Por Fernando Gómez *
“El viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer, y en ese claroscuro surgen los monstruos”
Antonio Gramsci. Cuadernos de la cárcel (1930)
1.
Hay una porción cada vez más importante de humanidad que se acostumbró peligrosamente a vivir sin autonomía.
Agarran el teléfono en cada segundo de vacío que los rodea. Consultan el mismo feed una y otra vez sin saber muy bien por qué, hasta que en medio del scroll infinito, se sorprenden porque hay algo en ese teléfono que sabe mucho mejor que ellos mismos, lo que esa persona necesita escuchar, comprar, creer u opinar.
Facebook le recuerda cosas que no recordaba, Instagram le muestra lo que no sabía que necesitaba, TikTok le repite hasta el cansancio que si no vuelve a mirar ese video, compartirlo con otros y volver a mirarlo para volver a comentarlo, seguramente lo asalte el aburrimiento y la ansiedad.
Twitter te muestra selectivamente a quién tenés que odiar. Y en quién te tenés que apoyar, para odiar mejor al que tenes que odiar.
Las dudas te las saca google, y si sos una persona formada, la inteligencia artificial.
Y si te querés escapar del laberinto, intentas razonar con otra persona que vio los mismos reels, consultó diez veces el feed, se peleó con las mismas personas en twitter y compró lo que necesitaba tras ver una tienda muy bien diseñada en Instagram.
Una porción muy grande de humanidad, ha sacrificado formación intelectual, salud mental y autonomía de la voluntad, en el altar algorítmico de un puñado de multimillonarios que transformaron toneladas de dólares de inversión pública en desarrollo tecnológico, en una bomba de rentabilidad privada que financia el desarrollo económico, político y filosófico de aquellos que se pretenden la superación del sistema que los hizo nacer y alimentarse.
La tecnología que se pensaba para hacer más fácil la vida de la humanidad, se pretende instrumento para sustituir primero, y suprimir luego, la variable disonante de este negocio. La humanidad.
2.
“La Era Dorada de América comienza ahora” dijo en su asunción Donald Trump mientras firmaba toneladas de decretos inútiles que nadie verificó si entraban en vigencia.
Un año después, la moral de esa pretendida “civilización occidental judeocristiana” con la que se le atraganta la lectura al pelotudo de Milei y que pretende jactanciosa el supremacismo blanco que gobierna Estados Unidos, se presenta vomitiva en cada nueva revelación de su relativismo moral expuesto descarnadamente en los correos electrónicos de Epstein.
Por aquellos tiempos, en nuestra editorial inaugural del 2025, citabamos al filósofo español Alberto Barreiro, quien describía a Trump como “la fachada, la anécdota, el entretenimiento que desvía la atención de lo esencial. No hay en él ideología ni visión, tan solo oportunismo. Su mérito consiste en ser la fuerza que destruye la narrativa y el orden del presente, pero no es, ni pretende ser, un creador de futuros. Los que aparecen en el horizonte como arquitectos de nuestro mañana son una serie de oligarcas multimillonarios que sí parecen tener la suficiente fuerza y claridad de ideas como para influir y definir la dirección del porvenir común.”
Por ese mismo tiempo, Carlos Caramello describía en forma elocuente al personaje impuesto para simular gobernanza en la Argentina. Decía “Milei no gobierna: entretiene. Muda el foco de atención. Distrae. Desvirtúa el orden del discurso político. Espanta. Provoca. Hace piruetas. Come maní. Y se sube, cuando lo invitan, al instrumento del Gran Organillero que está haciendo su propio show allá por Washington DC”.
Ambos, en ésta historia, son apenas la visión más descarnada de un capitalismo deformado hasta la crueldad, obscenos transmisores del sentido común de una élite ultrapequeña, degenerada socialmente y portadora de un supremacismo insoportable que los ubica en el podio de los arquitectos de un futuro luminoso. Ahí anda Milei llamando héroe a cualquier degenerado que evadiera impuestos o fugara capitales; o Donald Trump alegando que la nueva Era Dorada del imperialismo llegará a manos de atribulados mentales como Thiel, Zuckerberg, Bezos o Musk
Son, eso sí, los portadores de una diatriba supremacista, conservadora y racista que le permite a una enorme mayoría de seres humanos reconciliarse con sus sombras, a observar sin culpa al monstruo que tenían escondido en el placard. Son la reivindicación del racista que tuvieron que esconder, del misógino que los hacía pasar vergüenza, del degenerado que escondía sus pulsiones. En un mundo cargado de hipocresía, le dan licencia a los degenerados para no esconder sus monstruos en el placard.
3.
