de la canción parece ser la de capturar un sentimiento de renacer, pero se cae al llevar el absurdismo al extremo. La burla es tan transparente que hace perder uno de los máximos valores que tienen Catriel y Paco al escribir, que es su humor crudo pero no exageradamente directo.
Por fortuna, los puntos altos son mucho más numerosos que los bajos. “Vida Loca” es un oasis de serenidad e introspección, una balada pop de desamor y arrepentimiento en que Catriel y Paco le cantan a un amor que cambiaron por la fama, y cómo su vida llegó a convertirse en un remolino de excesos: “El sábado en Hollywood, el lunes bajé para el pueblo. Y todo lo que perdí, recién ahora lo estoy sintiendo”, dice Paco Amoroso.
Un caso similar es “Soy Increíble”, esta vez yendo hacia un ritmo electrónico propio de una after party, pero que termina revelando un océano de dudas e inseguridades que plagan al narrador. Mientras Catriel despacha un estribillo que proclama “celebrar lo perfecto que soy, increíble”, Paco se percata de la soledad que acompaña al éxito: “Tengo un tema con el abandono, mejor mal acompañado que solo”. Si hay momentos en que el dúo se jacta de sus excesos y lo usan para envalentonarse, aquí admiten su necesidad de validación y compañía al ver cómo la fama los separa cada vez más de una vida normal.
La distinción como mejor canción del álbum se la lleva “Todo Ray”. Relativamente simple en términos líricos, hablando de “fingir demencia” ante las dificultades y seguir adelante porque todo está bien, destaca por la estelar actuación de la banda que suele acompañar a Catriel y Paco en sus presentaciones en vivo. Batería, bajo, guitarra y trompetas se juntan para crear una marea de estímulos sonoros que acompaña la visión más positiva del disco.
Además de Sting y Jack Black, el proyecto también cuenta con colaboraciones más contemporáneas, como el rapero Anderson .Paak y el DJ británico Fred Again, siendo esta última la que cierra el disco. Con los mismos ecos hindúes que en su inicio, “Lo Quiero Ya!” resulta el final ideal para la historia, hablando de querer el exceso material y la paz espiritual, sin resignar ninguna de las dos. La producción de Fred Again hace temblar las paredes, hasta culminar en un momento instrumental que puede entenderse como la llegada a la iluminación y la libertad espiritual, lograda a través de la búsqueda incesante del estímulo y el éxito.
“Free Spirits” es el disco perfecto para este momento de rápido consumo y exposición absoluta. Lo que tal vez haga a Catriel y Paco Amoroso perdurar en el tiempo no es si tuvieron éxito, sino que lo hicieron riéndose de la misma máquina que los hizo famosos.











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