Por Nehuén Gusmerotti *
Cosa difícil estar a la altura de las expectativas. Más para una banda con más de treinta años de carrera y una sensación de que lo mejor ya lo dieron. Con esa mochila se metían los Red Hot Chili Peppers a grabar su duodécimo disco, con el estelar regreso del niño prodigo, John Frusciante. El escepticismo estaba presente, al menos en este redactor, que no esperaba algo ni siquiera similar a Californication o Stadium Arcadium, dos de las mejores entregas de la banda. ¡Qué bueno es equivocarse a veces!
Tras más de diez años, el guitarrista había anunciado su regreso a la banda, sustituyendo a su sustituto, Josh Klinghoffer. Claro, el anuncio llegó en diciembre de 2019. Antes de que pudiéramos celebrarlo el Covid nos estaba dejando sin recitales durante un tiempo importante. Todos estos meses, el cuarteto se dedicó a preparar el regreso con la formación icónica. El resultado se vio finalmente el pasado 1 de abril, cuando salió a la luz Unlimited Love. No solo los amantes de los Peppers celebraron este disco, para todo el ambiente del rock fue una batalla ganada.
El primer adelanto lo pudimos escuchar en febrero de este año. “Black Summer”, en un verano que pintaba negro, con picos de contagios y una pandemia que se aferraba con uñas y dientes a nuestro presente. La canción, además, abre el disco. Es un viaje en el tiempo a la época que queríamos recordar. Tras la apatía de The Getaway, este sencillo ya nos preparaba para un disco más trabajado desde las melodías que Frusciante sabe aportar a un grupo que se mostraba mejor acompañado.
“Poster Child” fue el segundo sencillo, lanzado exactamente un mes después que “Black Summer”. Ya empieza a mostrar una banda mucho más relajada, versátil pese a usar la fórmula conocida. Kiedis explota su lado hip-hopero (que también sirve para disimular sus falencias como cantante, hay que decirlo), dando lugar a una de esas canciones que cierran grietas y le gustan a todes.
Luego de estos dos adelantos, la previa de Unlimited Love se mostraba predispuesta a un buen material de los californianos. La realidad superó las expectativas. El disco entra a la primera pasada con una sencillez alarmante. Con más de una hora de duración y diecisiete temas, tranquilamente podría haber resultado aburrido luego del sexto o séptimo tema. Bueno, no. En esos momentos el recorrido varía, se pone más intenso, más jazzero, más chill. Los Peppers te llevan adonde se les da la gana durante los 71 minutos que dura este trabajo, que a las claras, deja ver que todo el cuarteto se beneficia del regreso de Frusciante, incluso en los momentos que el guitarrista se corre del eje central.
Acá un punto clave de este gran álbum de los Peppers. Frusciante no vuelve para ser el guitar hero epicentro de cada canción con solos y riffs deslumbrantes. La magia del repatriado está en la simpleza, en la melodía. Los solos suelen ser cortos, algunos más frenéticos, otros sutiles. Pero el motor del grupo está en el bajo. Flea es una caja de pandora. Cada canción tiene una línea de bajo que se impregna en el cerebro al instante. El motor en el bajo, el corazón en la guitarra. Esa es la fórmula de una banda que tiene en Chad Smith al baterista ideal. El todo por sobre las partes hace que cada músico aporte a la canción solo lo que necesita. El resultado habla por sí mismo.
También es una sensación propia que lo mejor de Unlimited Love está lejos de los sencillos. “Aquatic Mouth Dance” está en el top tres indiscutido con una base funky cargada de groove y un estribillo ameno y pegadizo, mientras Frusciante aporta las notas justas y los coros necesarios para generar un clima demasiado agradable para escucharlo acelerados. “These Are the Ways” es otro de los destacados del recorrido. Arranca suave, en un disco bastante suave de la banda, pero rapidito apreta el acelerador y sacude la somnolencia para dar un tema que prácticamente casi que coquetea con el rock pesado. El podio subjetivo de quien les habla se completa con “Bastards of Light”, una canción que pide rankings de radio a gritos. El estribillo pop es llegador y emotivo, una letra de revancha y reivindicación de esas que se canta a viva voz con los auriculares puestos.
No vamos a desgranar en esta reseña cada tema del álbum. Podemos afirmar que ninguno está debajo del aprobado sin ir a final. Los lugares destacados pertenecen a la subjetividad de quien escuche. Pero la receta funcionó. Un ingrediente clave fue el regreso de Rick Rubin, un conocedor. Rubin vendría a ser el quinto Pepper del éxito. Productor de los mejores discos del grupo, y de toda la época Frusciante, no podía no estar presente en este regreso.
Podría continuar agobiando con una catarata de datos técnicos sobre Unlimited Love. Totalmente innecesario. Se trata precisamente de un disco que pone a la canción por sobre el virtuosismo. Vientos, jazz, rock pesado, funk, teclas, los Peppers no se privaron de nada en este regreso que viene a patear el tablero de la industria para decir que el rock está lejos del retiro. Volvió Frusciante, y es una buena noticia. Volvió el corazón de los Chili Peppers.
(*) Conductor de Resistiendo con Ideas (viernes y domingos de 21 a 23 horas)





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