Los dueños del mundo transitan el formateo de una nueva época y, en el mientras tanto, dan batalla con los pertrechos que aún conservan de la decadencia occidental que Dondald Trump intenta rescatar con su retórica para consumo doméstico de un Estados Unidos colapsado intelectualmente, moralmente en la lona y estéticamente obsceno al que, además, lo amenazan la resistencia interna ante el desmoronamiento de la democracia liberal.
Donald Trump es, quizás, el último emergente del optimismo imbécil con el que Estados Unidos viene enfrentando al mundo desde 1981, convencido que todo va a andar conforme a su destino manifiesto, sin saber muy bien de que manera va a suceder.
Décadas en las que puso a su propio pueblo como objeto de escarnio para los intereses económicos que, paulatinamente, se fueron apropiando del Estado profundo en el que se apalanca la burocracia de lo público, del excedente económico edificado en las colonias y en su propio terrunio; y con ello, fueron sacrificando el trabajo, la salud, la educación y el bienestar de su propia gente.
Son la prepotencia del impotente. El inútil que reclama un premio para la paz, y amenaza con la guerra para que se lo terminen de otorgar. El titiritero del secuestro de un presidente, que abandonó la idea de la democracia y la libertad para justificar sus crímenes, dando lugar a la búsqueda irrefrenable de recursos para satisfacer propias necesidades, como único requisito de justificación en las ruinas de un sistema colapsado.
Y el idiota con ropaje de presidente en éste rinconcito de mundo, le celebra la sepultura en la que han decidido enterrar la democracia condicionada que nos imponían hasta hace apenas quince minutos, al tiempo que ofrece en sacrificio la historia y el futuro de nuestra Patria y de nuestro pueblo.
4.
Nos cuesta imaginar un futuro sin democracia liberal, aún ante la comprobación del colapso de sus fundamentos en que transcurre su tiempo presente. Quizás por eso las agendas de aquellos que pensamos la política como la herramienta humana más potente para transformar la historia, nos cueste salir del molde en el que personajes que ocupan la presidencia de un país, así se exhiban insignificantes y mentalmente devastados, sigan ocupando una centralidad que ordena la agenda pública y motoriza adhesiones y resistencias según el sesgo de confirmación ideológico de cada quien.
Ojalá el futuro de la humanidad esté atado a los resultados que se ofrezcan desde una urna. Ojalá el futuro de nuestra Patria dependa de encontrar un candidato. Ojalá el destino del movimiento nacional dependa del resultado de una interna. Pero no.
Quizás empieza a transcurrir el tiempo en el que dejemos de considerar afiebrado el futuro que imaginan ese puñado de muchachos a los que, aún con sus rostros jóvenes, asociabamos a los avances tecnológicos vinculados a los entornos sociales que devolvían el uso progresivamente adictivo de nuestro celular.
“Elon Musk es la figura más visible de un grupo de líderes tecnocráticos que incluye a Peter Thiel, Marc Andreessen y al propio J.D. Vance, Vicepresidente de Estados Unidos. Este grupo está unido por una visión de transformación global de base tecno-libertaria. Comparten la creencia en la tecnología como motor del progreso humano, aunque esto implique desafiar las instituciones democráticas tradicionales” sostiene el filósofo Alberto Barreiro y agrega “defienden un libertarismo que rechaza la intervención estatal y promueven la privatización extrema de las instituciones públicas, trasladando funciones esenciales del estado al control corporativo. Confían en un modelo tecnocrático donde las decisiones clave son guiadas por datos y algoritmos, favoreciendo un poder centralizado que consideran más eficiente que la deliberación democrática.”
Su capacidad de influir globalmente en los sistemas de decisiones políticas, a ésta altura de los acontecimientos, no debiera ser objeto de debate. Su capacidad para alterar las matrices y los ciclos de factores de producción que hasta hoy alternativizaban con la tecnología, tampoco.
Entonces, además de encontrar un candidato, quizás empieza a urgirnos el tiempo de pensar en la capacidad de triunfo de ésta nueva élite económica que amenaza el fundamento mismo de la organización política alrededor de los Estados Nacionales. Que busca la fragmentación social, territorial y económica para favorecer la apropiación de los recursos estratégicos que son indispensables para construir la infraestructura material en la que diseñar la arquitectura digital de la revolución en la inteligencia artificial con la que sueñan en clave de futuro.
¿Sueñan los robots con ser concejales? ¿Hay androides que los desvele pasar desapercibidos en una lista sábana para tener asegurado un conchabo durante cuatro años?
Quizás las mieles de la democracia liberal que proyecta una clase política sin ideas ni pretensión de reconstruir representación social, termine siendo compatible con las distopías afiebradas de un puñado de personajes que juntan más riqueza que sus propias naciones y que, además, tienen la capacidad de moldear el sentido común de aquellas personas que están en condiciones de elegirlos.
Quizás, también, aquellos que han incrementado su posición monopólica en cada oportunidad en la que hicieron su negocio, que han hegemonizado cuanto sector económico tocaron desde que acumularon su primer millón de dólares, que viven con la soberbia del que no encuentra freno alguno en sus desafíos, decidan voluntariamente frenar, desacelerar su desenfreno y restaurar modelos de organización política que reparen las injusticias sociales que dejaron en el camino.
O quizás no. Quizás sea necesario pensar que no se trata simplemente de resistir a un gobierno. Y que todo eso está en el camino de pensar nuestra Patria, y desde ella nuestra América, como trinchera de resistencia a un modelo que observa las naciones como obstáculo para la apropiación de la riqueza, que ve en los Pueblos y su felicidad, una frontera a sus modelos de ingeniería social.
5.
Argentina está enferma de colonialismo. No hay rincón de la riqueza nacional que no esté presa de la planificación pensada por multinacionales o grupos económicos locales que responden a la hegemonía extranjera.
La lista es interminable y la entrega cotidiana. Hemos naturalizado la ofensa nacional como un espectáculo crónico.
Nuestra energía nuclear, nuestros hidrocarburos, nuestros granos, nuestra ganadería, los resabios de una industria en decadencia, nuestros puertos, nuestra defensa. Cada rincón de soberanía es sublimado a los intereses geopolíticos de una potencia en decadencia.
No hay centímetro de nuestra tierra que no produzca más rentabilidad en el extranjero que en nuestro país. No hay minuto del sacrificio de nuestro trabajo, que no termine redundando en mayor riqueza en el extranjero, que la que queda para pensar y planificar una Argentina desarrollando sus capacidades a la altura de la riqueza que ostenta.
Primarización y extranjerización de la matriz productiva. Financiarización y endeudamiento externo. Fuga de capitales y contrabando a cielo abierto. Argentina no pudo remontar en diez años de planificación federal las décadas de atraso tecnológico e industrial que arrastramos desde la dictadura, y que para el colmo, se frenaron cuando se evaporó la planificación estratégica de la agenda del movimiento.
A la clase política argentina le queda cómodo abrazarse a la agenda fragmentada del agravio sistemático sobre las particularidades que se afecta en cada porción de nuestro Pueblo. Es más fácil correr atrás de las agendas impuestas, que poner en tensión la centralidad del colonialismo y asumir la enorme tarea de planificar nuestra Patria desde la soberanía política, la independencia económica y la justicia social.
6.
Estar sumergido en la vergüenza de tener a Milei destilando su imbecilidad por el mundo y estar observando el abismo de oscuridad que se nos ofrece como futuro, naturalmente, nos lleva a desensillar el optimismo hasta transformarlo en una quimera.
Aún así, nuestra historia es lo suficientemente tenaz y nuestras urgencias son lo suficientemente profundas, como para darle margen a la parálisis.
El vacío de sentido que nos ofrece la inteligencia masticada por los productos tecnológicos que en forma optimista nos pretenden imponer las corrientes ideológicas que fomentan el Aceleracionismo Tecnolibertario, dejan un territorio que no se llena con más tecnología.
Hay que llenar de sentido el vacío que se nos ofrece como futuro. Humanidad que produce bienes y servicios que otra humanidad consume todos los días en la vida real, precisan de proyectos políticos que pongan en el centro de gravedad de sus intereses la producción popular, la apropiación de la tecnología como herramienta para mejorarla y la dignidad como horizonte para su planificación.
Hay que darle sentido a nuestro ser nacional para ofrecerle batalla al colonialismo optimista que destila Milei y el circo de subnormales que lo acompaña. Volver a poner nuestras potencialidades más allá de las necesidades de Estados Unidos, implica formatear por completo las dinámicas establecidas por una clase política que sólo sabe de fomentar inversiones, autopromocionarse a la espera de una nueva elección y, cuánto mucho, pensar la prosperidad para administrar la colonia.
Crear colectivamente un destino para nuestra comunidad, para nuestra Patria y nuestro Pueblo, confronta con el vacío que nos ofrece la tecnocracia para el tiempo por venir.
En empezar ese camino, una vez más, quizás esté la claridad con la que enfrentemos las sombras que dejan a su paso el desfile asfixiante de los monstruos.
(*) Editor de InfoNativa. Vicepresidente de la Federación de Diarios y Comunicadores de la República Argentina (FADICCRA). Ex Director de la Revista Oveja Negra. Militante peronista. Abogado.













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